Copiando un formato de franja innovado por la radio colombiana cuando a finales de los años setentas, Caracol Radio dio al aire 6:00 am – 9:00 a.m., con Yamid Amat y Juan Gossaín, y como respuesta al reto de colonizar los horarios de la mañana, la televisión colombiana se vio precisada a sacudirse de sus rutinarias fórmulas y explorar nuevas posibilidades luego que se prohibiese el uso de las televentas como recurso de relleno. Sin embargo, con el transcurrir de los meses las propuestas iniciales se transformaron de espacios de interés público a una colcha de secciones que más que nada satisfacen las comodidades de los realizadores, dejando poco lugar a los televidentes más allá de la fácil convocatoria farandulera.
Con la contada e íntegra propuesta de City TV con su Arriba Bogotá, el espacio se destaca notoriamente del resto de sus similares que se uniforman a tal punto que ir de uno a otro no reviste mayor traumatismo de sorpresa o atención. Tal vez la naturaleza local del matutino bogotano en su concepción y objetivos, le ofrece todas las herramientas para convertirse en un obligado lugar de encuentro de la ciudadanía televidente capitalina. Aunque sin duda es su diseño, nacido como respuesta novedosa y arriesgada a la dura competencia de las radios de la frecuencia modulada, y la precisa maqueta de su dispositivo lo que definen mejor el quehacer público del programa.
En Arriba Bogotá todo arranca bien desde el nombre mismo del espacio, allí se ha citado a las autoridades de la capital, de los más diversos órdenes y niveles, para responder a las inquietudes y quejas de los televidentes, además se brinda una completa y ágil información de actualidad que se mueve con dinamismo de la esfera local a la globalidad planetaria. Aparte, la presentación de invitados y temas que interesen a la comunidad, el desplazamiento de las cámaras a las localidades para detectar de primera mano los problemas y las realizaciones de los habitantes barriales, conforman un espectro de integración que responde con altura a las demandas de una televisión fiel a sus principios de informar, educar y entretener con sentido de beneficio social antes que de las escalas de audiencia. Por supuesto, el programa al igual que el resto de la diversa y contemporánea programación del canal, ha recibido el abrazo cálido y fiel de una teleaudiencia que encuentra allí la posibilidad de apreciar otros contenidos y otra manera de acceder a la realidad mediatizada.
En contraste, los canales privados nacionales, Muy, Buenos Días (RCN Televisión) y Día a Día (Caracol Televisión), ofrecen un mediocre y pobre balance. La crítica es severa porque ambos canales cuentan con los recursos humanos y técnicos para volcarse a través de esta franja, hacia el país nacional y llevar a cabo una labor de reconstrucción social ineludible. El concepto mismo de matutino alude a despertar a otras opciones de información y conocimiento que con toda seguridad rebasan, con lujo de intereses, la simple mostración que cuanto artista de la empresa pueda entregar como parte de la estrategia de publicidad de los productos dramatizados de los canales.
La posibilidad de que los televidentes se comuniquen con los presentadores de turno es apenas dable en la medida que esos mismos televidentes, se ciñan a los patrones impuestos por los presentadores mismos que no se apartan del chisme de momento o la novela de turno, o en el peor de los casos, de la burla irrespetuosa. En muy pocas ocasiones, los matutinos privados exploran la realidad nacional. Ya que los noticieros no lo están haciendo (ver Sobrenotas), y que los programas de opinión apenas rascan la superficie, es esperable o al menos cabe la idea, que los matutinos asuman el papel de ir a la realidad y confrontar los supuestos de los productores con las inquietudes y problemáticas auténticas de los colombianos.
Los temas de interés público que tocan los matutinos privados, no van más allá de los que por requerimientos comerciales son presentados como parte de la pauta pagada por empresas interesadas, con todo derecho por supuesto pero en flagrante fuera de lugar, en vender sus productos. En algunas ocasiones, muy pocas en verdad, se cuenta con la presencia de invitados especiales que traen información que puede ser de beneficio social. Y para completar el despropósito, se le da un tiempo excesivo a astrológos y cartománticos en una época en que la sociedad colombiana, en toda su diversidad cultural y social, precisa creer en sí misma, recuperar sus valores más profundos y auténticos, para acometer con decisión y convicción la tarea de reconciliarse. Y definitivamente, con saber la suerte de tal o cual signo no creemos que se le haga un favor a nadie más que a los recitadores de futuros dudables. Además, y en aras del respeto a las creencias, a quien le interese el tema seguramente que lo encontrará en otras zonas de información y por otros medios.
Puestos en la tarea de responder a su compromiso social, los canales de televisión privada y abierta (es que a veces se olvida este detallito democrático) una vez más demuestran que sus opciones y decisiones están en la línea de evadir el autorreconocimiento, la controversia, la reflexión… formar ciudadanía, es que incluso para divertirse hay que tener criterio. La fórmula de la noticia intrascendente y liviana, enfocada primordialmente en la farándula, que con cuestionable éxito domina la mañana (y la tarde, y la noche…) de los canales mexicanos, parece que sirvió de triste y opaco referente para nuestra televisión.
