Esta edición especial de Lista la Miranda viene con algunas novedades que espero las lectoras y los lectores puedan reconocer como instrucciones de uso aplicables y complementarias a sus propias apreciaciones de las películas reseñadas.
Tratándose de las diez películas nominadas a los premios Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood que se entregarán el próximo domingo 15 de marzo, resulta interesante citar los nombres de los productores (propietarios de cada cinta) y el palmarés que lleva cada una a lo largo del año de valoración (2025) en la gran diversidad de premios que existen a nivel global. Esos datos de tipo estadístico -que no parecen detenerse nunca- pueden ser reveladores de las tendencias de la opinión, además de la evidencia del peso de la promoción y las particularidades de las nacionalidades fílmicas, por decirlo de alguna manera, las preferencias de continente a continente.
Y persistiendo en la importancia de conectar los nombres de películas, directores, actores, fotógrafos, compositores y demás personas involucradas en la realización de una película, esta vez se mencionan los apartados más cercanos al estilo de ficha técnica, con el fin de que el/la lector/a tome nota mental o física de esas individualidades que suelen relacionarse desde su pasado fílmico con este presente inmediato y que son rastreables en el futuro incrementado el disfrute y conocimiento del cine.
Debo añadir que la miranda exhaustiva de estas pelis permitió, como suele ocurrir, identificar ciertos tópicos coincidentes y sin duda significativos que se mueven de distintas maneras en una suerte de imaginario colectivo que explora necesidades reflexivas y vitales de cierta parte del mundo contemporáneo. Es claro que quedan por fuera miles de miradas que el cine mundial tiene sobre sí mismo como gran relator de su tiempo histórico.
Las preguntas sobre la existencia siguen siendo válidas y atendidas (o eludidas, hay que decirlo) por cada director/a a su manera, pero también aparecen inquietudes sobre la maternidad, la paternidad, el despertar de la conciencia y la afirmación de la identidad tratadas desde múltiples ángulos por estas diez cintas que aparecen acá en orden alfabético.
Y como balance de esta temporada, considero relevante el lugar y momento de la mirada de la mujer como sostén incomparable e irremplazable de la condición humana, por dentro y por fuera de los dominios de la diosa Película.
Insisto como le he hecho a través de los años, en que estas reseñas son mis mirandas sobre el cine que podemos ver en nuestras pantallas (incluyendo ahora las del streaming) y que no pretenden más que añadirse a la conversación infinita a la que nos invita el cine, por amor puro, por necesidad imperativa.
Sean bienvenidas y bienvenidos.
Gracias por su complicidad.
Agradezco sus comentarios.
Luis Aldana Vásquez
Director Lista la Miranda
BUGONIA
[Ed Guiney & Andrew Lowe, Yorgos Lanthimos, Emma Stone
and Lars Knudsen, Productores]
Palmarés: 10 premios, 138 nominaciones. Ganadora: Mejor
Película AFI Awards.
Nominaciones Oscar 2026: Película, Música, Actriz, Guion
Adaptado.
Esta es incómoda, hostil y ponzoñosa, es un Yorgos Lanthimos en lo suyo. Para nada complaciente y, hay que decirlo, no es como para todo el mundo… el mundo que va al cine a comer crispetas y entretenerse un rato en la evasión deliciosa de una cinta. Se puede atestiguar el abandono de la sala en varios momentos.
Bugonia opera en tres niveles creativos y narrativos. El
primero es de orden autoral, con una nota no tan al margen: es la tercera peli
en fila que produce y estelariza su angelical contraparte, Emma Stone, han
trabajado juntos desde 2018 cuando hicieron The Favourite y quizás pueda
construirse una trilogía transitable si se ven seguidas Poor Things, Kinds of
Kidness (de poca fortuna y tiempo -injusto- en pantalla y ésta demencial
declaración aturdidora. Lanthimos-Stone no se van por las ramas: atacan directo
a la médula de los miedos más animales que llevamos encima. Y en Bugonia añaden
una tilde más, con guiño sospechoso al terraplanismo y al mito de Andrómeda tan
bien explotado en la literatura de ciencia ficción y su primo en segundo grado,
el cine.
El segundo nivel es el de la puesta en escena de alto peso
espacial, más que temporal, jodido no? Es el sótano, es el comedor, es el
reservorio, es la oficina. Todo compacto y cerrado. Y sobre esas precisas
coordenadas, el espacio abierto es una señal de atmósfera límpida y segura que contrasta
con el interior. Los alrededores de la casa, los lugares del recuerdo, el
entorno de la ciudad moderna. Todo cocinado al fuego lento de una cámara que
observa, mira, explora, aproxima, sin ir más lejos, apenas lo suficiente para
que no puedas escapar y te quedes ahí, atado a la cascada de planos cada vez
más densos y asfixiantes.
El nivel tercero lo ocupa la doble tríada de personajes e
intérpretes: Michelle (Emma Stone), Teddy (Jesse Plemons) y Don (Aidan Delbis).
Arranquemos con el joven Delbis quien hace su debut cinematográfico con este
Don, entrañable, vulnerable, confiado, leal y, tras de todo el andamiaje,
alguien con su propia consciencia que nadie quiere tomarse en serio.
Teddy es un arquetipo formidable de esos seres humanos
aferrados a su verdad, de modo paranoico, enfermizo, esquizoide a ratos, que
está dispuesto a todo sin entender del todo cuál y cómo es el todo. Jesse
Plemons puebla la historia con una fuerza e integralidad palpitantes. Laborioso
en innumerables papeles de reparto en los que supo imprimir su estilo cuidadoso
y profundo, llega a Bugonia con el poderío de un arte actoral depurado.
Y Emma, (diosa, tu hija encarnada), Emma, se esconde lúcida
y visceral tras esta Michelle que desconcierta y sorprende, que intimida y a la
vez, suscita compasión. Un carácter con múltiples capas cada cual más indescifrable
y completa. La ritualidad fílmica de la rasurada (momento icónico de muchas
grandes actrices y estrellas, por recordar: Sigourney Weaver, Natalie Portman,
Demi Moore…), se instala en el relato de forma primigenia proveyendo al
espectador de un insumo de crecimiento del personaje, acompañando el viaje que
la propia actriz emprendió.
Bugonia está lejos de ser ganadora del Oscar, pero su legado
es legítimo: es una película radical y provocadora.
Director: Yorgos Lanthimos
Guionistas: Will Tracy - Jang Joon-hwan
Reparto: Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis
Fotografía: Robbie Ryan
Diseño de Producción: James Price
Música: Jerskin Fendrix
F1: The Movie
[Chad Oman, Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Joseph
Kosinski and Jerry Bruckheimer, Productores]
Palmarés: 22 premios, 133 nominaciones. Ganadora: BAFTA
(Sonido), Critics Choice (Edición y Sonido),
Nominaciones Oscar 2026: Película, Sonido, Edición, Efectos
Visuales.
Está entre las diez por su juicioso tributo al cine como espectáculo construido para la gran pantalla. El mundo narrado, el de las carreras de Fórmula 1, está soberbiamente encuadrado con una plasticidad visual y sonora de incuestionable poderío y solidez. El fenómeno deportivo de la alta velocidad con sus matices detallados y explotados con intensidad es multiplicado por la dinámica de un trabajo de edición digno de permanecer.
Más allá de eso, difícil hallarle más méritos. Si, la
historia generacional con ese corte de mentoría está en lo justo, como relato y
cuerpo de personajes aceptable. No se puede esperar menos de los dos ganadores
del Oscar (Brad Pitt y Javier Bardem) y los convidados de turno van bien en sus
roles, Damson Idris (Joshua Pierce) es capaz de estar a la altura del
compromiso. Kerry Condon es convincente en su necesario papel, al igual que
Tobias Menzies. Y bueno, toda la plana mayor de la categoría (pilotos y técnicos)
haciendo sus irremplazables cameos, le da un toque de autenticidad que no le
estorba.
Es una peli que, como algunos corredores, vino de atrás
hacia adelante, escalando posiciones calladamente hasta meterse en ese podio
esquivo de las nominadas a mejor película, sin serlo, claramente.
Ahora que le repusieron en los teatros por obra y gracia del
efecto calvito dorado, invito a verla allá en el sitio para el cual fue
concebida, esa chica en pantalla de pulgadas no aguanta la sentada más que por
el puro despiste entretenido.
Director: Joseph Kosinzki
Guion: Joseph Kosinzki – Ehren Kruger
Reparto: Brad Pitt – Damson Idris – Javier Bardem
Fotografía: Claudio Miranda
Diseño de Producción: Ben Munro – Mark Tildesley
Música: Hans Zimmer
FRANKENSTEIN
[Guillermo del Toro, J. Miles Dale and Scott Stuber, Productores]
Palmarés: 69 premios, 270 nominaciones. Ganadora: BAFTA
(Vestuario, Cabello y Maquillaje, Diseño de Producción). Critics Choice (Actor,
Vestuario, Diseño de Producción, Cabello y Maquillaje). Chicago Film Critics
(Diseño de Producción, Vestuario).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor de
Reparto, Fotografía, Maquillaje y Peinados, Música, Sonido, Guion Adaptado,
Diseño, Vestuario.
Lo que más se lamenta es que no se pudiera ver en cines. Es un poco confusa la posición de Guillermo del Toro que es uno de los grandes cineastas de nuestros tiempos. Abierto defensor de la animación clásica, profundo y juicioso amante del cine de siempre, estudioso y con claridad conceptual sobre el lenguaje cinematográfico, no se entiende como concilia estas cualidades con el negocio de la exhibición de sus películas. No entraré acá en la necesaria discusión sobre el futuro de la proyección en salas, con la clara amenaza de empresas (a las que además, les pagamos) como Netflix que están decididas y enfocadas en acabar con los teatros y la experiencia que implica ver una peli en la gran pantalla, pero es inevitable enunciar al menos el asunto.
Este Frankenstein de Del Toro pertenece al cine, al
gran cine, a la enorme y luminosa pantalla de una sala oscura y repleta del
sonido envolvente e inmenso de los amplificadores. No la vimos así y pese a
ello no es posible desconocer su maestría y donaire. Con esta obra, Del Toro se
me quedó ya como un genio. Uno de los raros y escasos. Sí, el tipo venía
haciendo pelis muy redondas y complejas en su estilo y factura, pero hablemos
claro: El laberinto del fauno es una obra maestra, no así La forma
del agua. Una muy buena peli, sin duda, con todo el rollo de GdT y por
encima del promedio técnico, narrativo y estético de muchas pelis de la
industria estadounidense. Y sin embargo, como que no alcanzaba a cerrar el
moño. Y con su Frankenstein soñado desde la infancia sí que lo cerró, le dio
vueltas y lo apretó fuerte y duraderamente.
La cinta está en un nivel muy fuera de lo común. Su
dirección de arte, su fotografía, la sinuosidad maravillosa de su edición y
tempo, la envergadura épica de su relato, las caracterizaciones e
interpretaciones certeras, personales y complejas de sus personajes guiados por
la iluminación de la vela inmortal de su autora, Mary Shelley. La convicción en
la escritura de un guion que se toma riesgos y atrevimientos que pueden
molestar a ciertos puristas literarios o cinematográficos. La música soberbia
de un maestro como lo es Alexandre Desplat y la mezcla íntegra de todas las
artes y oficios de la cinematografía hacen de esta una peli inmensa, memorable
y digna.
Director: Guillermo del Toro
Guion: Guillermo del Toro – Mary Shelley
Reparto: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph
Waltz
Fotografía: Dan Lausten
Diseño de Producción: Tamara Deverell
Música: Alexandre Desplat
HAMNET
[Liza Marshall, Pippa Harris, Nicolas Gonda, Steven Spielberg
and Sam Mendes, Productores]
Palmarés: 86 premios, 297 nominaciones. Ganadora: BAFTA
(Película británica, Actriz). Critics Choice (Actriz). Globos (Película Drama,
Actriz). Actor (Mejor Actriz).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actriz, Guion
Adaptado, Diseño, Vestuario, Música, Reparto (nueva categoría).
Esta es una película perdurable. Pasarán los años y las generaciones atestiguarán su consistencia, poesía, profundidad y gracia. Es una inteligente y delicada prueba del poder sustancial de los relatos en la construcción de nuestro ser humanos. Y estando instalada en el sustrato de una historia conocida (la tragedia del príncipe danés Hamlet), logra lo inesperado: crear un nuevo relato que no tiene intención de ser verdad histórica, sino cambio del punto de vista ampliando y enriqueciendo la validez del arte como catarsis del dolor total en la forma de la pérdida de un hijo. Un desgarramiento absoluto que sólo comprenden quienes lo han experimentado. Recordemos que no existe una palabra para nombrar a la madre/padre que sufren la muerte de su progenie. Es un vacío existencial que ni el lenguaje puede llenar.
Y acá aparecen los indicios de la singularidad de un filme como Hamnet que nos permite aproximarnos a ese dolor de manera directa y contundente. Es una mirada de mujer que reta todas las demás miradas, esto es, propone al espectador despojarse de muchas cosas para ir allá, al centro del relato. No sostengo que sea una peli feminista, podría verse así, pero no me lo parece; resulta más interesante establecer la importancia de reconocer la manera diferente como mujeres y hombres experimentamos la vida. De hecho, el balance dramatúrgico y escénico de Agnes y Will es lúcido y orgánico al relato, visto eso sí desde una mirada integral de mujeres que observan, indagan, sufren y viven. Sí, es la visión conjunta de la novelista y coguionista, la actriz protagónica y una inmensa directora con un sentido de la composición de amplio vuelo, un dominio del tempo inusitado y la maestría de los detalles.
Todo arranca desde la novela original de Maggie O’Farrell
que centra su narración en la presencia de Agnes Shakespeare, esposa del gran
dramaturgo inglés. Y pasa que, la ganadora del Oscar a Mejor Dirección por
Nomadland, Chloé Zhao se interesa en adaptarla para el cine. Ambas escriben el
guion, dato muy significativo, que dará la tridimensionalidad realista
necesaria para llegar a la pantalla. Y entra al cuadro Jessie Buckley, la
actriz y cantante irlandesa que se ha distinguido por el peso esencial que le
imprime a sus interpretaciones, alejada de veleidades mediáticas y enfocada en la labor
honesta de ser otra, auténtica y próxima.
La película fue rodada en secuencia, algo poco común en el
diseño de producción industrial que define el rodaje a partir de
consideraciones diferentes a la continuidad del guion. Esta decisión obedece a
múltiples razones y su efecto inmediato es permitir al elenco ir creciendo con
el relato como si de la vida misma se tratase. Sin embargo, esto no es
obstáculo que impida el manejo de recuerdos/flashbacks que por momentos acuden
a revelarnos más matices de los personajes y su tránsito vital. Filmar en secuencia
implica muchas cosas a nivel de la puesta en cámara y la puesta en escena.
Es posible que esta decisión de producción fuese sugerida o
inspirada en el rodaje de uno de los productores, el hombre de la gorra, Steven
Spielberg, quien rodó de esa manera su taquillera y prodigiosa ET: El
extraterrestre allá en la lejanía de los años 80. Sam Mendes, el hombre de
teatro responsable de piezas maestras como Belleza Americana (1999) y de
más reciente, 1917 (2019), es también productor de la película. Y está
bueno tener ese dato en cuenta, no tanto por la intervención creativa que
pudieran alcanzar, sino por su participación en un proyecto con el enfoque de
la directora Zhao, sumándose a una tendencia cada vez más frecuente de dar a
las mujeres el lugar que por derecho natural les pertenece como creadoras,
artistas y ciudadanas del mundo.
A través de un dispositivo finamente elaborado de
declaración/interpretación, Hamnet reúne a un grupo de actrices y
actores que viven la existencia de sus personajes con intensidad y naturalidad,
en una combinación de posibilidades exquisita desde la preproducción, las
largas sesiones de ensayo y el rodaje mismo. Con sobradas razones se habla del
trabajo impecable y auténtico de Jessie Buckley como protagonista, pero cada quien en su
rol hace lo suyo y más: Paul Mescal ofrece un Will atrapado entre su talento y
su pequeño mundo provincial que deberá superar para llegar a ser, con un alto
precio por pagar. Emily Watson, la madre de Will, brinda un rostro que se
transforma por vía del amor y aclara el universo con su pequeño y decisivo
monólogo sobre recibir y perder. Los chicos Jupe, Jacobi y Noah, demuestran la
verdad insoslayable de estar en el momento. Y el resto del elenco está más que
a la altura.
Y no se puede dejar de apreciar el carácter colectivo de la
catarsis que conduce al clímax del relato. Si bien el climax debe atravesar a
la protagonista, tal como la dramaturgia de un guion de trama arquetípica
demanda, en este caso ese momento único, desprendido de la crisis que empuja la
decisión de Agnes de ir al teatro, es vivido por todos, adentro y fuera de la
película. Y dentro de todos los logros de la cinta de Chloé Zhao éste es el que
más impresiona y horada hasta el fondo del alma.
Directora: Chloé Zhao
Guion: Chloé Zhao – Maggie O’Farrell
Reparto: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Noah
Jupe, Emily Watson.
Fotografía: Lukasz Zal
Diseño de Producción: Fiona Crombie
Música: Max Ritcher
MARTY SUPREME
Eli Bush, Ronald Bronstein, Josh Safdie, Anthony Katagas and
Timothée Chalamet, Productores
Palmarés: 37 premios, 284 nominaciones. Ganadora: Boston
(Reparto). Critics Choice (Actor). Chicago (Actor). Globos (Actor). National
Board (Película). NY Film Critics ( Guion).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor, Guion
Original, Reparto, Fotografía, Diseño, Vestuario, Edición.
Marty Supreme es Timothée Chalamet. Eso es todo. No se puede decir más de manera asertiva y concreta. Por supuesto, es una enorme producción cinematográfica de altísima factura visual y sonora, con un espléndido dominio de todas y cada una de las dimensiones de espacio, tiempo y punto de vista que se espera de un esfuerzo creativo y técnico de este nivel. No hay nada que reprochar hasta que contemplamos el desperdicio de una historia que podría darnos una gran película y se queda apenas en un plano de impacto, algo muy mediático (promoción fuera de liga) y algo también muy, pero que muy entretenido.
El ritmo imparable y sigiloso a partir de una edición
certera y radical, la sincera atmosfera de años 50, la sucesión infinita de
acciones, los cientos de golpes de efecto pulidamente insertados, una coral de
personajes diversos y atractivos con fuerza y peso, una banda sonora del futuro
cómplice y dadivosa, una composición visual de sobrados matices y detalles. En
ese sentido, la película tiene mucho mérito. La presencia de Gwyneth Paltrow (Kay
Stone) da un toque elegante, el momentazo de Tyler The Creator (Wally) es
vigoroso, Fran Drescher (mamá) no desluce. Y no se puede pasar por alto, la
inteligente, divertida e intensa interpretación de Odessa A’zion como Rachel
Mizler. Está sola esa mujer.
El problema es el personaje central, Marty Mauser, sí, es
divertido, sorprendente, irreverente, talentoso en el arte de mentir y pegarle
a una pelota de ping-pong, pero seamos sinceros: es un imbécil egoísta,
abusivo, prepotente, explotador, detestable… no es exactamente un buen ser
humano. Seguro que Marty McFly le diría: “You’re an asshole!” Y para completar,
el arco dramático de corte redentor no alcanza a salvar su tóxica existencia.
Claro, el mérito es de Chalamet que nos convence a fuerza de una entrega total,
inmersiva, honesta y auténtica. No es posible dudar más del sobresaliente
actor. Es un pequeño genio en crecimiento. Lo otro obvio es que no necesitamos
que los personajes nos simpaticen para que apreciemos la calidad de una
película… lo que sí precisamos es que sea creíble y consistente su recorrido
narrativo. Esperamos que el héroe presentado (porque Safdie y Chalamet no lo
están vendiendo como héroe) nos trame de alguna forma sustancial. Y ese tercer
acto con el clímax y el desenlace de Marty Supreme está lejos de lograrlo.
