jueves, octubre 07, 2004

Hablemos clarito esta noche

Durante los últimos años se ha venido incrementando el reclamo por una televisión que genere opinión, que investigue los hechos, que ofrezca los distintos puntos de vista frente a las complejas realidades de nuestro país. Señal Colombia dio un excelente ejemplo de esta búsqueda con el desvanecido La noche temática, conducido por Margarita Vidal. Entretanto, los canales privados lentamente han venido asumiendo su compromiso con la formación de una opinión pública bien informada y sobretodo, respetada.
Caracol Televisión lanzó hace pocos meses Hablando claro con la prensa, dirigido y conducido por el periodista Darío Fernando Patiño y que pretende según su carta de presentación, abrir cada semana debates con los periodistas sobre los hechos nacionales tratados en la prensa. Un poco apelando al sentido egoista del comunicador como protagonista de la noticia, y otro tanto, al más altruista del mismo periodista como analista de la realidad que ofrece al espectador, puntos de vista que superan la frontera flaca de los titulares. El balance hasta ahora es positivo: hemos tenido oportunidad de asistir a interesantes diálogos a partir de temas como la interactividad en el periodismo contemporáneo, la actuación del fútbol colombiano a nivel de selección y de clubes, el papel del periodismo en el seguimiento al terrorismo, la decantación fílmica de la Pasión según Gibson. En fin, variedad de temas. Aunque siguen pesando mucho los temas políticos y deportivos y poco los de educación, salud, cultura, vivienda, desarrollo, ciencia. Un reflejo sin duda de la ausencia de estos mismos temas en la prensa.
Un interrogante surge cuando en la última emisión sobre la mirada del periodismo europeo sobre Colombia, nos encontramos a mansalva con una entrevista con la embajadora colombiaba en España: ¿Cómo es que hablamos con la prensa si los interlocutores siguen siendo los funcionarios del gobierno? Importante hablar con la embajadora, posiblemente. No perder esa oportunidad, quizás. ¿Pero en dónde queda el principio de realidad del programa?
También Caracol Televisión viene presentando con relativo éxito (y ahí nace la crisis, cuando al analizar el tema hay que acudir a las veleidades del rating), los informes de Manuel Teodoro y su equipo. Siendo interesantes y agudas, no podemos pasar desapercibido ese aire de impacto sensacionalista con que se presentan las notas. No se cuestiona, porque no hay motivo, el contenido mismo de las crónicas, sino su presentación. Hay algo rondando que no permite acercarse al meollo del asunto: la profundidad del tema por encima de su novedad.
Otro caso digno de mención pero reducido a sus últimas consecuencias (por aquello del prime time y demás arandelas de los departamentos de programación) es Lechuza de Luz Marina Giraldo y conducido hábilmente por esa excelente profesional que es D’arcy Quinn. Aquí la intención de ir más allá de la noticia dada su corta duración, termina por colapsar cualquier aproximación profunda – que es el sentido final del periodismo de investigación –, reduciendo todo el inteligente esfuerzo a una mera ampliación de opiniones varias sobre determinados temas. Lechuza merece más que diez o doce minuticos de entusiasmo.
El Canal RCN tras los aislados esfuerzos de espacios como La noche (en la mejor época de Claudia Gurisatti), Francotiradores y El mundo según Pirry, decide consolidar una franja de programas de opinión con el serio y atrayente nombre de G11, en discreta parodia a los innumerables grupos de poder de diversos países, amparado en la simple ubicación horaria de las once de la noche. Este experimento arroja resultados disparejos.
Los lunes pese a la enorme fuerza del estilo pirry se siente un efecto de relleno incómodo para el televidente que en espera de más opciones queda a medio camino. Los martes con las entrevistas precisas, amenas y de buen cuestionario de Álvaro Garcia se hace noble homenaje a antecedentes de peso en este tipo de formatos: Pacheco y sus charlas, Margarita Vidal, Paulo Laserna y otros tantos ágiles buceadores de la opinión. Los miércoles el asunto se desnivela de nuevo, más por la forma que por el fondo. El estilo gritadito de puro ‘primer impacto’ de Gurisatti – Vargas (y la reciente aparición de Juan Pablo Bieri un joven periodista) no convence y más bien espanta. Cierto que los temas y las fuentes son de indudable valor polémico y periodístico, al igual que la estructura narrativa del programa es interesante y casi didáctica; queda eso sí esa extraña sensación de ‘me equivoqué de canal o de país’. Duele un poco, mucho la verdad, si se tiene en cuenta la formación y trayectoria de estas jóvenes figuras del periodismo de opinión de las que se espera mucho. La pregunta es: ¿No es acaso posible hablar de estos importantes temas sin dramatizar artificialmente (con un toque casi melodramático o de falso suspenso) lo que de por sí ya es realmente dramático? A esa hora, el televidente que espera por este tipo de información está bien despierto y no por hablarle durito pone más atención…
Y para seguir el conteo, los jueves la nueva versión de La banda es la que mejor muestra los efectos de ese tornado de rediseño no siempre fructuoso. Los desastres arrancan con la intempestiva (y sí, conmovedora) salida de Santiago Rodríguez quien por lo menos en cuanto a histrionismo y versatilidad recuerda a los mejores humoristas de opinión de este país: Humberto Martínez Salcedo, Jaime Santos y Jaime Garzón (el inolvidable e incomparable); y César Escola con esa habilidad tan argentina para conversar amenamente. Y la tempestad continúa con la falta de qué decir. Si bien el talento de Luz Estella Jaramillo es innegable (e igual se puede decir de la banda de verdad), las limitaciones del formato son visibles: invitados poco interesantes o bastante mojadores de pantalla, repetición de sketches y sobreexposición de la presentadora por insuficiencia de personal en el área actoral. El caso de los viernes no reviste mayores transformaciones ni siquiera de día y hora, lo que José Gabriel y su corte nos dejan ver no despierta sobresaltos ni sorpresas benévolas. Está en lo que está: el único talk show que se ha logrado posicionar en nuestra televisión. Sin embargo, para nada es garantía de ser un espacio de opinión a carta cabal. Cuando más será un programa de opiniones de cierto nivel donde no siempre florecen el disenso y la investigación. RCN anuncia la llegada de uno más… ya veremos.
Así las cosas, es evidente que estos espacios representan un repunte en las posibilidades de acceder a más detalles respecto a determinados hechos que son noticia mas no, y en esto queremos ser enfáticos, llegan a constituir una respuesta suficiente acerca de las posibilidades de fomentar el desarrollo de una cultura de opinión crítica, diversa, tolerante y conciliadora, claves para la empresa de construir procesos de reconciliación nacional, uno de los compromisos más ineludibles del periodismo colombiano, en especial el de los canales privados que acaparan la audiencia nacional.
El país necesita y exige un periodismo que escarbe la realidad con todas sus implicaciones, revelando las fisuras de una sociedad permeada no sólo por el conflicto armado en todas sus manifestaciones sino por la multiplicidad de fenómenos que atentan contra la libertad ciudadana y actúan en detrimento de las condiciones democráticas que por acuerdo social deberían prevalecer.

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