jueves, marzo 05, 2026

Las 10 de los premios Oscar: en cierre de temporada

Esta edición especial de Lista la Miranda viene con algunas novedades que espero las lectoras y los lectores puedan reconocer como instrucciones de uso aplicables y complementarias a sus propias apreciaciones de las películas reseñadas. 

Tratándose de las diez películas nominadas a los premios Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood que se entregarán el próximo domingo 15 de marzo, resulta interesante citar los nombres de los productores (propietarios de cada cinta) y el palmarés que lleva cada una a lo largo del año de valoración (2025) en la gran diversidad de premios que existen a nivel global. Esos datos de tipo estadístico -que no parecen detenerse nunca- pueden ser reveladores de las tendencias de la opinión, además de la evidencia del peso de la promoción y las particularidades de las nacionalidades fílmicas, por decirlo de alguna manera, las preferencias de continente a continente.

Y persistiendo en la importancia de conectar los nombres de películas, directores, actores, fotógrafos, compositores y demás personas involucradas en la realización de una película, esta vez se mencionan los apartados más cercanos al estilo de ficha técnica, con el fin de que el/la lector/a tome nota mental o física de esas individualidades que suelen relacionarse desde su pasado fílmico con este presente inmediato y que son rastreables en el futuro incrementado el disfrute y conocimiento del cine.

Debo añadir que la miranda exhaustiva de estas pelis permitió, como suele ocurrir, identificar ciertos tópicos coincidentes y sin duda significativos que se mueven de distintas maneras en una suerte de imaginario colectivo que explora necesidades reflexivas y vitales de cierta parte del mundo contemporáneo. Es claro que quedan por fuera miles de miradas que el cine mundial tiene sobre sí mismo como gran relator de su tiempo histórico. 

Las preguntas sobre la existencia siguen siendo válidas y atendidas (o eludidas, hay que decirlo) por cada director/a a su manera, pero también aparecen inquietudes sobre la maternidad, la paternidad, el despertar de la conciencia y la afirmación de la identidad tratadas desde múltiples ángulos por estas diez cintas que aparecen acá en orden alfabético. 

Y como balance de esta temporada, considero relevante el lugar y momento de la mirada de la mujer como sostén incomparable e irremplazable de la condición humana, por dentro y por fuera de los dominios de la diosa Película.    

Insisto como lo he hecho a través de los años, en que estas reseñas son mis mirandas sobre el cine que podemos ver en nuestras pantallas (incluyendo ahora las del streaming) y que no pretenden más que añadirse a la conversación infinita a la que nos invita el cine, por amor puro, por necesidad imperativa.

Sean bienvenidas y bienvenidos.

Gracias por su complicidad.

Agradezco sus comentarios. 


Luis Aldana Vásquez

Director Lista la Miranda

Realizador de Cine y Televisión



BUGONIA

[Ed Guiney & Andrew Lowe, Yorgos Lanthimos, Emma Stone and Lars Knudsen, Productores]

Palmarés: 10 premios, 138 nominaciones. Ganadora: Mejor Película AFI Awards.

Nominaciones Oscar 2026: Película, Música, Actriz, Guion Adaptado.

Esta es incómoda, hostil y ponzoñosa, es un Yorgos Lanthimos en lo suyo. Para nada complaciente y, hay que decirlo, no es como para todo el mundo… el mundo que va al cine a comer crispetas y entretenerse un rato en la evasión deliciosa de una cinta. Se puede atestiguar el abandono de la sala en varios momentos.  

Bugonia opera en tres niveles creativos y narrativos. El primero es de orden autoral, con una nota no tan al margen: es la tercera peli en fila que produce y estelariza su angelical contraparte, Emma Stone, han trabajado juntos desde 2018 cuando hicieron The Favourite y quizás pueda construirse una trilogía transitable si se ven seguidas Poor Things, Kinds of Kidness (de poca fortuna y tiempo -injusto- en pantalla) y ésta demencial declaración aturdidora. Lanthimos-Stone no se van por las ramas: atacan directo a la médula de los miedos más animales que llevamos encima. Y en Bugonia añaden una tilde más, con guiño sospechoso al terraplanismo y al mito de Andrómeda tan bien explotado en la literatura de ciencia ficción y su primo en segundo grado, el cine.

El segundo nivel es el de la puesta en escena de alto peso espacial, más que temporal, jodido no? Es el sótano, es el comedor, es el reservorio, es la oficina. Todo compacto y cerrado. Y sobre esas precisas coordenadas, el espacio abierto es una señal de atmósfera límpida y segura que contrasta con el interior. Los alrededores de la casa, los lugares del recuerdo, el entorno de la ciudad moderna. Todo cocinado al fuego lento de una cámara que observa, mira, explora, aproxima, sin ir más lejos, apenas lo suficiente para que no puedas escapar y te quedes ahí, atado a la cascada de planos cada vez más densos y asfixiantes.

El nivel tercero lo ocupa la doble tríada de personajes e intérpretes: Michelle (Emma Stone), Teddy (Jesse Plemons) y Don (Aidan Delbis). Arranquemos con el joven Delbis quien hace su debut cinematográfico con este Don, entrañable, vulnerable, confiado, leal y, tras de todo el andamiaje, alguien con su propia consciencia que nadie quiere tomarse en serio.

Teddy es un arquetipo formidable de esos seres humanos aferrados a su verdad, de modo paranoico, enfermizo, esquizoide a ratos, que está dispuesto a todo sin entender del todo cuál y cómo es el todo. Jesse Plemons puebla la historia con una fuerza e integralidad palpitantes. Laborioso en innumerables papeles de reparto en los que supo imprimir su estilo cuidadoso y profundo, llega a Bugonia con el poderío de un arte actoral depurado.  

Y Emma, (diosa, tu hija encarnada), Emma, se esconde lúcida y visceral tras esta Michelle que desconcierta y sorprende, que intimida y a la vez, suscita compasión. Un carácter con múltiples capas cada cual más indescifrable y completa. La ritualidad fílmica de la rasurada (momento icónico de muchas grandes actrices y estrellas, por recordar: Sigourney Weaver, Natalie Portman, Demi Moore…), se instala en el relato de forma primigenia proveyendo al espectador de un insumo de crecimiento del personaje, acompañando el viaje que la propia actriz emprendió.   

Bugonia está lejos de ser ganadora del Oscar, pero su legado es legítimo: es una película radical y provocadora.


Director: Yorgos Lanthimos

Guionistas: Will Tracy - Jang Joon-hwan

Reparto: Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis

Fotografía: Robbie Ryan

Diseño de Producción: James Price

Música: Jerskin Fendrix


 

F1: The Movie

[Chad Oman, Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Joseph Kosinski and Jerry Bruckheimer, Productores]

Palmarés: 22 premios, 133 nominaciones. Ganadora: BAFTA (Sonido), Critics Choice (Edición y Sonido), 

Nominaciones Oscar 2026: Película, Sonido, Edición, Efectos Visuales.

Está entre las diez por su juicioso tributo al cine como espectáculo construido para la gran pantalla. El mundo narrado, el de las carreras de Fórmula 1, está soberbiamente encuadrado con una plasticidad visual y sonora de incuestionable poderío y solidez. El fenómeno deportivo de la alta velocidad con sus matices detallados y explotados con intensidad es multiplicado por la dinámica de un trabajo de edición digno de permanecer.

Más allá de eso, difícil hallarle más méritos. Si, la historia generacional con ese corte de mentoría está en lo justo, como relato y cuerpo de personajes aceptable. No se puede esperar menos de los dos ganadores del Oscar (Brad Pitt y Javier Bardem) y los convidados de turno van bien en sus roles, Damson Idris (Joshua Pierce) es capaz de estar a la altura del compromiso. Kerry Condon es convincente en su necesario papel, al igual que Tobias Menzies. Y bueno, toda la plana mayor de la categoría (pilotos y técnicos) haciendo sus irremplazables cameos, le da un toque de autenticidad que no le estorba.

Es una peli que, como algunos corredores, vino de atrás hacia adelante, escalando posiciones calladamente hasta meterse en ese podio esquivo de las nominadas a mejor película, sin serlo, claramente.

Ahora que le repusieron en los teatros por obra y gracia del efecto calvito dorado, invito a verla allá en el sitio para el cual fue concebida, esa chica en pantalla de pulgadas no aguanta la sentada más que por el puro despiste entretenido.


Director: Joseph Kosinzki

Guion: Joseph Kosinzki – Ehren Kruger

Reparto: Brad Pitt – Damson Idris – Javier Bardem

Fotografía: Claudio Miranda

Diseño de Producción: Ben Munro – Mark Tildesley

Música: Hans Zimmer

 


FRANKENSTEIN

[Guillermo del Toro, J. Miles Dale and Scott Stuber, Productores]

Palmarés: 69 premios, 270 nominaciones. Ganadora: BAFTA (Vestuario, Cabello y Maquillaje, Diseño de Producción). Critics Choice (Actor, Vestuario, Diseño de Producción, Cabello y Maquillaje). Chicago Film Critics (Diseño de Producción, Vestuario).

Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor de Reparto, Fotografía, Maquillaje y Peinados, Música, Sonido, Guion Adaptado, Diseño, Vestuario.


Lo que más se lamenta es que no se pudiera ver en cines. Es un poco confusa la posición de Guillermo del Toro que es uno de los grandes cineastas de nuestros tiempos. Abierto defensor de la animación clásica, profundo y juicioso amante del cine de siempre, estudioso y con claridad conceptual sobre el lenguaje cinematográfico, no se entiende como concilia estas cualidades con el negocio de la exhibición de sus películas. No entraré acá en la necesaria discusión sobre el futuro de la proyección en salas, con la clara amenaza de empresas (a las que además, les pagamos) como Netflix que están decididas y enfocadas en acabar con los teatros y la experiencia que implica ver una peli en la gran pantalla, pero es inevitable enunciar al menos el asunto.

Este Frankenstein de Del Toro pertenece al cine, al gran cine, a la enorme y luminosa pantalla de una sala oscura y repleta del sonido envolvente e inmenso de los amplificadores. No la vimos así y pese a ello no es posible desconocer su maestría y donaire. Con esta obra, Del Toro se me quedó ya como un genio. Uno de los raros y escasos. Sí, el tipo venía haciendo pelis muy redondas y complejas en su estilo y factura, pero hablemos claro: El laberinto del fauno es una obra maestra, no así La forma del agua. Una muy buena peli, sin duda, con todo el rollo de GdT y por encima del promedio técnico, narrativo y estético de muchas pelis de la industria estadounidense. Y sin embargo, como que no alcanzaba a cerrar el moño. Y con su Frankenstein soñado desde la infancia sí que lo cerró, le dio vueltas y lo apretó fuerte y duraderamente.

La cinta está en un nivel muy fuera de lo común. Su dirección de arte, su fotografía, la sinuosidad maravillosa de su edición y tempo, la envergadura épica de su relato, las caracterizaciones e interpretaciones certeras, personales y complejas de sus personajes guiados por la iluminación de la vela inmortal de su autora, Mary Shelley. La convicción en la escritura de un guion que se toma riesgos y atrevimientos que pueden molestar a ciertos puristas literarios o cinematográficos. La música soberbia de un maestro como lo es Alexandre Desplat y la mezcla íntegra de todas las artes y oficios de la cinematografía hacen de esta una peli inmensa, memorable y digna.

 

Director: Guillermo del Toro

Guion: Guillermo del Toro – Mary Shelley

Reparto: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz

Fotografía: Dan Lausten

Diseño de Producción: Tamara Deverell

Música: Alexandre Desplat

 

 

HAMNET

[Liza Marshall, Pippa Harris, Nicolas Gonda, Steven Spielberg and Sam Mendes, Productores]

Palmarés: 86 premios, 297 nominaciones. Ganadora: BAFTA (Película británica, Actriz). Critics Choice (Actriz). Globos (Película Drama, Actriz). Actor (Mejor Actriz).

Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actriz, Guion Adaptado, Diseño, Vestuario, Música, Reparto (nueva categoría).


Esta es una película perdurable. Pasarán los años y las generaciones atestiguarán su consistencia, poesía, profundidad y gracia. Es una inteligente y delicada prueba del poder sustancial de los relatos en la construcción de nuestro ser humanos. Y estando instalada en el sustrato de una historia conocida (la tragedia del príncipe danés Hamlet), logra lo inesperado: crear un nuevo relato que no tiene intención de ser verdad histórica, sino cambio del punto de vista ampliando y enriqueciendo la validez del arte como catarsis del dolor total en la forma de la pérdida de un hijo. Un desgarramiento absoluto que sólo comprenden quienes lo han experimentado. Recordemos que no existe una palabra para nombrar a la madre/padre que sufren la muerte de su progenie. Es un vacío existencial que ni el lenguaje puede llenar.

Y acá aparecen los indicios de la singularidad de un filme como Hamnet que nos permite aproximarnos a ese dolor de manera directa y contundente. Es una mirada de mujer que reta todas las demás miradas, esto es, propone al espectador despojarse de muchas cosas para ir allá, al centro del relato. No sostengo que sea una peli feminista, podría verse así, pero no me lo parece; resulta más interesante establecer la importancia de reconocer la manera diferente como mujeres y hombres experimentamos la vida. De hecho, el balance dramatúrgico y escénico de Agnes y Will es lúcido y orgánico al relato, visto eso sí desde una mirada integral de mujeres que observan, indagan, sufren, transforman y viven. Sí, es la visión conjunta de la novelista y coguionista, la actriz protagónica y una inmensa directora con un sentido de la composición de amplio vuelo, un dominio del tempo inusitado y la maestría de los detalles.

Todo arranca desde la novela original de Maggie O’Farrell que centra su narración en la presencia de Agnes Shakespeare, esposa del gran dramaturgo inglés. Y pasa que, la ganadora del Oscar a Mejor Dirección por Nomadland, Chloé Zhao se interesa en adaptarla para el cine. Ambas escriben el guion, dato muy significativo, que dará la tridimensionalidad realista necesaria para llegar a la pantalla. Y entra al cuadro Jessie Buckley, la actriz y cantante irlandesa que se ha distinguido por el peso esencial que le imprime a sus interpretaciones, alejada de veleidades mediáticas y enfocada en la labor honesta de ser otra, auténtica y próxima.

La película fue rodada en secuencia, algo poco común en el diseño de producción industrial que define el rodaje a partir de consideraciones diferentes a la continuidad del guion. Esta decisión obedece a múltiples razones y su efecto inmediato es permitir al elenco ir creciendo con el relato como si de la vida misma se tratase. Sin embargo, esto no es obstáculo que impida el manejo de recuerdos/flashbacks que por momentos acuden a revelarnos más matices de los personajes y su tránsito vital. Filmar en secuencia implica muchas cosas a nivel de la puesta en cámara y la puesta en escena. Tan definitivo como que la primera escena en el bosque, con ese bello plano cenital de Agnes en posición fetal integrada a los árboles, tuvo en suspenso la producción hasta que la directora salió de un blanqueo visual que le impedía ver cómo nacía su relato. Una vez rodado ese momento embrionario se pudo dar marcha para que todas las demás escenas se realizaran. Por ese elaborado camino el potente final que atestiguamos es el que vivieron los actores y el equipo de producción.

Es posible que esta decisión de producción fuese sugerida o inspirada en el rodaje de uno de los productores, el hombre de la gorra, Steven Spielberg, quien rodó de esa manera su taquillera y prodigiosa ET: El extraterrestre allá en la lejanía de los años 80. Sam Mendes, el hombre de teatro responsable de piezas maestras como Belleza Americana (1999) y de más reciente, 1917 (2019), es también productor de la película. Y está bueno tener ese dato en cuenta, no tanto por la intervención creativa que pudieran alcanzar, sino por su participación en un proyecto con el enfoque de la directora Zhao, sumándose a una tendencia cada vez más frecuente de dar a las mujeres el lugar que por derecho natural les pertenece como creadoras, artistas y ciudadanas del mundo.

A través de un dispositivo finamente elaborado de declaración/interpretación, Hamnet reúne a un grupo de actrices y actores que viven la existencia de sus personajes con intensidad y naturalidad, en una combinación de posibilidades exquisita desde la preproducción, las largas sesiones de ensayo y el rodaje mismo. Con sobradas razones se habla del trabajo impecable y sincero de Jessie Buckley como protagonista, pero cada quien en su rol hace lo suyo y más: Paul Mescal ofrece un Will atrapado entre su talento y su pequeño mundo provincial que deberá superar para llegar a ser, con un alto precio por pagar. Emily Watson, la madre de Will, brinda un rostro que se transforma por vía del amor y aclara el universo con su pequeño y decisivo monólogo sobre recibir y perder. Los chicos Jupe, Jacobi y Noah, demuestran la verdad insoslayable de estar en el momento. Y el resto del elenco está más que a la altura.

Y no se puede dejar de apreciar el carácter colectivo de la catarsis que conduce al clímax del relato. Si bien el climax debe atravesar a la protagonista, tal como la dramaturgia de un guion de trama arquetípica demanda, en este caso ese momento único, desprendido de la crisis que empuja la decisión de Agnes de ir al teatro, es vivido por todos, adentro y fuera de la película. Y dentro de todos los logros de la cinta de Chloé Zhao éste es el que más impresiona y horada hasta el fondo del alma.    

 

Directora: Chloé Zhao

Guion: Chloé Zhao – Maggie O’Farrell

Reparto: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Noah Jupe, Emily Watson.

Fotografía: Lukasz Zal

Diseño de Producción: Fiona Crombie

Música: Max Ritcher

 

 

MARTY SUPREME

[Eli Bush, Ronald Bronstein, Josh Safdie, Anthony Katagas and Timothée Chalamet, Productores]

Palmarés: 37 premios, 284 nominaciones. Ganadora: Boston (Reparto). Critics Choice (Actor). Chicago (Actor). Globos (Actor). National Board (Película). NY Film Critics (Guion).

Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor, Guion Original, Reparto, Fotografía, Diseño, Vestuario, Edición. 

Marty Supreme es Timothée Chalamet. Eso es todo. No se puede decir más de manera asertiva y concreta. Por supuesto, es una enorme producción cinematográfica de altísima factura visual y sonora, con un espléndido dominio de todas y cada una de las dimensiones de espacio, tiempo y punto de vista que se espera de un esfuerzo creativo y técnico de este nivel. No hay nada que reprochar hasta que contemplamos el desperdicio de una historia que podría darnos una gran película y se queda apenas en un plano de impacto, algo muy mediático (promoción fuera de liga) y algo también muy, pero que muy entretenido.

El ritmo imparable y sigiloso a partir de una edición certera y radical, la sincera atmosfera de años 50, la sucesión infinita de acciones, los cientos de golpes de efecto pulidamente insertados, una coral de personajes diversos y atractivos con fuerza y peso, una banda sonora del futuro cómplice y dadivosa, una composición visual de sobrados matices y detalles. En ese sentido, la película tiene mucho mérito. La presencia de Gwyneth Paltrow (Kay Stone) da un toque elegante, el momentazo de Tyler The Creator (Wally) es vigoroso, Fran Drescher (mamá) no desluce. Y no se puede pasar por alto, la inteligente, divertida e intensa interpretación de Odessa A’zion como Rachel Mizler. Está sola esa mujer.

El problema es el personaje central, Marty Mauser, sí, es divertido, sorprendente, irreverente, talentoso en el arte de mentir y pegarle a una pelota de ping-pong, pero seamos sinceros: es un imbécil egoísta, abusivo, prepotente, explotador, detestable… no es exactamente un buen ser humano. Seguro que Marty McFly le diría: “You’re an asshole!” Y para completar, el arco dramático de corte redentor no alcanza a salvar su tóxica existencia. Claro, el mérito es de Chalamet que nos convence a fuerza de una entrega total, inmersiva, honesta y auténtica. No es posible dudar más del sobresaliente actor. Es un pequeño genio en crecimiento. Lo otro obvio es que no necesitamos que los personajes nos simpaticen para que apreciemos la calidad de una película… lo que sí precisamos es que sea creíble y consistente su recorrido narrativo. Esperamos que el héroe presentado (porque Safdie y Chalamet no lo están vendiendo como héroe) nos trame de alguna forma sustancial. Y ese tercer acto con el clímax y el desenlace de Marty Supreme está lejos de lograrlo.

Pasa que el guion está plagado de exquisitos clichés y convencionalismos que se han ido fermentando a través de la historia del cine estadounidense, y más concretamente, en el reino de Hollywood. Son tan buenos estos lugares comunes que casi pasan desapercibidos… por algo está nominada, no?  Lo crudo del asunto es que es la misma historia de épica personal que nos han contado miles de veces al estilo de Forrest Gump, El misterioso caso de Benjamin Button, En busca de la felicidad, con la diferencia de que estas pelis sí que narran llegando al más allá fílmico sin recurrir de modo evidente a los recursos de mesa que emplea Marty Supreme. 

A ver, la secuencia del clímax, como acertadamente de pasada tras la miranda de Sirat (por cierto, sufrimiento recomendado) me comentaran dos exalumnos que son tremendos cinéfilos, no es más que una Karate Kid Pong. Así la llamaron… y me caló porque cuando vi la peli sentí algo extraño al ver esa parte. En realidad, esperaba otro clímax y otro desenlace. Ya sé, el problema es mío, pero es que hay derecho a decepcionarse. Es que ese plano final no convence. Ni un poquito. Resulta no sólo artificial y complaciente, sino que es de veras un cambio inverosímil. Por eso afirmo que es un desperdicio de historia: pudiendo ser memorable y significativa, termina siendo una más de tantas y tantas y tantas de las colinas de Holly. 

Tal vez la mejor definición de un personaje como Marty Supreme se encuentre en la letra de La Perla, la furibunda y graciosa canción de la bruja Rosalía… ¡un terrorista emocional!

 

Director: Josh Safdie

Guion: Ronald Bronstein, Josh Safdie

Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’Zion

Fotografía: Darius Khondji

Diseño de Producción: Jack Fisk

Música: Daniel Lopatin

 

 

ONE BATTLE AFTER ANOTHER

[Adam Somner, Sara Murphy and Paul Thomas Anderson, Productores]

Palmarés: 255 premios, 499 nominaciones. Ganadora: Boston (Guion adaptado). BAFTA (Película, Director, Guion Adaptado, Actor Reparto, Fotografía, Edición). Critics Choice (Película, Director, Guion Adaptado). Chicago (Película, Director, Actor Reparto). Globos (Película Musical o Comedia, Director, Actriz Reparto, Guion). National Board (Película, Director, Actor, Actor Reparto, Actriz Destacada).

Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor, Actor Reparto (2), Actriz Reparto, Guion Adaptado, Reparto, Fotografía, Música, Diseño, Edición. 

Una auténtica pieza maestra. Cine en su más alta cocción. Un plato que se puede saborear muchas veces sin que nos hastíe. Y que permite hablar de muchas cosas a la vez sobre cada aspecto cinematográfico que se quiera. Es una obra fílmica que admite muchos niveles de apreciación dada su calidad y alcance. Por supuesto, eso incluye el debate y el disenso porque es un relato con múltiples capas de sentido.

La primera impresión fuerte que deja es el complejo ensamblaje de la música compuesta por Jonny Greenwood. Sabemos que el febril guitarrista de Radiohead se ha convertido por obra y gracia de la diosa Pelicula en uno de los grandes compositores del cine contemporáneo. Aparte de su colaboración continua con Paul Thomas Anderson, creó la atmosfera de Spencer (Larraín, 2021), El poder del perro (Campion, 2021) y Necesitamos hablar de Kevin (Ramsey, 2011). En Una batalla tras otra la plasticidad, el contraste, el cromatismo, el tempo extraño y recurrente son claves de una sonoridad musical que narra en contrapunto con la imagen en una suerte de simbiosis inquietante. No es claramente una banda sonora para generar placer, pero tampoco está ajustada a las convenciones del género de la peli. Logra romper las reglas y establecer su propia voz con firmeza y claridad.

El lugar del sexo en relación con el poder es otro tono grávido que se instala en el relato de forma evidente, a riesgo de incomodar, marcando territorio de modo que el espectador deba leerlo no como un dato anecdótico, sino como un elemento fundacional en la esencia radical de sus personajes. Hay algo que se mueve entre lo incontrolable, lo contradictorio y lo estructural que se encarna en Perfidia (Teyana Taylor), Sean Penn (Lockjaw, Mandíbula Fija, en español) y Leonardo DiCaprio (Bob). Las decisiones con sus consecuencias y las versiones con sus puntos suspensivos son definitivos en la coreografía psicológica y emocional de la historia. Está claro que esta tonalidad sirve de sustrato para algo más allá de su naturaleza y que alude a las intenciones declarativas de la película de PTA, que además de todo, condicionan el nivel de ruido, cuestionamiento y controversia sobre el papel del arte en el mundo de hoy, por acotar la reflexión a un área muy concreta de la fragilidad de la verdad, los ultraísmos excluyentes y la ausencia de crítica.

La progresión narrativa posee una fuerza incontenible de acciones, cambios, obstáculos y transformaciones que brindan una experiencia intensa al espectador, donde sus sensaciones, emociones y pensamientos están a prueba constantemente. Cada secuencia está dotada de interés y expectativas crecientes. Con el valor adicional de un humor cáustico que no atiende a doctrinas, credos ni ideologías, no es que evite el compromiso es que no le interesa sentar posición de verdad última. Con una malla de personajes tan diversos y complejos, interpretados con determinación y autenticidad por un grupo singular de actrices y actores, el resultado es un relato atrapante e inteligente en su desenvolvimiento, gracias también a un trabajo de fotografía y montaje magistrales. Con un punto de elevada estatura cinematográfica en la secuencia final de la persecución en el Río de Colinas (River of Hills). Acá PTA y su equipo firman su paso a la posteridad… después de haber tocado la inmortalidad en una filmografía tan exquisita como la del cineasta estadounidense.

Hay algo que no puedo dejar de mencionar, por coherencia y respeto con la narratología del guion y no por ortodoxia, sino por puro ejercicio analítico e interpretativo de cuestionamiento. Alguien hizo notar algo en relación con el desarrollo del clímax de la película que me puso a pensar. Se planteaba que el conflicto debe resolverlo, o no, el personaje protagonista, es su vida la que ha sido alterada de modo definitivo, sin embargo, acá no sucede exactamente así. ¿Podemos tomar esto como una falla de un guion que ha sido elogiado y premiado por todas partes?