Pasa que el guion está plagado de exquisitos clichés y
convencionalismos que se han ido fermentando a través de la historia del cine
estadounidense, y más concretamente, en el reino de Hollywood. Son tan buenos
estos lugares comunes que casi pasan desapercibidos… por algo está nominada,
no? Lo crudo del asunto es que es la
misma historia de épica personal que nos han contado miles de veces al estilo
de Forrest Gump, El misterioso caso de Benjamin Button, En busca de la
felicidad, con la diferencia de que estas pelis sí que narran llegando al más
allá fílmico sin recurrir de modo evidente a los recursos de mesa que emplea
Marty Supreme.
A ver, la secuencia del clímax, como acertadamente de pasada
tras la miranda de Sirat (por cierto, sufrimiento recomendado) me
comentaran dos exalumnos que son tremendos cinéfilos, no es más que una Karate
Kid Pong. Así la llamaron… y me caló porque cuando vi la peli sentí algo
extraño al ver esa parte. En realidad, esperaba otro clímax y otro desenlace.
Ya sé, el problema es mío, pero es que hay derecho a decepcionarse. Es que ese
plano final no convence. Ni un poquito. Resulta no sólo artificial y
complaciente, sino que es de veras un cambio inverosímil. Por eso afirmo que es
un desperdicio de historia: pudiendo ser memorable y significativa, termina
siendo una más de tantas y tantas y tantas de las colinas de Holly.
Tal vez la mejor definición de un personaje como Marty
Supreme se encuentre en la letra de La Perla, la furibunda y graciosa canción
de la bruja Rosalía… ¡un terrorista emocional!
Director: Josh Safdie
Guion: Ronald Bronstein, Josh Safdie
Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’Zion
Fotografía: Darius Khondji
Diseño de Producción: Jack Fisk
Música: Daniel Lopatin
ONE BATTLE AFTER ANOTHER
Adam Somner, Sara Murphy and Paul Thomas Anderson, Productores
Palmarés: 255 premios, 499 nominaciones. Ganadora: Boston
(Guion adaptado). BAFTA (Película, Director, Guion Adaptado, Actor Reparto,
Fotografía, Edición). Critics Choice (Película, Director, Guion Adaptado).
Chicago (Película, Director, Actor Reparto). Globos (Película Musical o
Comedia, Director, Actriz Reparto, Guion). National Board (Película, Director,
Actor, Actor Reparto, Actriz Destacada).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Dirección, Actor, Actor
Reparto (2), Actriz Reparto, Guion Adaptado, Reparto, Fotografía, Música,
Diseño, Edición.
Una auténtica pieza maestra. Cine en su más alta cocción. Un plato que se puede saborear muchas veces sin que nos hastíe. Y que permite hablar de muchas cosas a la vez sobre cada aspecto cinematográfico que se quiera. Es una obra fílmica que admite muchos niveles de apreciación dada su calidad y alcance. Por supuesto, eso incluye el debate y el disenso porque es un relato con múltiples capas de sentido.
La primera impresión fuerte que deja es el complejo
ensamblaje de la música compuesta por Jonny Greenwood. Sabemos que el febril
guitarrista de Radiohead se ha convertido por obra y gracia de la diosa
Pelicula en uno de los grandes compositores del cine contemporáneo. Aparte de
su colaboración continua con Paul Thomas Anderson, creó la atmosfera de Spencer
(Larraín, 2021), El poder del perro (Campion, 2021) y Necesitamos
hablar de Kevin (Ramsey, 2011). En Una batalla tras otra la
plasticidad, el contraste, el cromatismo, el tempo extraño y recurrente son
claves de una sonoridad musical que narra en contrapunto con la imagen en una
suerte de simbiosis inquietante. No es claramente una banda sonora para generar
placer, pero tampoco está ajustada a las convenciones del género de la peli.
Logra romper las reglas y establecer su propia voz con firmeza y claridad.
El lugar del sexo en relación con el poder es otro
tono grávido que se instala en el relato de forma evidente, a riesgo de incomodar,
marcando territorio de modo que el espectador deba leerlo no como un dato
anecdótico, sino como un elemento fundacional en la esencia radical
de sus personajes. Hay algo que se mueve entre lo incontrolable, lo contradictorio y lo
estructural que se encarna en Perfidia (Teyana Taylor), Sean Penn (Lockjaw,
Mandíbula Fija, en español) y Leonardo DiCaprio (Bob). Las decisiones con
sus consecuencias y las versiones con sus puntos suspensivos son definitivos en
la coreografía psicológica y emocional de la historia. Está claro que esta
tonalidad sirve de sustrato para algo más allá de su naturaleza y que alude a
las intenciones declarativas de la película de PTA, que además de todo,
condicionan el nivel de ruido, cuestionamiento y controversia sobre el papel
del arte en el mundo de hoy, por acotar la reflexión a un área muy concreta de
la fragilidad de la verdad, los ultraísmos excluyentes y la ausencia de
crítica.
La progresión narrativa posee una fuerza incontenible de
acciones, cambios, obstáculos y transformaciones que brindan una experiencia
intensa al espectador, donde sus sensaciones, emociones y pensamientos están a
prueba constantemente. Cada secuencia está dotada de interés y expectativas
crecientes. Con el valor adicional de un humor cáustico que no atiende a
doctrinas, credos ni ideologías, no es que evite el compromiso es que no le
interesa sentar posición de verdad última. Con una malla de personajes tan
diversos y complejos, interpretados con determinación y autenticidad por un
grupo singular de actrices y actores, el resultado es un relato atrapante e
inteligente en su desenvolvimiento, gracias también a un trabajo de fotografía
y montaje magistrales. Con un punto de elevada estatura cinematográfica en la
secuencia final de la persecución en el Río de Colinas (River of Hills). Acá
PTA y su equipo firman su paso a la posteridad… después de haber tocado la
inmortalidad en una filmografía tan exquisita como la del cineasta
estadounidense.