Aclaramos para que no haya lugar a equívocos, que nos resulta importantísima la dinámica del periodismo de farándula, sólo que deploramos el enfoque y los criterios con que se maneja en la televisión privada colombiana. La farándula merece sus propios espacios, su franja particular y sus periodistas especializados. Público no le va a faltar porque la teleaudiencia siempre estará interesada en conocer los detalles de la vida de sus estrellas y sus proyectos.
Si bien no es parte del sentido editorial de EO, si queremos hoy ya que el tema lo precisa, mencionar entonces referentes como los del canal internacional E! Entertainment Television, dedicado las 24 horas a la emisión de noticias, informes, entrevistas, especiales… en fin, todo un panorama audiovisual consagrado a la farándula hollywoodense, y más recientemente, a la latinoamericana. Allí el espectador tiene la oportundidad de comprender que el periodismo de farándula tiene como todo género sus especificidades: el puro y divertido (en ocasiones chocante y repulsivo) carnaval de chismes; el seguimiento detallado y descriptivo de cómo se hacen los productos televisivos o cinematográficos; los informes documentados sobre la vida de personalidades del mundo audiovisual que reflejan sus trayectorias a través de la confrontación de sus vidas íntimas con la época en que les tocó vivir, en un caleidoscopio que retrata dramáticamente la fuerza de la fama en estos tiempos; los especiales lúdicos que exploran a las celebridades de moda; las entrevistas agudas y bien documentadas que revelan las personalidades ocultas por el pabellón del reconocimiento público.
Insistimos en este punto porque siendo el eje fundamental de los contenidos que están desarrollando los matutinos privados, hay que saber desde dónde se despliega el análisis crítico y hacia dónde apuntan las posibilidades de reinventar ambos géneros: el de los matutinos (información + servicio público) y el de farándula (información + entretenimiento). Una vez más surgirá acá el expediente de los canales especializados, y una vez más aducimos que en la medida que la televisión colombiana permanezca dentro del esquema actual, la tarea de diversificar la programación y sus contenidos le compete a los diseñadores de producción y a los ejecutivos de los canales privados. Ante una realidad rica, variada e intensa como es la nuestra no es admisible, ni democrático, quedarse en la mera superficie formal que nada ofrece. Menos aún con el argumento pobre de que la gente necesita divertirse y no pensar en sus problemas.
Y si para completar el cuadro, le metes a la palestra unos insulsos desfiles de modas en estudio (ole, por lo menos metele billete a una pasarelita) o las notas fuera de lugar y tono de Ripley’s (que debe ser muy barato, cierto?), entonces, señores, qué estamos haciendo, qué además de ver la cara alucinada de los presentadores, que con su asombro fingido no convencen a nadie (aunque cabe la posibilidad asustadora de que en verdad estén cautivados), observando a personas que se dedican a demostrar que no tienen nada más que hacer en la vida que llamar la atención al costo que sea.
Cuando será que los productores corren el riesgo y los presupuestos, y se van a las ciudades intermedias colombianas, o a las veredas y corregimientos, y nos cuentan otras historias de vida para que ese despertar a la vida de cada día tenga un sentido, un valor, una fuerza, que nos diga cuánto valemos, quiénes somos y por qué es que estamos dispuestos a hacer de Colombia un territorio de paz. Ahora que las señales nacionales pueden ser vistas en el exterior, ¿será posible que los colombianos residentes en el extranjero no vean la misma porquería que tienen que soportar en la, por lo general, mediocre parrilla internacional?
No cabe la argumentación evasiva de que esos contenidos le pertenecen a la televisión regional (o al Congreso de la República) y que los canales nacionales tienen que atender a una teleaudiencia tan heterogénea, que la única forma de darle gusto a todo el mundo, es produciendo un contenido tan anodino y desprovisto de singularidad que de impersonal no le incomode a nadie.
Abordar el país total, es no sólo interesante sino necesario para cualquier colombiano siempre y cuando se haga con estilo, dinámica y riesgo creativo. A la gente le gusta lo nuevo, lo que les habla de sí mismos, de sus calles, sus costumbres… no se trata de folclorismo o parroquianismo. El reto contemporáneo es ir a la tradición sin perder la velocidad.
Combinar la mirada (y la presencia) en el país con notas en estudio con invitados especiales, secciones de interés general (como sí tienen en este momento, mal que bien) como la salud, la educación, los derechos ciudadanos, salpicado con toques ingeniosos de buen humor y trivialidad cursi y deliciosa, todo ello sí que respondería a un concepto abierto y novedoso de matutino, donde el espectador se encuentre a sí mismo. Así las cosas, saber si fulanita actriz o perencejo actor, compran o no su ropa en la Plaza España termina por carecer de importancia… en este espacio de realidad audiovisual.
Como se puede apreciar, EO no entra en el análisis de las figuras emblemáticas de los presentadores porque pese a las simpatías y desapetencias que provocan, hacen bien su trabajo, dentro del esquema reducido que planteamos… habrá que ver qué tan dispuestos están a crear y salirse incluso, de sus prestigiosos estereotipos. Se reconoce la valiosa presencia de excelentes comentaristas como Fernando González – Pacheco, Gonzalo Gallo, Pilar Castaño, pero es que es preciso ir más a fondo con el reto de ofrecer contenidos a un público que cada vez es más subestimado e irrespetado, y que está cansado de noticias de orden público sin profundidad y de la competencia insípida entre los dramatizados de ambos canales.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario