1. Las circunstancias
La esquina norte del sur continente,
el océano izquierdo, el mar derecho,
las tres cordilleras encrestadas,
el anciano y perdido río mayor,
la selva salvaje en ríos de domesticación,
el llano ardiente y fugitivo,
los dulces valles azucarados,
las lomas de oscuro cafetal aromatizante,
las sabanas costeras de maríapalitos sembradas,
las montañas citadinas en su fronteriza tarea.
Los mangos, los naranjos, los yarumos,
las palmas, los ocobos, los cedros,
los cauchos, los limonares, los guayabos,
los piñales, los aguacatales, los mandarinos,
las huertas centenarias,
la fruta total y mayor
innúmera.
Las vacas ensoñadas, los cerdos imposibles,
los fieles brutos, los perros cómplices,
los gatos espesos, los canarios presurosos.
Las lenguas indígenas diversas, polifónicas, charladoras,
los acentos acariciantes, evocadores, divertidos.
El español con sus mil disfraces, creciendo en el suelo fértil
de las pieles multicolores de dignidad florecidas.
El arpa temblorosa, el tiple cantor,
el acordeón viajero, la zampoña melancólica.
La ruana en la montaña voraz,
el poncho abrasador,
los sombreros frescos y amistosos,
el voltiao, el aguadeño, el de fieltro,
coronando la campesina cabeza.
Las sandalias de joropo encendidas,
las faldas airosas del bambuco,
las polleras iluminadas de la cumbia,
las desnudeces marineras del mapalé.
Los viejos sabios y conversadores,
los padres de la labor paciente,
las madres de la compañía sin condiciones,
los hijos del día que llega.
La joven figura repetida en mil formas y colores,
por todo el terruño,
abajo en el calor sofocante de la manigua,
centro en la templanza ineludible del valle,
arriba en el frío tórrido y madurante de la cordillera.
La sangre en tropelía,
la muerte en carnaval,
la historia despojada y despojante,
el hoy sobreviviente apenas,
el siguiente amanecer, una brumosa proximidad
huidiza.
2. Los hechos
Treinta mil almas arrebatadas en cada giro soleado.
Cincuenta mil sombras devorando las montañas sin tregua.
Ocho millones más durmiendo con el vacío
del hambre, de la intemperie, de la ignorancia.
Quinientos y menos poseedores de todos los destinos
y ningún mañana.
Veinticuatro millones y más observantes impávidos y silenciosos.
Dos y medio millones rebuscando el espacio.
Ciento veinte sombras senatoriales errabundas de dignidad.
Miles de saqueadores en la espiral de veinticuatro diarias horas
en los mares, los valles, las montañas, las selvas.
Dos, tres, cinco, siete, nueve, millones de incontables corruptos
sin el escrúpulo apaciguador cruzando
la frontera hacia la tierra estéril de la barbarie.
Mil y miles más de proyectos disecándose en el olvido,
custodian sus lápidas otros miles de perfectos negociadores perversos.
Cientos de voces oscuras convocando el apocalipsis y
exprimiendo bajo su yugo la conciencia dispersa
de multitudes hambrientas de dioses y manuales.
Este el balance tímido cubriendo el cielo, negando la vida.
Una contabilidad vergonzosa e ineludible.
Otra manera sórdida de ahondar en la demencia.
Aquel compás volátil del desenfreno en colectividad.
3. Las posibilidades
Sobre la mesa esquiva, algún día,
sentados sin escapatoria,
devorados por mil odios, urgidos por la muerte,
con la carga innoble de sus actos de guerra
y embellecidos por el riesgo del futuro,
los Señores del Caos depondrán sus aceros
para conversar la paz, el sosiego, la calma,
simientes de justicia, albor de reparación,
solera de perdón mas no olvido.
Los testigos intemporales vigilan,
la noche bolivariana exige compensación,
Palonegro reniega su suerte,
Abril 9 desgarra el destino impuro,
La tarde soachana maldice la hora,
Otro abril, este 26, grita la primavera.
El Salado reclama justicia y memoria.
Y cada fecha del año tiene su dolor
preciso, nombrable, familiar.
En cada colombiano corazón
la muerte corre disoluta y cínica.
No sabe ella egoísta consumada
que su hora ha llegado,
ahora que tras disolver los orgullos y
aceptar la condición absoluta
de la vida, los guerreros inconscientes
sofocados, amargados, derrotados,
se disponen pacientes y ansiosos
a devorar el mañana,
acordando ceder algo a cambio de todo.
Quizá la entrada que más me ha gustado de todas las que te conozco Perso. Una buena dedicatoria a nuestra Colombia sangrienta pero alegre. No tiene decadencia. Ritmo impecable. La leí y no pude evitar notar su tono melodioso. De fondo tenía Amor que se baila de Otros aires. Disfruté intentando convertirlo en una intensa canción de protesta. Un abrazo.
ResponderBorrarBien, Dan, me alegra que te haya tocado mi escritura... un regalo de mil desvelos.
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