Considero que sucede algo bien interesante: Bob (Leo) no es en realidad el protagonista único del relato por más que la promoción de la peli aluda siempre a su imagen molecular. Su hija, Willa (brillantemente interpretada por la debutante, Chase Infiniti), ya es protagonista desde que está en el combativo vientre de su madre que dispara una metralleta a toda mecha. Ella es la auténtica alteración, ella es el elemento disruptivo, ella es la que debe asumir la acción. Es tan definitivo su protagonismo que al cierre de la peli, ella es la que sale a perseguir el cambio, mientras Bob apenas observa y da recomendaciones de buen padre que tiene buenos motivos para confiar en su criterio y determinación.

Este tipo de disgresiones cinéfilas ocurren por la existencia de una maravillosa peli como lo es Una batalla tras otra que tiene muchas probabilidades de alzarse con el Oscar a la mejor de esta temporada. Tal vez por cierta pretendida corrección política, pero sin desmérito de su calidad cinematográfica.

 

Director: Paul Thomas Anderson

Guion: PTA – Thomas Pynchon

Reparto: Leonardo Di Caprio, Sean Penn, Benicio del Toro, Teyana Taylor, Chase Infiniti.

Fotografía: Michael Bauman

Diseño de Producción: Florencia Martin

Música: Jonny Greenwood

 

 

THE SECRET AGENT

[Emilie Lesclaux, Productor]

Palmarés: 76 premios, 149 nominaciones. Ganadora:

Nominaciones Oscar 2026: Película, Película Extranjera, Actor, Reparto.


Infortunadamente esta no pude verla porque no se exhibió en la ciudad. Es una verdadera lástima porque desde el Globo de Oro que se llevó Wagner Moura, las críticas y reseñas no dejan de reconocer su calidad y complejidad narrativa. Resulta gratamente significativo que Brasil repita por segundo año consecutivo en la categoría de mejor peli internacional, luego del merecido triunfo de Aún estoy aquí de Walter Salles.

Así que lo lamento: no puedo hablar de lo que no he pasado por mi miranda. Espero poder verla en algún momento y escribir luego sobre ella.

 

Director: Kleber Mendonça Filho

Guion: Kleber Mendonça Filho

Reparto: Wagner Moura

Fotografía: Evgenia Alexandrova

Diseño de Producción: Thales Junqueira

Música:  Mateus Alves - Tomaz Alves Souza

 

 

SENTIMENTAL VALUE

[Maria Ekerhovd and Andrea Berentsen Ottmar, Productores]

Palmarés: 64 premios, 298 nominaciones. Ganadora: BAFTA (Película Extranjera). Cannes Gran Premio (Director). European Film Awards (Película, Director, Actriz, Actor, Guion, Música). Globos (Actor).   

Nominaciones Oscar 2026: Película, Película Extranjera, Director, Actriz, Actor Reparto, Actriz Reparto (2), Guion Original, Edición.


Esta es otra película sabia en su cometido de narrar la condición humana con profundidad, realismo y generosidad. Es un renovado homenaje al poder inmenso de una historia contada con claridad y fluidez, apelando a lo clásico con la eficacia cinematográfica contemporánea donde las elipsis (saltos de tiempo/espacio), la progresión y los estados de acción concitan a un espectador atento y hábil lector de imágenes. La cinta está construida sobre un dispositivo que, por la manera en que se inserta en el relato, termina siendo un personaje más con personalidad, dones y contradicciones, pausas y movimientos, transformaciones y continuidades. La casa establece las coordenadas del recorrido emocional que nos propone esta vez Joachim Trier, quien desde su decidida La peor persona del mundo ya nos advertía de sus altas apuestas cinematográficas.

Llama la atención que mucha de la crítica y la opinión en redes plantee como temática central la de un padre ausente que trata de recomponer lo deshecho a lo largo de los años. Por supuesto, esto pasa como subtexto y sustrato de la progresión dramática, pero el conflicto tiene que ver directamente con Nora (Renate Reinsve: qué poderosa actriz para rato tienes, diosa), la hermana mayor de la familia Borg, quien al lado de su hermana, Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas: gran sutileza y dominio) deberá enfrentar su propio sino y desentrañarlo todo para poder seguir adelante, con vida. La clave dramatúrgica es la riqueza de temas que atraviesan el relato, con gran complejidad y al tiempo con una soltura magistral. La maternidad, la paternidad, la sororidad, la cotidianidad, el trabajo, la creación, el talento, los recuerdos, los traumas, las dudas, las certezas.

Sentimental Value es una auténtica bitácora de la experiencia de ser humanos, con unos frescos de personalidades completas sensibles en la piel de las actrices principales, la tímida compañía de una soberbia Elle Fanning como Rachel Kamp y Stellan Skarsgård (Gustav Borg, el padre), con su acostumbrada suficiencia y versatilidad.

La arquitectura narrativa es acogedora y dinámica, con matices hábilmente construidos a través de una perfecta sincronía entre la puesta en cámara y la puesta en escena. También Trier toma ventaja del esquema de representación escénica para jugar con nuestras percepciones y provocar nuestra atención de manera activa. A ello se acopla el silencio maravilloso del sonido directo, característica consustancial al cine europeo en donde la música juega un rol bien diferente al que solemos escuchar en el cine estadounidense, o en general, en el cine comercial casi moldeando las emociones. Acá, por el contrario, la música de Hania Rani posee una fuerza tridimensional de alcances insospechados que se hace carne y sangre de la acción dramática, en su propia verdad y sin artilugios.

El esperado equilibrio, la reescritura del tiempo vivido, la posibilidad de tomar las oportunidades (no en una segunda instancia, sino en todas las que brinde la vida), el encuentro definitivo y sanador con la propia identidad, todo en balance de cierre que deviene con el costo ineludible de mirar la realidad directamente a la cara, sin excusas ni justificaciones. La curva dramática de planteo, progresión, clímax  y desenlace se desplaza sinuosa y preciosamente, en una atmosfera de naturalidad, frescura y autenticidad que se agradece.

La solidez cinematográfica establecida con elevados criterios técnicos, estéticos y narrativos se hace transparente gracias a la laboriosidad del director y sus intérpretes. El espectador participa de su tránsito, se hace uno con sus emociones, acompaña y sostiene, ríe y llora, vive allí también, en la casa familiar. Lograr esa empatía es un verdadero milagro sólo explicable por la humanidad de la historia y el oficio comprometido de sus realizadores.

     

Director: Joachim Trier

Guion: Eskil Vogt – Joachim Trier

Reparto: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter Lilleaas

Fotografía: Kasper Tuxen

Diseño de Producción: Josefin Åsberg, Jørgen Stangebye Larsen

Música: Hania Rani

 

 

SINNERS

[Zinzi Coogler, Sev Ohanian and Ryan Coogler, Productores]

Palmarés: 304 premios, 495 nominaciones. Ganadora: Boston (Película, Director, Fotografía, Música). BAFTA (Guion Original, Actriz Reparto, Música). Critics Choice (Guion Original, Reparto, Actor Joven, Música). Globos (Música, Logro Cinematográfico y Taquilla). Grammy (Banda Sonora, Música). Actor (Mejor actor).

Nominaciones Oscar 2026: 16 en total. Película, Director, Guion Original, Reparto, Actor, Actor y Actriz Reparto, Fotografía, Maquillaje y Peinados, Música, Canción Original, Sonido, Efectos Visuales, Diseño, Vestuario, Edición.


Una delicia sangrienta de ritmos hábilmente mezclados que termina siendo una interesante y lúcida declaración de libertad creativa y vital. Esta es una peli de ver varias veces sin que se agote la experiencia. Por esos misterios que sólo la diosa comprende, se dieron una serie de eventos personales, de producción, de presente histórico, de antecedentes afroamericanos, de tradición fílmica y de madurez oportuna que dieron lugar a esta pieza única.

Salgamos de una vez por todas de un sitio pantanoso: la referencia a Del crepúsculo al amanecer, Robert Rodriguez, 1996. Hay quienes consideran que Pecadores es una copia de aquella. Coogler mismo reconoció como uno de sus referentes la película de gore vampírico. Un buen director debe nutrirse del cine y ahondar en sus preferencias y descubrimientos. Y en especial cuando quiere hacer una peli de género, respetando, o por lo menos, considerando las claves del juego en cada caso. La secuencia de acción más fuerte de Sinners (corta en relación con el metraje) está incrustada en esas variables. Quizá sí Coogler hubiese sido menos respetuoso, esta secuencia podría alejar la sensación casi deja vu que experimentan algunos espectadores.  

Dejando esto a un lado, que ya estuvo bueno, debemos tomar el conjunto del relato y confirmar lo que la experiencia de ver la peli despierta y que ha generado su amplia aceptación por parte de la crítica y de las audiencias a nivel global. En su modo de exposición, Sinners está pulidamente dotada de momentos de una consistencia brutal. Recordemos por poner un ejemplo: la manera como nos narra que la familia asiático-americana Chow atiende a dos tipos de mercados y clientes. Lisa, la hija, sale de la ferretería y la cámara la sigue en todo su recorrido de cruzar la calle, entrar el otro negocio de abarrotes, llegar hasta donde está su madre Grace, darle el recado y que ella vaya a ver de qué va la cosa… y la cámara no la suelta en su trayecto de regreso hasta que habla con su marido, Bo, y con Stack.

Lo genial es que este dispositivo no es reutilizado. Cada momento posee su propia estructura y dinámica de planos y acción. Esto habla de un estilo que explora y no quiere fórmulas, lo que implica un riesgo: terminar con un rompecabezas que no se acaba de armar por su caos e incoherencia. Coogler logra escapar a esa sentencia guiado por su intuición, el cuidado en la escritura del guion y el convencimiento del poder inatajable del cine. El truco de anclaje es por supuesto la música. Es ella la que le permite ir de un estado de narración a otro sin que se perciban rupturas o desajustes que saquen al espectador.

Sinners es una gran obra coral, con una sorprendente lucidez interpretativa de su protagonista Michael B. Jordan, el descubrimiento de un talento insondable como el de Miles Caton (Sammie), la presencia plena de Wunmi Mosaku (Annie), la gracia grosera de Hailee Stainfeld (Mary), el dominio escénico de Delroy Lindo (Delta Slim), la malévola y engañosa silueta de Jack O’Connell (Remmick) y el resto del elenco que sostiene un mundo con una trama plástica y atmosférica de una época y que se hace eterna gracias a un acertado epílogo.


Director: Ryan Coogler

Guion: Ryan Coogler

Reparto: Michael B. Jordan, Jack O’Connell, Hailee Stenfield, Miles Caton, Delroy Lindo, Wunmi Mosaku.

Fotografía: Autumn Durald Arkapaw

Diseño de Producción: Hannah Beachler

Música: Ludwig Göransson

 

 

TRAIN DREAMS

[Marissa McMahon, Teddy Schwarzman, Will Janowitz, Ashley Schlaifer and Michael Heimler, Productores]

Palmarés: 29 premios, 173 nominaciones. Ganadora: Critics Choice (Fotografía). Indepedent Spirit (Película, Director, Actor, Fotografía). Las Vegas FC (Fotografía). Los Angeles FC (Fotografía). National Board (Película, Guion Adaptado). AFI Award (Película).

Nominaciones Oscar 2026: Película, Guion Adaptado, Fotografía, Canción Original.


El poder de la evocación y la nostalgia, con un toque doloroso insufrible, plasmado en un relato de fuerza natural desbordado de humildad y sencillez. Sin ser la favorita, además de producida para el streaming, la cinta de Clint Bentley logra instalarse con seguridad en la zona de las muy buenas películas de la temporada de premios. Y lo hace acudiendo al expediente confiable de saber contar una historia con los elementos más simples posibles. Desafía la imperante necesidad de ir rápido, pasar de una cosa a otra, volar con la atención de menos 15 segundos, jugar a que te puedes quedar y permanecer en una escena que se toma su tiempo, que narra sin trucos. Es maravilloso que consiga conectar con ese ropaje anacrónico, pero que está astutamente cosido con los mejores recursos de la narración del cine contemporáneo. Una cinta de época que habla en presente. Bestial.

Además de una delicada, profunda y abrumadora construcción del personaje central, Robert Grainer, en las manos de Joel Edgerton, contemplamos con afecto creciente su relación con su enamorada esposa, Gladys, bajo la piel de una siempre acuciosa Felicity Jones, a la vez que lo acompañamos fielmente en sus temporadas de tala con el deseo del pronto regreso a casa mientras conocemos las insanidades de su labor, bajo la constelación de compañeros de trabajo que con el paso del tiempo se hacen también entrañables. Hay que destacar por supuesto, cómo no, la interpretación del señor William H. Macy como Am Peeples. Y como clavija del género, la voz susurrante del Wil Patton como narrador.

Y aunque posee ese mencionado insufrible doloroso toque, el paso del tiempo cumple su labor y conseguimos ir al ritmo del corazón atribulado de Grainer y soportar con él todo lo que viene. Ese detalle mayúsculo de respetar el destino de los personajes habla muy bien de la confección del guion en las teclas del director mismo, Bentley y su colega, Greg Kwedar, en la adaptación de la novela de Denis Johnson. El logro de esa melancolía recurrente y nostálgica se debe en gran parte a la fotografía de Adolpho Veloso, cinematografista brasileño quien por cierto es el primero de su país en ser nominado a los Oscar en la categoría de mejor cinematografía. Y la música de Bryce Dessner se acopla suavemente a ese tono general. El sello de la canción de Nick Cave resulta justo, más aún considerando que no estaba en el primer corte.

Trenes de sueño es una película sensible que invita a devolvernos a lo esencial en la vida, a considerar nuestro lugar en este planeta y a resignificar el valor de entregarnos sin esperar nada a cambio y sin pretender cambiar el mundo. Una lección de serenidad, compromiso y perseverancia.  

 

Director: Clint Bentley

Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar, Denis Johnson

Reparto: Joel Edgerton, Clifton Collins Jr., Felicity Jones

Fotografía: Adolpho Veloso

Diseño de Producción: Alexandra Schaller

Música: Bryce Dessner

sábado, agosto 23, 2025

Inscripciones Lista la Miranda En Directo


Hola gente de la Miranda de antes y de ahora, y a todos quienes deseen unirse al encuadre.

Como les había anunciado a través de la página en Instagram, estamos preparados para dar inicio formal a las sesiones de estudio de Lista la Miranda En Directo.

Para esta primera temporada, contaremos con dos funciones de estreno para darle feroz y cortante miranda a El silencio de los inocentes, Jonathan Demme, 1991, el clásico contemporáneo que dio lugar a la tendencia de relatos sobre asesinos seriales que persiste en los contenidos actuales, especialmente en las plataformas en formato streaming. 

El estreno de LLM ED se llevará a cabo el próximo sábado 6 de septiembre con dos funciones disponibles, de modo que puedan participar en el horario que mejor se les acomode.

Posteriormente, introduciremos nuevas fechas e incluiremos funciones para los días martes, miércoles y jueves en la noche.

Vale aclarar que en esta primera sesión, hemos escogido la cinta a estudiar, pero más adelante lo que esperamos es que ustedes sugieran y postulen sus propias películas de interés cinéfilo.

Abajo al final, encontrarán el enlace al formulario de Inscripción para las funciones del estreno de la temporada de LLM ED.

Cualquier información adicional pueden solicitarla escribiendo en los mensajes internos tanto en Facebook como en Instagram. O si lo prefieren, pueden escribir al correo umbraldemirandas@gmail.com donde estaremos atentos a responderles prontamente.

Formulario de Inscripción Funciones 6 de septiembre

 


lunes, julio 14, 2025

Pronto: Lista la Miranda En Directo

HOY 14 de julio se cumplen 5 meses del cierre exitoso de la campaña crowdfunding para lograr la impresión del libro Lista la miranda: 15 años en pantallas desde Pereira. 

Es un placer contarles que los 100 ejemplares impresos ya tienen su lector(a). Todos se entregaron en la preventa y luego en la venta directa.

Una vez más, agradezco a todas y cada uno de quienes participaron con sus aportes, publicaciones y apoyo de diversas maneras.

El pasado 15 de mayo en el espacio de #cineencamara, se hizo la presentación oficial del libro, con la grata asistencia de muchos de ustedes que compartieron la charla que sostuvimos con el amigo, colega y cómplice de tantas idas y vueltas, Franklyn Molano Gaona. 

En este día, les anuncio el lanzamiento del proyecto LLM En Directo que permitirá a cinéfilos de muchas partes compartir con otros su amor, gusto y pasión por el cine, en detalle y con lupa.

Pronto, les informaré cómo pueden participar de este nuevo reto de Lista la miranda que tiene como objetivo inicial: Promover ejercicios analíticos, interpretativos y críticos de la cinefilia en acción.

Gracias por estar ahi.

Que la diosa los acompañe, siempre.

Un saludo platinado.




domingo, diciembre 15, 2024

Lista la Miranda, el libro en abril del 2025... gracias a ustedes

Lista la Miranda desea invitarlos a participar de la campaña editorial para la impresión del lbro que recoge mis pubicaciones sobre cine y el lenguaje audiovisual, hechas en el blog del proyecto que empecé en 2004 y en las redes sociales de Facebook e Instagram, titulado: Lista la Miranda: 15 años en pantallas desde Pereira.

Todo la escritura en clave de reseñas de películas internacionales, colombianas, además de muchas series de la era del streaming, aparece en este texto que contiene 9 secuencias narrativas, dirigidas fundamentalmente a mis estudiantes, colegas y a todo cinéfilo con apetito.

Para lograr el objetivo de publicar el libro, he creado una campaña de apoyo en una de las páginas más sólidas y certiicadas del mundo del crowdfunding. En VAKI podrán realizar sus aportes con total confianza. Y por supuesto, cualquier duda o inquietud que tengan con gusto la atenderé por la mensajería interna o directamente en el correo de LLM: umbraldemirandas@gmail.com

Acá les dejo las imágenes de la campaña de lanzamiento realizada ayer en Instagram como celebración del Día del Fantasioso, una fecha que creamos con los estudiantes del curso electivo de Fantasía e Imagen en la Escuela de Artes VIsuales de la UTP:

Gracias de antemano por su apoyo y confianza.

Un abrazo.


Luis Aldana Väsquez
Lista la MIranda
[gen_cinema/añva_percepto]


































jueves, marzo 28, 2024

Perfect Days, Wim Wenders, 2023

Si alguien todavía tiene dudas acerca de lo que hace el cine, y que ningún otro lenguaje puede, debe ver sin falta la más reciente peli del maestro Wim Wenders. Con ella, Japón aspiró al Oscar a Mejor Película Extranjera por primera vez con un director que no es japonés. Ya sabemos que la adecuada ganadora fue The Zone of Interest, Jonathan Glazer, que es una película inmensa, poderosa y jodidamente bien construida. Sigo pensando que debió ganar la peli de Bayona, pero… esa es otra miranda.

Días Perfectos es un relato cinematográfico que establece sus recorridos precisos y constantes, no más empezar a fluir ante nuestros ojos. La secuencia de arranque es la síntesis de toda la peli. La ves y ya viste todo… en apariencia, por supuesto. Luego, cuando la repasas en tu cabeza testaruda, comprendes que sí es la fábula completa. ¿Qué sucede entonces después como para que te quedes a ver de qué va, como decía Pablo Solarz cuando nos picaba para escribir?

Pasa que esa cotidianidad que aprecias se te va ir revelando, plano a plano; así de cuidadosa es la mirada juiciosa y atenta de Wenders. Se tomaron 17 días filmando, esto más o menos quiere decir, que las dos horas que ves son prácticamente lo que se rodó. Hay una eficacia narrativa insuperable. Las evidencias sobre los espacios físicos e íntimos de Hirayama, al igual que sus acciones en privado y en público, se van a ir ampliando en campo visual y auditivo a medida que el relato avanza, sin prisas, sin artilugios. La maestría de ese dispositivo se decanta en la forma como vamos escuchamos la voz misma de Hirayama.

Aquello que al comienzo viste de modo metódico y repetitivo, se te va a ir mostrando y dejando escuchar, para que descubras lo que Hirayama ha encontrado para hacer los días con una sonrisa cierta, pese a todo lo que es la vida. Acá hay una declaración sobre el valor de las cosas que hacemos a diario y que por corta visión, consideramos rutinarias y faltas de sentido. A veces, debemos recordar que el Sol sale todos los días, así no lo veamos, sin falta. Hay cosas que son y eso es todo. Tus maticas no vivirán si no las remojas a diario. Al igual que tu ropa de trabajo debe estar limpia, semana a semana, para que hagas lo que has decidido hacer. Y tu gatica no vive sin la comida que le das. Hace falta levantar más seguido la cabeza y ver lo que hay allá arriba.

Aunque vale lo que dice Wenders: “solo en Tokio podía hacerse”; a pesar suyo, podría ser otro el trabajo, podría ser otra la ciudad, podría ser otro el personaje. Todo porque lo perdurable y vital es tener opciones. Eres tú quien elige darle sentido a tu vida (ya que ésta no lo tiene), no la genética, ni la crianza, ni la escuela, ni el empleo, ni el sistema. Hirayama en su diario devenir nos deja conocer, paso a paso, lo que constituye el meollo de sus decisiones. Y por esa vía, nos permite vislumbrar lo que no se muestra, ni escucha, ni narra de manera explícita. Eso que nos permitirá identificarnos, tal vez.

Hay varios elementos fundacionales que se atan solidariamente para conseguir ese objetivo, de pura naturaleza cinematográfica. El primero es la música que escucha Hirayama de camino a su trabajo, mientras maneja por las calles de su particular Tokio. La mayoría es música rock, tercer cuarto del s20 en sus 50 a 70, norteamericana, con algunas versiones en japonés. ¿Por qué esa música y no otra? Esa es una de sus tareas asignadas, sí, usted. Por lo pronto, sepa que esas melodías crecen más allá del habitáculo estrecho de la camioneta de Hirayama y se toman en volumen y dimensión todo el espacio del encuadre, dejando que sumercé se empape por completo de su luz.

Insertas en el día a día de Hirayama se deshilvanan cuatro historias mínimas, de profundo significado que dejan ver la complejidad de la vida en su más sencilla presentación. Wenders elabora una trama que al igual que su puesta en escena, se va desvelando desde los detalles de una mirada cercana y limitada, hasta las composiciones más amplias y abarcadoras. Por esa vía, logra convertir en extraordinario lo corriente. Despojado de la rigidez de las convenciones del guion, el director se sumerge en un discurso en el que puede mezclar, sabiamente, sin bordes claros, su sello autoral y el sino de su protagonista.

Y en medio de estos sutiles y elaborados dispositivos, se instalan indeleblemente las fotografías que Hirayama saca con su Olympus de rollo y sus sueños llenos de texturas naturales, móviles, figurativas.

Vale decir un par de cosas, van a ser más, lo sé, sobre Wim Wenders. Al lado de Rainer Werner Fassbinder, Werner Herzog, Alexander Kluge, Volker Schöndlorff, y otros 21 jóvenes cineastas alemanes -la mayoría nacidos en 1945-, firma en 1962 el Manifiesto de Oberhausen en que declaran el fracaso del cine después de la guerra y su decisión de hacer un cine nuevo, motivados por los riesgos tomados por sus contemporáneos franceses que dan vida a la Nueva Ola Francesa. Sin el mismo interés en la teoría crítica del cine, y más enfocados en hacer viable un sistema de producción y la exploración de temáticas propias, estos jóvenes de veras cumplen lo que firman: transforman el cine alemán.

Con una reconocida influencia del cine norteamericano, el Nuevo Cine Alemán escribirá sus propias historias sin pretender pasar por anglosajonas. Sin embargo, es esa familiaridad con el cine estadounidense la que permite que muy pronto, en las salas de cine de EUN se vea y aprecie esta nueva corriente fílmica. Wenders hará su París, Texas (1984) y bueno, ya, eso. Luego, nos traerá Buena Vista Social Club (1999) y esa lección absoluta que es La Sal de la Tierra (2014). En medio de éstas dos, rueda Pina (2011) uno de sus más radicales documentales.     

Wenders llega a dirigir Días Perfectos, tras responder a una invitación de una empresa japonesa interesada en realizar un documental sobre el novedoso y diverso sistema de baños públicos construidos para los JJ.OO. de 2020, postergados por la Covid 19. El director propone hacer mejor un largometraje de ficción. Y le copian perfectamente. Reunido con el creativo de publicidad y guionista, Takuma Tasaki, encuentran la sintonía adecuada para contar esta historia en donde la relación entre el personaje y los espacios fuese simbiótica y articulada. Ambos confeccionaron una historia del pasado de Hirayama y acordaron las pistas que dejarían para que usted arme ese otro relato.

Debo confesar, ya de salida, que al leer sobre la historia del pasado del protagonista, sentí una especie de sinsabor, para nada por la peli, sino por el maestro que tanto me ha insistido en que no hay nada más aburrido y falto de fuerza que un algo ya contado. Y sin embargo, decido quedarme con su declaración al referirse a la crisis narrativa actual: “Pienso que las películas pueden iluminar nuestras vidas de una bella manera, tengo una fuerte afinidad con la realidad y por lo que siente estar vivo hoy y todo el sangriento misterio de la vida”.

Y una coda sustancial: Yasujirò Ozu, director japonés es considerado por Wenders su gran maestro.

Trivia para miranda atenta: La torre de Tokio se llama Skytree (árbol del cielo) y está ubicada en Sumida, uno de los 23 barrios especiales de la metrópolis.

Qldla.  

jueves, marzo 14, 2024

Lista la Miranda - Entrega Especial [Parte Dos]

Parte Dos

Con el encierro obligatorio (provocado por la Covid), nos pasó lo que a todos, nos pegamos a la pequeña pantalla y nos sumergimos en el streaming. Mamá había visto mucha tele por su cuenta y yo otro tanto, mucho tanto; al juntarnos de nuevo, el asunto adquirió proporciones inimaginables. Ver tele juntos se nos convirtió en la ocasión para compartir muchas cosas, más allá de las historias que seguíamos.

De su época independiente, ella traía un inquietante gusto adquirido por las series policiacas como CSI (CBS, 2000-2015), su preferida, NCIS (CBS, 2003-Al aire), con la que peleaba y se reconciliaba, La Ley y el Orden (NBC, 1990- Al aire), que yo conocía, pero no veía y que cuando lo hice, le recomendé no ver más porque es jodidamente dura. Eso mismo pasó con Mentes Criminales (CBS, 2005-Al aire). Muy pasadas. Eso sí, no le cuestionamos mucho su interés por The Blacklist (NBC, 2013-2023), le encantaba ver a James Spader, en su elegante rol del maloso Raymond "Red" Reddington y su compleja relación con la agente, Elizabeth Keen (Megan Boone). Siempre que podía me contaba detalles, pero la atajaba con mi alergia a los espóileres. Lo curioso es que aunque vi las dos primeras temporadas cuando estaba al aire, no creo que la vea completa nunca... son muchas.

Ya en plan de pareja de mirandas nocturnas, caímos, lo confieso con cierta pena cinéfila, y a la vez, por qué no, qué importa, en los melodramas familiares de corte Hallmark como Chesapeake Shores (2017-2022) en Netflix con todo su sesgo racial e ideológico. Nos entreteníamos y pendejeábamos un rato, luego, ella muy sabiamente decía: “ya no quiero ver más a esa gente… son muy cansones y odiosos”. Y así, sin más, dejaba las series empezadas. Cortaba de raíz y para siempre. Eso estaba muy bien para ella por su buen gusto y criterio, el problema es que para ese momento yo estaba más encarretado que nadie. Y pues nada, me quedé sin saber qué pasaba con Elissa y Joe.

Algunas de ese estilo que sí terminamos, fueron Anne with an E (CBC-Netflix, 2017-2019), Virgin River - Un lugar para soñar (RWM-Netflix, 2019-2023, When calls the Heart (Hallmark, 2014-Al aire), ahora veo que esa nos quedó empezada, por culpa de Netflix… y lo que más veíamos eran las series médicas que a los dos nos encantaban como Call The Midwife (NSP, 2012-Al aire) que elogiaba con entusiasmo y que lamentó no hubieran subido más allá de la 5ª. temporada, New Amsterdam (NBC, 2018-2023), Grey’s Anatomy (ABC-Shondaland, 2005-Al aire), The Good Doctor (Sony Pic-ABC, 2017-2024). Con todas tenía relaciones de amor/odio, discutía con los personajes, cuestionaba sus decisiones, desaprobaba ciertas conductas, identificaba con absoluta claridad el conflicto de cada episodio y sus subtramas. Y nunca asistió a una clase mía de Guion.

Parte de su menú de mirandas infaltables eran las consagradas a su inmensa fe en Dios, que aunque no compartía sí que respetaba y cuidaba con celo. Eso también pasaba cuando estaba en casa con mi hermana mayor. Que no le faltara su misa de Domingo a las 12 por Tele VID, sin interrupciones como si estuviese en la iglesia de modo presencial. Y a veces, en semana, pedía asistir a misa y se la ponía con la ayuda del pequeño YuTub, el travieso nieto de la diosa. Los miércoles solíamos ver las Audiencias del papa Francisco a quien veneraba y consentía muchísimo. Asistió sin falta a la Jornada Mundial de la Juventud realizada en 2023 en Portugal. Comentaba los discursos del Papa, las reacciones de los jóvenes, seguía con atención las distintas actividades. Vimos varios documentales con o inspirados en Francisco. Y en semana, lo veíamos en su ventanita del Vaticano en el Ángelus. De cuando en cuando, se trepaba a alguna conferencia del padre escolapio (¡Calasanz arriba!), Juan Jaime Escobar, por quién tenía mucho aprecio y la divertía mucho con su particular forma de hablar con los jóvenes. 

Y de cierre, lo que más le gustaba: verse de cabo a rabo las temporadas de Máster Chef, primero las de RTVE, luego las de Colombia. En esas jornadas a veces la acompañaba, pero por lo general, las contemplaba y disfrutaba a solas, mientras yo trabajaba o hacía alguna otra cosa. Y me divertía sólo con escuchar sus risas o carcajadas que no se hacían esperar mucho.

Hubo sí una docuserie que no nos perdíamos y que nos entretuvo muchas noches de forma maravillosa, porque nos enseñaba cosas nuevas de sitios que conocíamos por nuestro amor compartido por la geografía, la historia y la cultura en general. El plato era perfecto para ella: cocina y lugares de todo el mundo. Acaban de anunciar el estreno de la nueva temporada de Somebody Feed Phil (Netflix, 2018-Al aire), con el protagonismo del showrunner de esa media bobadita que es Everybody loves Raymond, Phil Rosenthal. Aun no sé si la veré. Por cómo me sentí el domingo en los Óscares, presiento que no. Por cómo me siento la mayor parte del tiempo, ahora a diario sin ella -como todos nosotros-, es seguro que la paladearé más adelante.

Alguien muy cercano, me dijo que escribir sobre estas mirandas con la madre daba para mucho más que este espacio. Le dije que tal vez, pero que no podría hacerlo. Mamá era una mujer con muchas facetas, complejas y deslumbrantes, para mí era una guerrera que no se creía tan fuerte como en verdad logró serlo. Esos ratos bajo el influjo del rayoazul -que acá traté de evocar-, son apenas cortos trazos de buen verano, en jueves bonitos, llenos de posibilidades y encuentros. 


Gracias, mamá, por seguirme la cuerda loca de mi amor por las historias en movimiento.

QLDLA

miércoles, marzo 13, 2024

Lista la Miranda - Entrega Especial

Hoy se cumplen 3 meses de su partida y sigo como cuando me despedí: “no sé cómo voy a hacerle”. La vida es maestra y si te permites y prestas atención, sus lecciones te llevan a seguir adelante.

Cuando pasó todo esto, sentí que debía escribir algo, necesitaba cifrar con palabras todo lo que estábamos viviendo, pero no pude hacerlo. No se movió una sola tecla, ni en mi mente ni en la realidad.

Así que ahora me doy cuenta, que debía ser a través del amor que compartimos por las historias que podría encontrar las palabras. No todas las que deberían escribirse sobre ella, mi madre, nuestra madre, pero sí un trozo enorme y potente de rayoazul.

Esta LLM en dos entregas (hoy y mañana) está dedicada con todo mi amor y respeto a mis hermanas y hermano, a la familia, a mis alumnos, a mis colegas y a quienes la conocieron en esa faceta cinéfila.

 

Parte Uno

Luego de la infaltable última ‘patraña’ de Kimmel contra su archienemigo Matt Damon, aliado con el actor del momento, Messi, haciendo que hacía pis sobre la estrella de la estrella en el Paseo de la Fama, rodaron los créditos finales de la entrega 96 de los Oscar, el pasado domingo 10 de marzo.

Y rodaron también las lágrimas por mis mejillas… no de emoción por el discurso de Da’vine Joy Randolph por su mejor actriz de reparto, o por el entrecortado y tierno de Emma al abrazar su segundo dorado premio, tampoco de risa forzada por la aparatosa escena de John Cena ‘desnudo’, o de franca diversión por el momentazo de Ken Gosling, ni de desconcierto por la salida en falso de máster Al Pacino, no es nada personal son negocios, Mike…

Me despedía -otra vez- de mi compañera de otras galas, siempre cómplice cuando se precisaba y atenta espectadora con ojo critico y comentario mordaz y afilado, sin compasión alguna fuese quien fuera protagonista. Mi madre era la mejor compañía para ver la entrega de los Óscares. Ella sí que habría llorado con el discurso de Da’vine, y se limpiaría en silencio las que derramaría por la bella Emma; ofendida por Cena habría preguntado por qué tenían que hacer esas cosas de tan mal gusto; habría disfrutado de Ryan y su show sin agarrar del todo el motivo de tanto alboroto y se compadecería conmigo del Don en su extraño momento.

Mi madre y yo compartimos muchos momentos así, sentados en silencio (la mayor parte del tiempo, lo juro… está bien: siempre hacíamos nuestra particular ronda de comentarios), viendo algún episodio de sus series médicas preferidas, o los dramones predecibles, pero encarretadores de Hallmark en Netflix, o documentales que ojalá tuvieran la voz narradora de su adorado Barack Obama, o en serenata nocturna de peli los sábados en la noche.

Reconstruyendo esas inolvidables y geniales mirandas, he terminado por dar un viaje largo hacia atrás, hasta el momento de mi primer encuentro con el rayoazul. Y debió ser ella la que me llevara a cine aquella vez para disfrutar, qué… sufrir, con El niño y el Toro, Irving Rapper, 1956, por la que el gran guionista Dalton Trumbo recibiera en 1975 un año antes de su muerte su segundo Oscar, cuando la Academia reivindicara su nombre oculto durante la era macartista que obligó a muchos a usar nombres falsos o el de algún colega, para poder escapar a la absurda e infame cacería anticomunista.

El otro guion por el que Trumbo fue oscarizado es el de Roman Holiday (La princesa que quería vivir), William Wyler, 1953 que le fue otorgado en 1993, de manera póstuma (y más que tardía). Esa peli con el apuesto Gregory Peck y la hermosa e imposible Audrey Hepburn era de las preferidas de mi madre. La vimos unas dos o tres veces en distintos momentos. Ella adoraba a Audrey más que yo mismo, lo cual es jodido sí se tiene en cuenta lo que esa estupenda actriz significa para mí.

