— ¿Y cuántos años cumple tu sobrina?
—
Once.
Latido.
—
Está bien lejos eso.
—
¿Qué?
— El año en que tuve once.
Latido.
— Fue un buen año. Año de mundial. Aunque es una
lástima que Holanda no haya podido ganarle a Alemania.
—
Ah, sí?
— Claro, 2 –1. Era un equipo tremendo ese de
Beckenbauer, con Gerard Müeller que fue el máximo goleador de ese mundial.
— Era cuando uno se ponía pantalón cortico y unos
tenis sucios y torcidos y salía a jugar pelota.
— No jugaba fútbol… era muy malo. Ya a los once
estaba metido de tiempo completo en los libros.
Latido.
— A los nueve había leído Hamlet, por supuesto no
lo entendí. Bueno, entendí que se trataba de un loco que se hacía el loco para
que los demás lo tomaran por loco y así poder hacer las locuras que tenía que
hacer.
Latido.
— A los once no cambiaba un ejército de
soldaditos de plomo por ningún libro.
— Y yo ya estaba con todo Twain encima, y luego
Verne y claro, Dumas, Dickens… y ese, el negro, Edgar Allan Poe.
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