
RayoAzul Reseñas
Le Fabuleux Destin d’ Amélie Poulain
[El fabuloso destino de Amélie Poulain, Jean Pierre JEUNET, 2001]
Por Ana María HURTADO LÓPEZ
Esta reseña contiene ‘claves de trama’ (espóileres) lo cual puede resultar incómodo para ciertos lectores que no hayan visto la película.
Esta película del director francés Jean-Pierre Jeunet es un cuento de hadas urbano. Las imágenes, la música, los personajes, todo se une para crear un relato mágico sobre la búsqueda de la felicidad. Es una historia acerca de tomar riesgos y darle oportunidades a los demás y dárselas a uno mismo, todo bajo la mirada fantasiosa de una mujer de veintitrés años. Y como todo cuento de hadas, cuenta con un narrador que nos muestra a Amélie y su mundo.
La primera secuencia de la película consta de diferentes escenas que nos muestran un panorama general de lo que ocurría en París en los años 70 en el momento de la concepción de Amélie, la protagonista, hasta el momento de su nacimiento, como queriéndonos indicar el comienzo de una historia. Para esta secuencia, Jeunet emplea primeros planos, planos americanos y algunos planos generales, a manera de descripción de la ciudad y sus acontecimientos.
Se debe resaltar que en la película se utilizan toda clase de planos; desde grandes planos generales que muestran panorámicas de París, hasta planos detalle, cortos, medios y primeros planos, que son los más empleados. Por medio de este tipo de planos se busca acercarnos a los personajes y sus diálogos, en especial a Amélie, ya que en esta historia lo importante es la dimensión psicológica de los mismos. Jeunet busca que haya cierta cercanía, que nos familiaricemos con los personajes de esta historia y los sintamos como conocidos propios. La iluminación también contribuye a este factor, ya que su tono cálido y amarillento da cierta sensación de intimidad y nos invita a unirnos y a hacer parte de este magnífico relato. Así mismo, el hecho de que los eventos se desarrollen en lugares cotidianos y familiares como una cafetería, un apartamento, un barrio o un parque ayudan a incrementar esta sensación de familiaridad.
En la secuencia siguiente nos presentan un recuento de la infancia de Amélie. Conocemos a sus padres, vemos lo que les gusta y lo que no, gracias a detalles bastante particulares que nos da el narrador de la historia, y llegamos a tener una idea de la clase de personas que son. Estos detalles son pequeñas actitudes que hacen parte de su diario vivir, y que más que acciones son pequeños actos que revelan su carácter. Descubrimos entonces que su padre es frío y distante, y que su madre es demasiado nerviosa y neurótica. Así mismo, observamos episodios de la infancia de Amélie que marcaron su vida, como la muerte de su madre y el hecho de que su pez, su único amigo en el mundo, hubiese intentado escapar o suicidarse; o que no hubiese podido ir a estudiar y jugar con otros niños, debido a la creencia de su padre de que tenía una deficiencia cardiaca.
Como había mencionado anteriormente, la dimensión psicológica de los personajes es sumamente importante, pues a partir de ella es que tiene lugar la historia. A raíz de todos estos eventos, descubrimos que Amélie es una niña muy sola e introvertida, que se refugia en la imaginación para sobrellevar su triste y solitaria vida. En este momento notamos que la imagen deja de ser una imagen - escena, que simplemente representa algo, para convertirse en una escena llena de imágenes-laberinto. Sus amigos imaginarios y fantasías, así como la actitud de su pez, no sólo son eso, sino también una representación de sus sentimientos, que se ven reflejados en dichos elementos.
Igualmente vemos una alusión a la pulsión icónica desde el punto de vista de una pequeña niña, en una escena donde le toma fotos a las nubes, las cuales tienen forma de oso de peluche y de conejo. Tal vez sean los deseos reprimidos de la infancia feliz y normal que le fue negada. Eventualmente, la protagonista decide soñar y vivir en su mundo imaginario hasta tener la edad suficiente para irse de su casa. Su gran imaginación la acompañará siempre.
Posteriormente, en la siguiente secuencia, vemos a una Amélie ya mayor, haciendo su vida como mesera en un café. De la misma manera como conocemos a sus padres, con sus gustos y disgustos, conocemos a sus compañeras de trabajo y algunos clientes regulares del café que hacen parte de la vida cotidiana de Amélie. Igualmente la conocemos a ella, gracias a pequeños detalles que nos da el narrador sobre las cosas que le gustan. Así nos damos cuenta que además de su imaginación, Amélie goza cultivando los pequeños placeres de la vida, detalles ínfimos que hacen parte de nuestra cotidianidad pero que de alguna manera nos hacen felices. Vemos entonces, por ejemplo, que para relajarse cuando está preocupada o nerviosa le gusta arrojar piedras al agua, o que le gusta ir al cine a mirar las caras de los espectadores en la oscuridad y ver detalles en la película que nadie nota. Estas cosas la hacen una persona bastante particular, pero a pesar de que pareciera ser una persona feliz, Amélie es una mujer solitaria.