Hay algo que no puedo dejar de mencionar, por coherencia y
respeto con la narratología del guion y no por ortodoxia, sino por puro
ejercicio analítico e interpretativo de cuestionamiento. Alguien hizo notar
algo en relación con el desarrollo del clímax de la película que me puso a
pensar. Se planteaba que el conflicto debe resolverlo, o no, el personaje
protagonista, es su vida la que ha sido alterada de modo definitivo, sin
embargo, acá no sucede exactamente así. ¿Podemos tomar esto como una falla de
un guion que ha sido elogiado y premiado por todas partes?
Considero que sucede algo bien interesante: Bob (Leo) no es
en realidad el protagonista único del relato por más que la promoción de la peli aluda siempre a su imagen molecular. Su hija, Willa (brillantemente
interpretada por la debutante, Chase Infiniti), ya es protagonista desde que
está en el combativo vientre de su madre que dispara una metralleta a toda
mecha. Ella es la auténtica alteración, ella es el elemento disruptivo, ella es
la que debe asumir la acción. Es tan definitivo su protagonismo que al cierre de la peli, ella
es la que sale a perseguir el cambio, mientras Bob apenas observa y da
recomendaciones de buen padre que tiene buenos motivos para confiar en su
criterio y determinación.
Este tipo de disgresiones cinéfilas ocurren por la
existencia de una maravillosa peli como lo es Una batalla tras otra que
tiene muchas probabilidades de alzarse con el Oscar a la mejor de esta
temporada. Tal vez por cierta pretendida corrección política, pero sin desmérito de su calidad
cinematográfica.
Director: Paul Thomas Anderson
Guion: PTA – Thomas Pynchon
Reparto: Leonardo Di Caprio, Sean Penn, Benicio del Toro,
Teyana Taylor, Chase Infiniti.
Fotografía: Michael Bauman
Diseño de Producción: Florencia Martin
Música: Jonny Greenwood
THE SECRET AGENT
[Emilie Lesclaux, Productor]
Palmarés: 76 premios, 149 nominaciones. Ganadora:
Nominaciones Oscar 2026: Película, Película Extranjera,
Actor, Reparto.
Infortunadamente esta no pude verla porque no se exhibió en la ciudad. Es una verdadera lástima porque desde el Globo de Oro que se llevó Wagner Moura, las críticas y reseñas no dejan de reconocer su calidad y complejidad narrativa. Resulta gratamente significativo que Brasil repita por segundo año consecutivo en la categoría de mejor peli internacional, luego del merecido triunfo de Aún estoy aquí de Walter Salles.
Así que lo lamento: no puedo hablar de lo que no he pasado
por mi miranda. Espero poder verla en algún momento y escribir luego sobre
ella.
Director: Kleber Mendonça Filho
Guion: Kleber Mendonça Filho
Reparto: Wagner Moura
Fotografía: Evgenia Alexandrova
Diseño de Producción: Thales Junqueira
Música: Mateus Alves
- Tomaz Alves Souza
SENTIMENTAL VALUE
[Maria Ekerhovd and Andrea Berentsen Ottmar, Productores]
Palmarés: 64 premios, 298 nominaciones. Ganadora: BAFTA
(Película Extranjera). Cannes Gran Premio (Director). European Film Awards
(Película, Director, Actriz, Actor, Guion, Música). Globos (Actor).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Película Extranjera,
Director, Actriz, Actor Reparto, Actriz Reparto (2), Guion Original, Edición.
Esta es otra película sabia en su cometido de narrar la condición humana con profundidad, realismo y generosidad. Es un renovado homenaje al poder inmenso de una historia contada con claridad y fluidez, apelando a lo clásico con la eficacia cinematográfica contemporánea donde las elipsis (saltos de tiempo/espacio), la progresión y los estados de acción concitan a un espectador atento y hábil lector de imágenes. La cinta está construida sobre un dispositivo que, por la manera en que se inserta en el relato, termina siendo un personaje más con personalidad, dones y contradicciones, pausas y movimientos, transformaciones y continuidades. La casa establece las coordenadas del recorrido emocional que nos propone esta vez Joachim Trier, quien desde su decidida La peor persona del mundo ya nos advertía de sus altas apuestas cinematográficas.
Llama la atención que mucha de la
crítica y la opinión en redes plantee como temática central la de un padre
ausente que trata de recomponer lo deshecho a lo largo de los años. Por
supuesto, esto pasa como subtexto y sustrato de la progresión dramática, pero
el conflicto tiene que ver directamente con Nora (Renate Reinsve: qué poderosa actriz
para rato tienes, diosa), la hermana mayor de la familia Borg, quien al lado de
su hermana, Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas: gran sutileza y dominio) deberá
enfrentar su propio sino y desentrañarlo todo para poder seguir adelante, con
vida. La clave dramatúrgica es la riqueza de temas que atraviesan el relato,
con gran complejidad y al tiempo con una soltura magistral. La maternidad, la
paternidad, la sororidad, la cotidianidad, el trabajo, la creación, el talento,
los recuerdos, los traumas, las dudas, las certezas.
