martes, noviembre 20, 2012

Slomo

Todo sucede con una rapidez tal que ni aún pasando la cinta en cámara lenta se alcanza a precisar cada movimiento. Él está detrás de la columna, sacando la cabeza un poco y con la mano a un costado sosteniendo el arma. Ella piensa que igual nada podría hacer. Un solo disparo y todo habrá terminado.

En un instante Ella se asoma a la ventana, un segundo, su rostro en el borde inferior, luego un disparo seco. Él da la vuelta sobre la columna, quedando frente a Ella. La chaqueta gris tiene una gran mancha roja fuerte extendiéndose. Ella mira a medias. La ventana está vacía.

Abajo Ella frente a Él dispara a sólo tres metros. El tiro entra por un ojo, Él cae hacia atrás, se golpea contra la columna y se escurre por el piso. Está bien muerto. Ella ve cuando Ella se lleva el arma al pecho y dispara de nuevo. Cae. Ve un cuerpo tendido y escucha su propia voz: “No quiero morir sola. Quisiera tener una rosa que me hiciera compañía. Tengo un calor... hace tanto calor. Tal vez, un poco de agua, tal vez”. 

La mano derecha hacia atrás, buscando algo que está sobre su cabeza. Una llave de registro. La mano hace girar el grifo y el agua sale a borbotones hasta formarse un charco que la va cubriendo poco a poco.

Ella recoge el brazo hasta la cintura y con la ayuda de la otra mano, se quita con dificultad la blusa. Sus pechos desnudos, oscilantes y húmedos. Pezones duros. Cierra los ojos. Ya no está allí.

1 comentario:

  1. Me inquieta, Luis, ese juego de tercera persona en el relato, cómo si existieran más de dos personajes. Hay una idea suicida, un sentimiento perdurable de calor físico, como irritación en una Cartagena a 40 grados. Pero lo más extraño es lo del grifo, me la imagino tirada en el suelo tratando de abrirla (aunque me esté equivocando) Y el título Luis, ahí le sigo la pista para ver qué es.
    Saludos.

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