Debió ser mamá la que me llevara a esa peli en el Karká, o el Consota, me parece que era el Capri pero este lo inauguraron en 1970, en alguna reposición dominical de matiné. Por supuesto, no recuerdo con precisión, tengo unos fugaces cuadros claros y la imborrable huella del haz de luz del proyector. Pienso que fue ella, mi cómplice original, porque no tengo memoria de mirandas con mi padre. De su gusto por leer sí, pero de pelis, nada.

Puedo confirmar esa imagen borrosa de ir a cine con mamá, con la más diáfana y perturbadora de una doble función en el Nápoles, allí en la esquina de la calle 20 con carrera 9ª, cuando asistimos al espectáculo de ver cuerpos semidesnudos en una peli de seres primitivos… ni idea qué sería, solo recuerdo la pena con tonos de miedo que sentí y tal vez, sin duda, nos salimos antes de que terminara. Había quedado satisfecho con las maravillosas aventuras de ciencia ficción, al estilo de la serie televisiva inglesa Thunderbirds, Gerry Anderson, 1965-66, de súper marionetas con uniformes de pilotos y naves espaciales increíbles. A mamá no le gustaban las historias de ciencia ficción o fantasía (dos de mis géneros favoritos en literatura y cine). Y detestaba las de miedo y horror (dos de los géneros que sigo en proceso de aprender a apreciar, con enorme esfuerzo, lo confieso).

Seguramente íbamos con mis hermanos mayores, aunque no consigo recordarlo así. Que mi madre me llevara a ver pelis así, pese a que no eran de su gusto… pues nada, las mamás hacen esas cosas por sus hijos; actos de valentía insuperables.

En el caso de mamá, eso tiene de veras un inmenso valor porque recuerdo cuando me contaba lo traumatizada que había quedado luego de ver Psicosis, Alfred Hitchcock, 1960. Esa obra maestra del genio del suspenso, le jodió la vida a más de una persona en este planeta. Y es un buen ejemplo del poder del cine y sus artilugios de emoción. Por esa vía, he llegado a considerar algún tipo de cine como pernicioso y de dudosa validez. Lo sé, está el asunto de la libertad de expresión y de que el arte no debe tener barreras… pero, no sé… hay pelis que te lo hacen replantear todo en ese sentido. Así como mamá tenía a Psicosis como su némesis cinéfila, yo la encontré muchos años después en Audition (La audición), Takashi Miike, 1999. Una peli terriblemente espantosa. No dormí en tres semanas… aun no duermo a veces, cuando se me atraviesa su recuerdo.

Recuerdos de ver a mamá sentada frente al televisor cuando éramos niños, me cuesta encontrarlos. Siempre la veo es haciendo de mamá: moviéndose y haciendo cosas todo el tiempo, sin pausa, con perfección y dedicación absolutas. Imparable, juiciosa y ordenada al límite. Sé que veíamos televisión todos juntos, por ejemplo, los domingos por la noche cuando nos parchábamos a ver las divertidas peripecias de los personajes de la ya clásica serie cómica Yo y Tú, Alicia del Carpio, 1956-76. Con ese maravilloso reparto de lujo, lo mejor de la época: Franky Linero, Carlos Muñoz, Consuelo Luzardo, Otto Greiffestein, Carlos Benjumea, Hernando Latorre, Leopoldo Valdivieso, Delfina Guido, Hernando Casanova, Héctor Ulloa, Pepe Sánchez. Con más de 20 años al aire, esta comedia cachaca sirvió de plataforma a más de 175 actrices y actores de nuestra primigenia televisión.

Seguro vimos juntos muchas telenovelas en los 70, otras tantas en los 80… y luego, esporádicamente en los 90 y en el nuevo milenio. Muchos títulos saltan como para mencionarlos y que nadie se ofenda sí se queda por fuera alguno, pero sí tengo claro que cuando llegó la peste de las narconovelas y narcoseries, mamá fue una de las que apagó sin dudarlo el televisor. Esa vergüenza no la iba a pasar.

Cuando regresé a Pereira en el 2004, muchas cosas habían cambiado en mi vida y otras tantas más lo harían en el curso de esos productivos e inquietos tiempos por venir. Y una de las cosas que definen con fuerza y persistencia estos años, es el reencuentro con mi madre. Ahí hay cientos de escenas, de múltiples películas, numerosos episodios de serie… de la vida real, de esa cotidiana convivencia de aprendizajes y descubrimientos, de tiempos recuperados, de heridas en sanación. Es solo que esa miranda es solo de ella y yo. Y claro, de mis hermanas y hermano. No son de estreno público.

Pasó sí que en estos años, algunas pocas veces fui a cine con la madre, como solía nombrarla para mis amigos. Y hay algunas mirandas que vale la pena recoger. Incluso por lo atravesada de algunas, sí, fuimos a ver Ocean’s Thirteen, Steven Soderbergh, 2007, subtitulada por aquello de nada como el idioma original. Eso no salió bien porque está plagada de diálogos muy rápidos y largos, explicando cómo es que van a hacer el robo y nadie alcanza a leer esa vaina. La convencí de que fuéramos con el argumento de ver juntos a Al Pacino, Elliot Gould (del que siempre mencionaba había sido marido de Barbra Streisand), Andy García (de éste estaba en modo crush, que por supuesto no reconocía, ni más faltaba)… y bueno, a George Clooney y Brad PaPITTo. Me salvó un poco, justamente, (acabo de revisitarla mientras escribo), esa escena de los dos súper galanes llorando al ver un episodio de Oprah. Además de sentirme identificado por completo, a la madre le causó mucha gracia. A la final, como mamá que todo lo perdona a sus hijos, esa me la pasó.

Recuerdo lo mucho que disfrutamos yendo a la Cámara de Comercio al Cine en Cámara de nuestro añorado, Giovanny Gómez. Allí gozamos con Julie & Julia, Nora Ephron, 2009. Esa delicia de acento gastronómico con la presencia arrolladora de Meryl Streep y una joven, Amy Adams que le da la talla a tenedor tendido. Cuando hablábamos de pelis que le gustaban, esa siempre aparecía. Bueno, cualquiera en la que pudiera ver a Meryl le encantaba. 

Así como le pasaba con la decenas de veces galardonada y nominada, le ocurría con Katharine Hepburn, “que no tiene nada que ver con Audrey”, Ingrid Bergman, “el escándalo con el italiano ese [Roberto Rosellini] afectó mucho su carrera”, Sophia Loren “qué monumento de mujer, aunque como muy llena para mi gusto”, Catherine Deneuve “la más hermosa, cierto?”, Debbie Reynolds “la mató Elizabeth Taylor, cuando Eddie Fisher su marido, la dejó por ella”. La mamá de la Princesa Leia, Carrie Fisher, se casó y divorció otras dos veces más, pero a mamá le sonaba era lo de Taylor. Nunca se lo perdonó.

Así en pantalla grande, reímos y lloramos con Coco, Unkrich y Molina, Pixar, 2017. ¡Qué cosa esa ‘moquiada’ tan brava! Nos reíamos luego al recordar nuestro dolido llanto. Mamá tenía su historia con México, a partir de muchas cosas de toda su vida. Además, había tenido la oportunidad de viajar al DF y conocer sitios que había visto en pelis o escuchado en canciones, acompañada por mi hermana menor y su familia. Si te atrevías a hablar con propiedad de Frida Kahlo delante de ella, debías agarrarte fuerte porque ella sabía más y en detalle. Coco la reconectó con esos recuerdos y la vivió intensamente. Esa no la vio, pero seguro le habría gustado y conmovido.

Sí vio con uno de sus nietos (con los otros dos, seguramente, pero no sé cuáles pelis), Life of Pi (Una aventura maravillosa), Ang Lee, 2012, con gafas 3D y tal. Y contaban ambos del tremendo susto y brinco que dieron cuando hace su aparición Richard Parker. Mamá decía algo que no puedo escribir acá, pero de ese tamaño fue la impresión cinéfila con su afilado criterio.

La última peli que vimos en un cine, fue en compañía de mi hermana y una amiga mía que años después le pintaría un cuadro floral que apreciaba mucho. La La Land, Damien Chazelle, 2016. Tremenda peli, tremenda miranda. Éramos los únicos en la sala (seguro habría dos o tres personas más, pero en mi recuerdo no). Era función de antes del mediodía y la peli ya llevaba más de un mes en cartelera. A mamá le gustaban los musicales. De veras los disfrutaba. Recordaba con alegría Mamma Mía!, Phyllida Lloyd, 2006. Se entristecía con Los Miserables, Tom Hooper, 2012. Y reímos mucho viendo Cantando bajo la lluvia, Stanley Donen, Gene Kelly, 1952… ajá, con Debbie Reynolds y Gene, ese mismo.

Después ya no pudimos volver al teatro, a la gran pantalla platinada, a la sala de la diosa Película. Llegó para todo público el estreno de la pandemia. Esa peli la vimos todos y nos costó mucho. Esa es una que no debió hacerse nunca. Perdimos tanto. Demasiado.

Mañana: Parte Dos

QLDLA