Sentimental Value es una auténtica bitácora de la experiencia de ser humanos, con unos frescos de personalidades completas sensibles en la piel de las actrices principales, la tímida compañía de una soberbia Elle Fanning como Rachel Kamp y Stellan Skarsgård (Gustav Borg, el padre), con su acostumbrada suficiencia y versatilidad.
La arquitectura narrativa es acogedora y dinámica, con matices hábilmente construidos a través de una perfecta sincronía entre la puesta en cámara y la puesta en escena. También Trier toma ventaja del esquema de representación escénica para jugar con nuestras percepciones y provocar nuestra atención de manera activa. A ello se acopla el silencio maravilloso del sonido directo, característica consustancial al cine europeo en donde la música juega un rol bien diferente al que solemos escuchar en el cine estadounidense, o en general, en el cine comercial casi moldeando las emociones. Acá, por el contrario, la música de Hania Rani posee una fuerza tridimensional de alcances insospechados que se hace carne y sangre de la acción dramática, en su propia verdad y sin artilugios.
El esperado equilibrio, la reescritura del tiempo vivido, la
posibilidad de tomar las oportunidades (no en una segunda instancia, sino en
todas las que brinde la vida), el encuentro definitivo y sanador con la propia
identidad, todo en balance de cierre que deviene con el costo ineludible de
mirar la realidad directamente a la cara, sin excusas ni justificaciones. La curva dramática de planteo, progresión, clímax y desenlace se desplaza sinuosa y preciosamente, en
una atmosfera de naturalidad, frescura y autenticidad que se agradece.
La solidez cinematográfica establecida con elevados criterios técnicos, estéticos y narrativos se hace transparente gracias a la laboriosidad del director y sus intérpretes. El espectador participa de su tránsito, se hace uno con sus emociones, acompaña y sostiene, ríe y llora, vive allí también, en la casa familiar. Lograr esa empatía es un verdadero milagro sólo explicable por la humanidad de la historia y el oficio comprometido de sus realizadores.
Director: Joachim Trier
Guion: Eskil Vogt – Joachim Trier
Reparto: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter
Lilleaas
Fotografía: Kasper Tuxen
Diseño de Producción: Josefin Åsberg, Jørgen Stangebye
Larsen
Música: Hania Rani
SINNERS
[Zinzi Coogler, Sev Ohanian and Ryan Coogler, Productores]
Palmarés: 304 premios, 495 nominaciones. Ganadora: Boston
(Película, Director, Fotografía, Música). BAFTA (Guion Original, Actriz
Reparto, Música). Critics Choice (Guion Original, Reparto, Actor Joven,
Música). Globos (Música, Logro Cinematográfico y Taquilla). Grammy (Banda
Sonora, Música). Actor (Mejor actor).
Nominaciones Oscar 2026: 16 en total. Película, Director,
Guion Original, Reparto, Actor, Actor y Actriz Reparto, Fotografía, Maquillaje
y Peinados, Música, Canción Original, Sonido, Efectos Visuales, Diseño,
Vestuario, Edición.
Una delicia sangrienta de ritmos hábilmente mezclados que termina siendo una interesante y lúcida declaración de libertad creativa y vital. Esta es una peli de ver varias veces sin que se agote la experiencia. Por esos misterios que sólo la diosa comprende, se dieron una serie de eventos personales, de producción, de presente histórico, de antecedentes afroamericanos, de tradición fílmica y de madurez oportuna que dieron lugar a esta pieza única.
Salgamos de una vez por todas de un sitio pantanoso: la
referencia a Del crepúsculo al amanecer, Robert Rodriguez, 1996. Hay
quienes consideran que Pecadores es una copia de aquella. Coogler mismo
reconoció como uno de sus referentes la película de gore vampírico. Un buen
director debe nutrirse del cine y ahondar en sus preferencias y
descubrimientos. Y en especial cuando quiere hacer una peli de género,
respetando, o por lo menos, considerando las claves del juego en cada caso. La
secuencia de acción más fuerte de Sinners (corta en relación con el metraje)
está incrustada en esas variables. Quizá sí Coogler hubiese sido menos respetuoso,
esta secuencia podría alejar la sensación casi deja vu que experimentan algunos
espectadores.
Dejando esto a un lado, que ya estuvo bueno, debemos tomar
el conjunto del relato y confirmar lo que la experiencia de ver la peli
despierta y que ha generado su amplia aceptación por parte de la crítica y de
las audiencias a nivel global. En su modo de exposición, Sinners está
pulidamente dotada de momentos de una consistencia brutal. Recordemos por poner
un ejemplo: la manera como nos narra que la familia asiático-americana Chow atiende
a dos tipos de mercados y clientes. Lisa, la hija, sale de la ferretería y la
cámara la sigue en todo su recorrido de cruzar la calle, entrar el otro negocio
de abarrotes, llegar hasta donde está su madre Grace, darle el recado y que
ella vaya a ver de qué va la cosa… y la cámara no la suelta en su trayecto de
regreso hasta que habla con su marido, Bo, y con Stack.