En esta secuencia también conocemos a sus vecinos, particularmente a Raymond Dufayel, un hombre con una extraña enfermedad congénita que no ha salido de su apartamento en 20 años, y se dedica a hacer copias de una pintura de Renoir: “El almuerzo de los remeros”.
Con esta secuencia culmina la introducción de la película, que es bastante larga, mas sin embargo es extremadamente importante para comprender a los personajes y poder así entender la película. Este film se desarrolla y trata la cotidianidad, en lo que en mi opinión podrían ser sus matices mágicos. Eventos que nos ocurren a diario sin que les prestemos mayor atención, pero que al verlos proyectados en una pantalla de cine se nos hacen bastante peculiares.
A continuación se nos presenta el hecho que marca el destino de nuestra protagonista, y por ende de la película. Amelié descubre en su baño una pequeña caja de juguetes, un tesoro escondido por un niño en los años 50. Al ser una persona que disfruta de las pequeñas cosas de la vida, Amelié siente una felicidad inmensa, y se da al propósito de devolverle la caja a su legítimo dueño, y así a su vez hacerlo feliz.
En la siguiente secuencia vemos la búsqueda de Amélie del dueño de la pequeña caja. En esta búsqueda se ve obligada a recurrir a sus vecinos, y en el proceso los conoce y conoce sus historias. Así mismo, el encuentro con el señor Dufayel, uno de sus vecinos, cambia el curso de su vida. Este peculiar personaje, quién la ayuda en su búsqueda, también le plantea nuevos interrogantes sobre su vida. Las reproducciones de la pintura de Renoir, al representar una escena al aire libre, se podrían tomar como ese deseo de experimentar el mundo exterior que por razones de salud no puede hacer suyo. Sin embargo, a través de un personaje del cuadro que para él ha sido imposible de capturar, una niña con una copa de agua, Amélie comienza a ver proyectada su propia vida. Se ve reflejada en esa niña, y entre los dos intentan descifrarla, saber por qué es como es y no se deja capturar.
Tras devolver satisfactoriamente el tesoro a su respectivo dueño, Amélie decide volverse una vengadora del bien, por así decirlo, y hacerle la vida feliz a las personas que tiene a su alrededor. Tal vez quiere tomar toda la felicidad que no tuvo y dársela a los demás. Es importante anotar que siente la necesidad de brindar esta clase de ayuda en secreto.
En las secuencias posteriores vemos cómo cumple su cometido de diferentes maneras: concretando el amor entre una de sus compañeras de trabajo y un cliente del café; vengando al asistente del verdulero local por los malos tratos recibidos de su patrón; e incluso alienta a su padre a cumplir su sueño de juventud de viajar que se vio frustrado por la supuesta anomalía cardiaca de su hija, robando un gnomo de su jardín y mandándolo a viajar por todo el mundo enviando fotos de los países que ha visitado. La figura del gnomo es especialmente interesante, pues lejos de ser un simple gnomo de jardín es una reconciliación con el pasado del padre de Amélie. El gnomo estaba situado sobre un altar que el padre había construido para albergar las cenizas de su esposa, aunque esta en vida odiaba a la pequeña estatua. La colocó ahí a modo de hacer las paces. Tal vez las fotos del gnomo sean una invitación a dejar el pasado atrás y perseguir su sueño.
Otro punto que es importante mencionar es la simbología que tienen las rocas en esta película. Cuando Amélie está a punto de hacer algo que va a cambiar la vida de alguien siempre toma una roca que encuentra por ahí y la mete en su bolsillo. Esta imagen-laberinto se puede relacionar con el hecho de que le gusta tirar piedras al agua para relajarse. Las rocas simbolizan la seguridad y estabilidad que necesita para cometer sus actos justicieros. Todas estas acciones la hacen feliz a ella también, sin embargo siempre siente que falta algo, como lo corroboran las conversaciones con el señor Dufayel, proyectándose a través del personaje de la pintura. En estas conversaciones que surgen a lo largo de toda la película, Amélie se va descubriendo a sí misma.
