Mañana domingo 2 de marzo se entregan en Los Ángeles los premios Óscar, sin duda los más publicitados galardones de la industria del cine. ¿Son los premios –este y otros similares– una clave para determinar qué películas veremos o deberíamos ver? Aparte del hecho de ser uno de los espectáculos televisivos más costosos con más de seis meses de preparación, hay algo alrededor de la figura del dorado calvito que suscita curiosidad, cuando menos.
Cuando consultamos la cartelera
de cine para decidir qué película ver encontramos que las opciones disponibles
son producciones en su mayoría de origen norteamericano. Muy pocas veces disponemos
de la alternativa de ver cine de otras nacionalidades. Cierto que en los
últimos diez años, desde que tenemos una Ley de Cine, es posible ver estrenos
de películas nuestras que de manera tímida pero constante y algunas veces con
éxito coronan las taquillas. Casos como Soñar no cuesta nada, Rodrigo Triana,
2007 o las ya infaltables historias producidas por Dago García hacen un balance
valorable desde el punto de vista de la taquilla. Y en otros casos, algunas
cintas como la mexicana No se aceptan devoluciones, Eugenio Derbez, 2013,
impactan la pantalla de modo singular. Pero son excepciones a una regla que
desde hace unas décadas domina la escena de exhibición de cine en Colombia: el
mercado es de las películas estadounidenses. Y esto no sucede solo acá, es un
tema global con contadas excepciones. El asunto es que no siempre fue así.
El cine mundial ha tenido como
parte de su estrategia de comercialización los grandes premios otorgados por
los gremios en cada país o por los festivales más prestigiosos. El
reconocimiento que recibe una producción incide positivamente en su éxito
comercial. El efecto de un premio es que los distribuidores deciden qué
películas llevar a los cines. Por supuesto, no es el único factor pero es innegable
que cuando el espectador contempla el palmarés de una cinta en su afiche
promocional se siente más que inclinado a verla… confía en que es una buena
película. La certificación de un premio es la declaración de principios de
determinado jurado que considera esa cinta una obra digna de ser apreciada. Y
entre más importante sea el premio, mayor confianza despertará en el público.
Los premios de la Academia de
Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, conocidos popularmente
como Óscar, tienen una historia ya casi legendaria y siguen siendo el
reconocimiento más anhelado por muchos realizadores del mundo. Entregados por
primera vez en 1929 para premiar a las cintas producidas entre 1927 y 1928, su
ceremonia de entrega es uno de los espectáculos televisivos más vistos en el
mundo. El premio es entregado por los miembros de los cinco grandes sindicatos
del cine: actores (el mayoritario), guionistas, directores, productores y
técnicos. Gremios que están simbólicamente representados en los cinco radios que
componen cada rollo sobre los que se alza la figura calva y dorada de Óscar,
apoyado en una espada que bien puede ser analogía de la diosa de la Justicia o
simple nostalgia de un mundo caballeresco ya desaparecido. Cualquier persona
que tenga experiencia en producciones con capital estadounidense y que pague la
membresía, puede ser miembro de cada gremio y adquirir el derecho a votar. Se
sabe que al menos tres colombianas lo son: Paola Turbay, Sofía Vergara (que
cuenta con el récord de 37 nominaciones por su estelar en la serie cómica
Modern Family; es una broma que seguro la barranquillera celebraría) y la única
con una candidatura al Óscar como Mejor Actriz Protagónica, Catalina Sandino
quien recibió la nominación por su papel en María, llena eres de gracia en
2004. Está también John Leguízamo, el reconocido actor neoyorquino que ha
logrado triunfar en la gran pantalla y en especial en el teatro. El bogotano de
nacimiento es sin duda alguna, un norteamericano más de los cientos de inmigrantes
latinos que llegaron al suelo del imperio anglosajón para hacerse una vida, en
su caso en la gran pantalla.
Pero el Óscar no es el único
premio que se otorga cada año para reconocer la producción y el arte del cine
contemporáneo. Tampoco es precisamente el más apreciado entre los cinéfilos y
los realizadores. Hay preferencias y casi que cada país donde se hace cine tiene
su propia estatuilla; incluso nosotros tenemos el Macondo del cual hablaremos
más adelante.
En la tierra donde un diciembre de
1895 naciera el cine y décadas más tarde surgiese el movimiento de la Nueva Ola
y con ella el concepto de cine de autor, hay dos premios con larga tradición y
peso. Según la crítica especializada el más prestigioso premio es la Palma de
Oro y lo otorga el Festival de Cannes en Francia desde 1939. La característica
más significativa de Cannes es que acoge como candidatas, películas producidas
en todo el mundo. Curiosa o irónicamente, según se quiera leer, el país con
mayores galardones es Estados Unidos. Además concede premios compartidos en
empates muchas veces bastante controvertidos. Cannes se ha distinguido por su
elegancia y por ser a la vez la plataforma de lanzamiento de muchas nuevas
estrellas e incluso de estrellas de momento, en pura clave de farándula
glamorosa.
Francia tiene una política de
protección al cine francés muy dura, en una clara y abierta declaración de
guerra al cine norteamericano. Cannes pareciera ser una zona franca. Las
películas francesas son reconocidas con el César que se otorga desde 1976 y
cuenta con 19 categorías. Sin embargo, es innegable que pese a los esfuerzos de
la Academia Francesa de Cine, la penetración en el mercado del cine de sello
hollywoodense ha terminado por imponerse en las pantallas, o al menos, por
darle cara al cine nacional sin importarle que para su exhibición deban doblar
al francés todas sus películas.
En Alemania tienen el Oso de Oro
con sus distintas versiones y categorías. Catalina Sandino obtuvo un Oso de
Plata [compartido con la ‘monstruosa’ Charlize Theron, en 2004], siendo hasta
ahora la única colombiana que ha alcanzado tal logro. La cinematografía alemana
que tuvo su largo cuarto de hora con el Nuevo Cine alemán de los 60 y 70 con
Herzog, Wenders, Fassbinder y muchos otros tras el encuadre perfecto, sobrevive
gracias a las subvenciones del gobierno, la televisión privada y algunos
organismos paneuropeos que persisten en la idea de un cine fuerte y de peso
nacional. En la Semana de Berlín (la Berlinale) donde se otorgan los Osos, se
muestran y premian cintas de diversas partes del mundo, haciendo un énfasis
particular en los últimos años en el llamado cine independiente o marginal.
Justamente el Festival de San
Sebastián, en España, que entrega la Concha de Oro ha logrado mantenerse como
uno de los premios más valiosos e impactantes de la industria cinematográfica
por la arriesgada combinación, en sus categorías de elegibles, del cine
norteamericano y del cine de sello independiente o de tradiciones nacionales de
cine periférico. La Donostia, o semana de San Sebastián, se ve año tras año
ambientada con la presencia de las grandes celebridades del cine mundial y de
reconocidos directores y productores, a la par de los anónimos y discretos
realizadores del mundo casi oculto del cine. España también cuenta con el Goya,
un premio dado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, de creación
más bien reciente si se tiene en cuenta la antigüedad de los otros galardones.
Los Goya han no sólo contribuido a apoyar la industria española que no escapa a
la crisis mundial sino, el cine iberoamericano que en los últimos años aumentó
su cuota de presencia a través de las coproducciones. Películas como El secreto
de sus ojos, Juan José Campanella en 2010 y la recién premiada Azul y no tan
rosa, Miguel Ferrari, de Venezuela, atestiguan esa intención. A los Goya aspiró
la película colombiana El Rey de Antonio Dorado en 2004.
En Inglaterra donde florece una
de las escuelas actorales más poderosas de la industria cinematográfica la
British Academy of Films and Television Arts entrega desde 1948 los premios
Bafta, en calendario siempre previo a los Óscar y casi como calco de los
premios angelinos. No existe ya la fuerza que en algún momento de la historia
tenía el cine británico para hacer la diferencia. Pese al carácter benéfico de
la Academia que se esfuerza por reconocer los logros del cine insular, la
sombra cada vez más grande de los estudios norteamericanos se alza peligrosa
sobre una de las tradiciones fílmicas fundacionales. No por nada las mejores
escuelas de documental del mundo están en territorio inglés.
El Festival de Venecia,
arrancando en 1932 es el más antiguo del mundo, se ha caracterizado por ser el
epicentro de los estrenos de las grandes producciones de Hollywood en Europa, y
de ciertos directores como Woody Allen, Quentin Tarantino, Jim Jarmusch. El
León de Oro sigue rugiendo con fuerza pero su bramido ya no marca territorio,
aunque su prestigio no declina. Avalado por Federación Internacional de
Productores Cinematográficos, Venecia es uno de los pocos festivales clase A. Allí
ha ido nuestro cine con directores como Víctor Gaviria, Felipe Aljure y Sergio
Cabrera.
Los festivales con sus premios y
los gremios nacionales con los suyos, proveen a los cinéfilos y realizadores de
todo el mundo de una detallada base de datos de las películas que se destacan
en los distintos renglones que exige la producción audiovisual. Observar con
atención los listados de los ganadores en las diversas categorías permite
orientar el gusto, canalizar la expectancia fílmica y enriquecer la experiencia
de producción. Es tan significativo el efecto de los reconocimientos sobre la
industria que incluso el cine independiente –que pretende apartarse del círcuito
comercial dominante– tiene los propios creando ya un referente para los
cinéfilos, la crítica especializada y los nuevos realizadores: por eso vale
mencionar al Sundance Festival, el Festival de Toronto, Tribeca, entre otros.
En nuestro país se han presentado
varios intentos por crear unos premios otorgados por un gremio de la industria
cinematográfica consolidado y fuerte. Solo en los años recientes y con mucho
esfuerzo y más bien tímidos logros, se creó la Academia Colombiana de Artes y
Ciencias Cinematográficas que para este año espera entregar el Premio Nacional
de Cine Macondo a las producciones de 2013 entre las que figuran como nominadas
a Mejor Película: La playa D.C. Juan Andrés Arango; La sirga, William Vega;
Chocó, Jhonny Hendrix Hinestroza y Roa, Andi Baiz, al lado de otras 15
categorías. No hay mucha información al respecto, lo cual no es una buena señal
pensando en la continuidad y el reconocimiento por parte de los colombianos. El
asunto es serio. En nuestro cine todo es serio (léase: crítico), siempre lo ha
sido y al parecer así lo será. La idea de los premios es apenas un índice
narrativo bastante revelador.
Treinta años atrás, tal vez más,
en las salas de cine de nuestro país cuando no existían los multicines, se
veían películas de muchas partes del mundo. Y si el cine comercial no permitía
el acceso a producciones por fuera del circuito norteamericano, los cine clubes
asumían ese reto y lo cumplían eficazmente. Pereira fue una meca del cine
clubismo nacional. Hicimos historia… que ya se perdió y que por lo visto a
nadie le importa recuperar. Es importante mencionar esto en relación con el
tema de los premios mundiales al cine porque como decíamos al comienzo, la
distribución y la exhibición de cine se orientan en parte por esos indicadores,
no solo por la taquilla.
¿A quién le corresponde cambiar
el panorama actual de la cartelera nacional? Mejor aún, ¿es posible cambiarlo?
¿Tendrán alguna idea al respecto la Dirección de Cinematografía o Proimágenes?
¿Será que la Academia con sus muchos programas universitarios dirigidos a la
realización audiovisual puede o debe decir algo? Hemos avanzado en nuestra
industria produciendo 10 o 15 películas al año pero… ¿cuántas de esas pueden
hacer la diferencia? Cierto que logramos apoyar la realización de cortos con la
ventana obligatoria de exhibición en salas nacionales, pero, ¿es suficiente? Hay
cine maravilloso rodando por todo el planeta… ¿por qué no podemos verlo en una
sala de cine?
El cine norteamericano es parte
de la historia del cine mundial. La calidad de sus producciones es
incuestionable en los casos más singulares y destacados. Grandes directores,
guionistas, actores, fotógrafos, sonidistas… y sí, talentosos productores, nos
han legado muchas obras maestras y muchas buenas películas. Y las nominadas
este año son una prueba tangible de ese aporte. El asunto no es dejar de ver
cine estadounidense, el asunto es poder ver más… mucho más de todos los
rincones donde se invoca el mantra: “¡luces, sonido, cámara, acción!”
CODA:
Vale una trivia de cierre con los vaticinios de RAYOAZUL para este domingo:
Mejor Película: 12 years a slave, Steve
McQueen.
Mejor Actor: Leonardo DiCaprio, The wolf of
Wall Street, Martin Scorsese.
Mejor Actriz: Cate Blanchett, Blue Jasmine,
Woody Allen.
Mejor Actor Secundario: Jared
Leto, Dallas Buyers Club, Jean-Marc Vallé.
Mejor Actriz Secundaria: Lupita
Nyong’o, 12 years a slave, Steve McQueen.
Mejor Director: Alfonso Cuarón,
Gravity.
Mejor Guion Original: Her, Spike Jonze.
Mejor Guion Adaptado: 12 years a
slave, John Ridley.
Mejor Película Animada: Frozen.
Mejor Película Extranjera: La
gran belleza, Paolo Sorrentino, Italia.
Mejor Cinematografía: Emmanuel
Lubezki, Gravity.
Mejor Edición: Alfonso Cuarón,
Marc Sanger, Gravity.
Mejor Diseño de Producción: El gran Gatsby.
Mejor Vestuario: El gran Gatsby.
Mejor Maquillaje y Peinados: Dallas Buyer Club.
Mejor Música Banda Sonora: Gravity, Steven Price.
Mejor Canción Original: Gru, Mi Villano Favorito 2, Pharrell
Williams, “Happy”.
Mejor Mezcla de Sonido: El hobbit: La desolación de Smaug.
Mejor Edición de Sonido: Gravity.
Mejor Efectos Visuales: Gravity.
Mejor
Documental: The act of killing, Joshua Oppenheimer, Signe Byrge Sorensen.

Luis, tarde pero llego. Con el vaticinio se hubiera ganado algún premio, creo que solo falló en dos ganadores.
ResponderBorrarLástima lo que pasó con el movimiento del cine club en Pereira. Cuando yo salí de la ciudad creo que empezaba a decaer.
Creo que el interés por ver cine de otras partes del mundo, no solo de producciones estadounidenses, debe de empezar por la televisión. La televisión, bien o mal, es una fuente de educación, es una estrategia también. El fomento al cinete colombiano o de otras partes debe de prepararse desde ese punto. Los programas de noticias en la sección de la farándula hace referencia a grandes premios del cine, pero en vez de centrarse en las películas su visualización es de la llamada Red Carpet, entonces, sin un Versage o Luis Vuitton, es muy difícil tener preponderancia.
Por otro lado la televisión cultural no tiene mayor publicidad, algún momento fuerte para presentar otras opciones cinematográficas en el espacio de mayor audiencia, y los programas dedicados al cine, al documental, a los cortometrajes, los pasan solo por Señal Colombia, que en mi opinión menos mal existe y tiene algo de fuerza en el país, pues acá en México los grandes medios casi casi se llevan de cuernos a la televisión pública, o tienen un horario en altas horas de la noche, y un viernes, día parrandero, así suene raro.
No se aceptan devoluciones es buena película, a mi parecer, pero tampoco es la pelícua sorprendente del cine mexicano. Creo que su éxito se debe a la fuerza que el director y actor de la misma, Derbez, tuvo entre los mexicanos con su programa de humor 'Derbez en cuando' o 'La familia peluche'. Así se dio a conocer y obtuvo la empatía de las personas, los humoritas lo obtienen con facilidad, cuando no es humor político sino circunstancial o de la vida cotidiana. A quien en Colombia no le agrada la Gorda Fabiola o El Flaco Agudelo. No es un humor como el de Tin Tán o Cantinflas, pero tiene sus seguidores. Por eso la película fue la más vista, del cine mexicano, en Estados Unidos (¿cuántos mexicanos hay en Estados Unidos?, la añoranza cuenta). El tipo no me cae mal, pero eso hay que tenerlo en cuenta, además de la gra publicidad que Televisa le dio en uno de sus programas, casi dos horas en el Muy Buenos Dïas mexicano el "Sabadazo" . Un show que lo ven las familias del paíz azteca y las que vivnen al otro lado de muro en Tijuana.
Televisa es poderosa, más de lo que suponía. No es solo una cadena de televisión. Como editorial tiene dos o tres revistas dedicadas al cine, circulan en todo el país, y tiene relaciones con otras productoras en latinoamérica. NO se el quita que ha hecho cosas interesantes como las cápsulas de los 'Imaginantes' o el documental 'Hecho en México' que lo pasaron en cines comerciales, yo me lo vi, pero solo apoya una parte y muchas películas geniales no salen de México o se desconocen. Este es un país consumista, está cerca de Estados Unidos, pero ttambién es alternativo, independiente, tiene la gran Cineteca Nacional y un apoyo publicitario impresionante. Es una oportunidad para ver otros estilos en el cine. también tiene Colectivos o Foros como el Tonalá, donde Gael García inició su itinerario de su Documental 'Ambulantes' sobre migración, tiene los Premios Ariel, los Colectivos, los peuqeños talleres de Cine, pero eso no más se ve en Ciudad de México. El apoyo del gobierno es nulo, en todos lados de Latinoamérica (El presidente solo sale a dar su apoyo cuando felicita a un cineasta que se la jugó apra ahcer lo suyo, como Cuarón, y que le tocó hacerlo por fuera del país) Nadie opta por los que inician o tiene otra historia para contar.
El futuro, creo, de los realizadores con un estilo narrativo diferente, con un tema no tan encuadrado por nuestra forma de pensar el mundo, con documentales o con poco presupuesto está en Internet. Ya lo vemos. Netflix, por ejemplo, es muy barato acá en México (claro, se tendría que mirar la brecha digital también) y pasa desde lo más comercial hasta lo más independiente, cambiando constantemente la programación (claro, habría qué mirar cómo seleccionan qué ver). Allí hay una oportunidad. como también en otros canales de video, aparte de Youtube.. Aunque no sé si con esto se afecte la gran pantalla, el teatro, su glorioso rayo azul Luis, maestro. ¿Valdría correr el riesgo de perderlo si se mejora la diversificación temática? Abrazos.
BorrarTavo, está tan bueno tu comentario que te pido permiso para convertirlo en entrada. Se llamará: Un comentario vestido de entrada. ¿Me concedes la gracia?
ResponderBorrarUn abrazo enorme.
Luis, claro que sí, lo repito. Eso está para que lo mejoren.
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