Lo genial es que este dispositivo no es reutilizado. Cada
momento posee su propia estructura y dinámica de planos y acción. Esto habla de
un estilo que explora y no quiere fórmulas, lo que implica un riesgo: terminar
con un rompecabezas que no se acaba de armar por su caos e incoherencia.
Coogler logra escapar a esa sentencia guiado por su intuición, el cuidado en la
escritura del guion y el convencimiento del poder inatajable del cine. El truco
de anclaje es por supuesto la música. Es ella la que le permite ir de un estado
de narración a otro sin que se perciban rupturas o desajustes que saquen al
espectador.
Sinners es una gran obra coral, con una sorprendente lucidez
interpretativa de su protagonista Michael B. Jordan, el descubrimiento de un
talento insondable como el de Miles Caton (Sammie), la presencia plena de Wunmi
Mosaku (Annie), la gracia grosera de Hailee Stainfeld (Mary), el dominio
escénico de Delroy Lindo (Delta Slim), la malévola y engañosa silueta de Jack
O’Connell (Remmick) y el resto del elenco que sostiene un mundo con una trama plástica
y atmosférica de una época y que se hace eterna gracias a un acertado epílogo.
Director: Ryan Coogler
Guion: Ryan Coogler
Reparto: Michael B. Jordan, Jack O’Connell, Hailee
Stenfield, Miles Caton, Delroy Lindo, Wunmi Mosaku.
Fotografía: Autumn Durald Arkapaw
Diseño de Producción: Hannah Beachler
Música: Ludwig Göransson
TRAIN DREAMS
[Marissa McMahon, Teddy Schwarzman, Will Janowitz, Ashley
Schlaifer and Michael Heimler, Productores]
Palmarés: 29 premios, 173 nominaciones. Ganadora: Critics
Choice (Fotografía). Indepedent Spirit (Película, Director, Actor, Fotografía).
Las Vegas FC (Fotografía). Los Angeles FC (Fotografía). National Board
(Película, Guion Adaptado). AFI Award (Película).
Nominaciones Oscar 2026: Película, Guion Adaptado,
Fotografía, Canción Original.
El poder de la evocación y la nostalgia, con un toque doloroso insufrible, plasmado en un relato de fuerza natural desbordado de humildad y sencillez. Sin ser la favorita, además de producida para el streaming, la cinta de Clint Bentley logra instalarse con seguridad en la zona de las muy buenas películas de la temporada de premios. Y lo hace acudiendo al expediente confiable de saber contar una historia con los elementos más simples posibles. Desafía la imperante necesidad de ir rápido, pasar de una cosa a otra, volar con la atención de menos 15 segundos, jugar a que te puedes quedar y permanecer en una escena que se toma su tiempo, que narra sin trucos. Es maravilloso que consiga conectar con ese ropaje anacrónico, pero que está astutamente cosido con los mejores recursos de la narración del cine contemporáneo. Una cinta de época que habla en presente. Bestial.
Además de una delicada, profunda y abrumadora construcción
del personaje central, Robert Grainer, en las manos de Joel Edgerton,
contemplamos con afecto creciente su relación con su enamorada esposa, Gladys,
bajo la piel de una siempre acuciosa Felicity Jones, a la vez que lo
acompañamos fielmente en sus temporadas de tala con el deseo del pronto regreso
a casa mientras conocemos las insanidades de su labor, bajo la constelación de
compañeros de trabajo que con el paso del tiempo se hacen también entrañables.
Hay que destacar por supuesto, cómo no, la interpretación del señor William H.
Macy como Am Peeples. Y como clavija del género, la voz susurrante del Wil
Patton como narrador.
Y aunque posee ese mencionado insufrible doloroso toque, el
paso del tiempo cumple su labor y conseguimos ir al ritmo del corazón
atribulado de Grainer y soportar con él todo lo que viene. Ese detalle
mayúsculo de respetar el destino de los personajes habla muy bien de la
confección del guion en las teclas del director mismo, Bentley y su colega,
Greg Kwedar, en la adaptación de la novela de Denis Johnson. El logro de esa
melancolía recurrente y nostálgica se debe en gran parte a la fotografía de
Adolpho Veloso, cinematografista brasileño quien por cierto es el primero de su
país en ser nominado a los Oscar en la categoría de mejor cinematografía. Y la
música de Bryce Dessner se acopla suavemente a ese tono general. El sello de la
canción de Nick Cave resulta justo, más aún considerando que no estaba en el
primer corte.
Trenes de sueño es una película sensible que invita a
devolvernos a lo esencial en la vida, a considerar nuestro lugar en este
planeta y a resignificar el valor de entregarnos sin esperar nada a cambio y
sin pretender cambiar el mundo. Una lección de serenidad, compromiso y
perseverancia.
Director: Clint Bentley
Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar, Denis Johnson
Reparto: Joel Edgerton, Clifton Collins Jr., Felicity Jones
Fotografía: Adolpho Veloso
Diseño de Producción: Alexandra Schaller
Música: Bryce Dessner










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