En medio de su afán por hacer al mundo un lugar más feliz, Amélie tiene breves instantes de encuentro con Nino Quincompoix, un hombre de su edad y bastante particular como ella. Su mayor dicha consiste en coleccionar fotos que la gente desecha de las cabinas fotográficas de las estaciones de tren, las cuales conserva en un álbum. Tras un leve incidente, Nino pierde su álbum y Amélie lo encuentra. Al examinarlo ve que la foto de un hombre está repetida muchas veces y es tomada en diferentes estaciones de la ciudad, y empieza a formular teorías sobre quién será. Sin conocerlo, Amélie se enamora de Nino, aunque el narrador nos deja entrever que de alguna manera, estos dos personajes se conocían desde siempre, conectados por el deseo de encontrar a alguien como ellos mismos con quién pudieran relacionarse.
Aquí la historia da un giro que va de la búsqueda de la felicidad de otras personas, a la búsqueda de la felicidad personal. Amélie comienza a jugar juegos con Nino y con las fotos, con la intención de devolverle su álbum y de conocerlo también, aunque le cueste admitir su amor.
Las fotos toman un lugar muy importante, no sólo como representaciones icónicas del retratado, sino también como translatio ad prototytum. Así tenemos que la foto del hombre misterioso no es sólo eso. Para Amélie, por ejemplo, es el alma del hombre que se niega a envejecer. Es también representativa del misterio cuya resolución la une con Nino, pues ambos quieren saber quién se esconde tras esa imagen, y eso es lo que los conecta. De igual forma, las fotografías con pistas que se dejan uno al otro por toda la ciudad, también son más que simples imágenes. Son la materialización de sus encuentros, aunque ambos se esconden tras ellas.
Aquí tenemos una alusión a la pulsión escópica, ese deseo eterno de mirar, en este caso rostros y vidas ajenas; y no sólo mirarlas, sino intentar ver más allá del rostro que representan para descubrir sus personalidades e historias.
En este punto también encontramos lo que sería la posible resolución del conflicto de la historia. La oportunidad de ser feliz se le presenta a Amélie por primera vez. Está todo dado, pero, ¿será capaz de salir del refugio seguro de su imaginación e introversión, dejar sus miedos y arriesgarse a jugar el juego del amor? ¿Es posible encontrar la felicidad personal mientras se intenta encontrar la felicidad de otros? Se nos plantea un conflicto del personaje consigo mismo. Al no haber tenido contacto constante con otras personas a lo largo de su vida, es difícil para Amélie abrirse al mundo y relacionarse. Sin embargo debe dejar sus miedos atrás, arriesgarse y darse la oportunidad de conocer y amar a alguien nuevo para así encontrar su felicidad.
Así en las últimas secuencias de la película se descubre el misterio del hombre de la cabina fotográfica, que resulta ser el reparador. Amélie decide resignarse a su suerte, tirarse al vacío y conocer a Nino.
El desenmascaramiento del hombre de la cabina es crucial, pues una vez descubierta su identidad, Amélie siente que es el indicio de desenmascararse también y enfrentarse a Nino. Tras otra serie de juegos o “estratagemas” como ella los llama, arregla un encuentro fallido, seguido posteriormente por un malentendido en la comunicación que le hace perder su fe en el amor.
Sin embargo, el señor Dufayel, que podría considerarse el hada madrina de nuestro cuento, le da un último impulso a nuestra heroína para enfrentar su destino y alcanzar su felicidad.
En la secuencia final, vemos como la vida de todos cambió y es más feliz gracias a las acciones de nuestra protagonista, y cómo ésta, como en todo cuento de hadas, se queda con su príncipe azul. Así mismo, observamos un panorama general de diferentes acciones cotidianas que ocurren en París en ese momento, y como al inicio de la película, nos indican el comienzo de una nueva historia.
La historia de Amélie podría ocurrir en cualquier momento histórico, sin embargo se desarrolla en el París de finales de los años 90. Jeunet quiere ser más específico aún, y nos ubica en una fecha exacta: agosto 29 de 1997, dos días antes de la muerte de Lady Di. Quiere recalcar el hecho de que esta es una historia contemporánea.
Todo ocurre en un París actual, más específicamente en Montmartre. Sin embargo, pienso que el director nos quiere mostrar los aspectos de la vida cotidiana de la clase media de la ciudad, que no necesariamente se desenvuelve en un ambiente hipermoderno. La vida diaria de personas comunes contemporáneas, sus quehaceres, vestidos, gestos, gustos y forma de relacionarse son lo que nutre la iconósfera de este relato.
Aunque la película se desarrolla en la época actual, también se nutre de imágenes de décadas anteriores, como los 40’s y 50’s. Es especialmente interesante el tratamiento que se le da a la iconosfera aportada por la televisión y las películas de esa época. Cuando vemos a Amélie ya mayor, “la voz de su conciencia”, por así decirlo se manifiesta a través de la televisión, de películas viejas en blanco y negro donde ella es la protagonista junto con las personas que tiene a su alrededor. Tal vez sea así, igual que cuando se siente identificada con la niña del cuadro, porque siente que no pertenece a este mundo. Prefiere vivir en su mundo de fantasías y sueños que encarar la realidad de la vida. Tal vez se siente dentro de una película, o simplemente se siente identificada con la iconósfera que esta brinda, como cuando hace un acto de justicia y se imagina como el personaje del Zorro.
Ya para relacionarse con los demás, como en el caso de los videos que le envía al señor Dufayel, Amélie tambien recurre a imágenes más modernas como bebés nadando o imágenes del Tour de France, que siempre muestran lo efímera que es la vida, pero como a pesar de todas las dificultades siempre hay un lado positivo y se puede salir adelante. Igualmente, esta idea del televisor como la voz de la conciencia se puede aplicar al final de la película, cuando en un vídeo el señor Dufayel anima a la protagonista a ir en busca de su amado.
En este film, Jeunet también recurre al uso de los sensogramas, que aunque por lo general son utilizados en los cómics, aquí también se emplean para mostrarnos lo que el personaje principal siente y piensa. Así, tenemos por ejemplo que a veces, cuando se imagina algo, aparece un globo al lado de su cabeza con la escena en cuestión, o que cuando se le acelera el corazón porque está nerviosa aparece un corazón palpitante dibujado en su pecho. También encontramos que cuando se quiere resaltar que hay ciertos objetos en su bolsillo, éstos se iluminan, o cuando siente que el mundo se le viene encima, se rompe como el agua. Es como si el director quisiera que sintiéramos o experimentáramos sensorialmente lo que Amélie siente todo el tiempo. Después de todo, es imposible saber que hace verdaderamente feliz a una persona sin conocerla.
La película en sí, es una imagen - escena, al mostrarnos una representación de la vida parisina en la época contemporánea. Sin embargo, esta imagen - escena a su vez contiene algunas imágenes - laberinto que hemos discutido a lo largo de este texto. Esta simbología es importante teniendo en cuenta que esta película apela a las emociones, y las emociones, al ser entes abstractos, requieren de formas simbológicas que las representen y las hagan “concretas” ante el público. Hacer evidentes y presentes todas estas simbologías y sentimientos es lo que hace que la podamos comprender, pues es una película sobre la búsqueda de la felicidad, sobre las añoranzas y los sueños de la gente común.
La música también desempeña un papel importante en el film. La banda sonora está a cargo de Yann Tiersen, y, como la historia, es simplemente mágica. Son canciones instrumentales, alegres en su mayoría, calmadas, cálidas y reconfortantes. Son melodías que despiertan la imaginación e invitan a soñar, como la película misma.
Cabe resaltar que estas magníficas canciones, al igual que los efectos de sonido, o sonidos incidentales sólo se presentan cuando el destino de alguien está a punto de cambiar gracias a las acciones de Amélie, o cuando estamos descubriendo aspectos importantes de su personalidad. Por lo demás, solo escuchamos los diálogos, sin música de fondo alguna, solo los sonidos normales del entorno.
La música es un complemento perfecto a la historia y a la película en si, ya que nos sumerge en un mundo de fantasía, alegre y positivo.
No sobra reiterar que este film es un cuento de hadas moderno y urbano sobre la búsqueda de la felicidad. Cuenta con una heroína que tiene como cometido hacer de la vida de sus conocidos una experiencia más feliz y placentera, aunque quiera hacerlo en secreto (cosa rara en la sociedad moderna, ya que ni siquiera somos capaces de encontrar lo que nos hace verdaderamente felices y mucho menos pensamos en hacerle la vida feliz a los demás, sobre todo sin obtener nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento), rescatando así de alguna manera los valores caballerescos; cuenta con un hada madrina, un hombre lleno de sabiduría dispuesto a ayudar a nuestra heroína en su labor, y cuenta con un bosque encantado donde se desarrolla la historia: la ciudad de París. Amélie le lleva felicidad a sus vecinos a través de sus acciones, pero a su vez esta cinta le trae felicidad a quién la ve.
Jean-Pierre Jeunet nos quiere mostrar una visión diferente de la vida diaria. Una visión llena de optimismo donde los pequeños detalles son lo importante. Nos invita a encontrar la magia subyacente en nuestra imaginación y en nuestras acciones cotidianas para crear un cuento que, si lo pensamos bien, podría estar pasando todos los días.
Acerca de la autora:
Ana María Hurtado López es una joven estudiante de Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Tecnológica de Pereira. Destacada desde sus primeros trabajos como una cuidadosa escritora, esta reseña surgió como entrega final en su curso de Semiótica.
Puedes consultar más información acerca de este filme en:
http://imdb.com/title/tt0211915/
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