El desarrollo de nuevos formatos en nuestra televisión ha traído consigo la presentación de opciones narrativas que van desde los cuestionados realities hasta los talk shows pasando por los programas concurso, especiales, interactivos en directo y otros fenómenos que pasan sin mayor recordación. El caso de los programas para conversar merece una mirada atenta en la medida en que su concepto de diseño apuntaría a una mayor participación de la audiencia en los contenidos televisivos.
Hemos venido insistiendo en EO en que desde la apertura de los canales privados, el panorama de la pantalla menor ha cambiado al extremo de estar ad portas de la suspensión de la televisión pública (o cuando menos de su recorte más preocupante) y el alarmante deterioro de la señal y falta de oportunidades del Canal Uno que por paradojas de mercado y política se ha convertido en el último bastión de la televisión independiente. Este último argumento lo estudiaremos con detalle en una próxima edición.
Por ahora queremos invitar a nuestros lectores a echar una mirada análitica a la existencia del formato talk show en los canales privados. En su primera etapa el programa bandera de RCN Televisión en este tipo de contenidos, era un espacio conducido por Pilar Castaño, emitido los sábados desde uno de los estudios más grandes que se recuerden en la historia reciente. Habíamos pasado por una época dorada de vastos auditorios en formatos como Animalandia, Gran Sábado Gran, Sabariedades y algunos más que se nos escapan. Lo de Pilar hizo escuela aunque no prosperó. Las razones siguen siendo un misterio porque como veremos, mientras en gran parte de América Latina el fenómeno de los talk shows es uno de los que registra mayores índices de sintonía, en nuestro país no sobreviven.
Como respuesta comercial, Caracol Televisión ensayó con la figura emblemática de María Cecilia Botero una primera temporada con Tardes con María C. que se arriesgaba justamente en el horario difícil de las tardes. En esta primera etapa, la diferencia inicial era que la frecuencia era diaria, lo que por supuesto implica mayores estrategias de producción y un mayor presupuesto. La dinámica de contar siempre con temas de interés para el grueso del público no es tarea sencilla, menos cuando no se desea acudir al expediente del escándalo o el sensacionalismo como suele ser el parámetro básico de los talk shows foráneos tipo Laura en América o El show de Cristina en su época más virulenta.
En el caso colombiano, cuando los productores intentaron seguir esa tónica temática y estilística, el público protestó. Y con bríos. porque de los pocos casos en los cuales se pueda citar la participación decidida de la audiencia respecto a los contenidos de la televisión que vemos, es este de los talk shows. Por algo, cuando una de las grandes cadenas insistió en colonizar el mediodía con el programa de Laura Bocio, la reacción no sólo de la teleaudiencia sino de otros sectores de la vida nacional obligaron al canal ha suspender definitivamente su emisión. Es por ejemplos como este que podemos asegurar que el criterio de limpieza sí ha estado presente en el diseño propuesto por los productores colombianos al momento de adoptar ese variante formal.
Sin embargo, el intento de Caracol con María Cecilia no caló como se esperaba. Dispuesto a jugarse el todo por el todo, el canal lanzó una nueva temporada esta vez cambiando incluso el nombre y aliándose con una productora independiente, Promofilms. Salió al aire, con frecuencia diaria, María C. Contigo. Una de las características de esta nueva intentona era la duración, que viene a ser uno de los aspectos particulares de los talk shows que se destacan por su eshaustividad en el uso de la palabra en forma conversacional.
Escoger un tema que pueda tener interés no sólo para la teleaudiencia bogotana, ya que el centralismo en nuestra televisión es una de sus grandes limitantes, dar con los panelistas adecuados que además de exponer sus ideas lo hagan con amenidad, tener en el estudio un público dispuesto y propositivo, hacer una detallada investigación acerca del perfil de los panelistas y los expertos citados, sin olvidar la presencia de un presentador con amplio dominio del set y del tema, capaz de resolver sutilezas, preguntar con agilidad, relacionar las ideas entramando las respuesta de los participantes, hacen de los talk shows un verdaderos reto de producción.
Por eso es lamentable que experiencias como las de Pilar Castaño y María Cecilia Botero se haya difuminado en estos primeros experimentos, que por lo visto han dejado a los canales con pocos deseos de intentarlo de nuevo.
Dentro del formato talk show hay variaciones formales como los programas de mesa, donde un conductor de notable habilidad para el diálogo, impacto ante la cámara y gracia sin recetas, desarrolla durante un tiempo apreciable (una hora y media o dos), conversaciones con invitados, además se hace acompañar de presentaciones musicales. Los reyes de este formato son los norteamericanos con figuras ya clásicas como David Letterman, Jay Leno, Rosie O’Donnell y Larry King. En Colombia sólo un personaje logró intentarlo y quedarse. Se trata por supuesto de José Gabriel Ortiz con su Yo, José Gabriel. Hay que anotar sin embargo, que a diferencia de sus contrapartes que lo hacen en directo, incluso noche a noche, José Gabriel es de emisión en diferido con el dato adicional que su gracia parece estar oculta en el uso reiterado del tele – promter.
Por supuesto, el programa bandera de RCN Televisión los viernes en la noche es uno de los más vistos en el país, con un exito poco común la verdad sea dicha, frente a otros productos. Es este un espacio con un público ya cautivo con gustos y tendencias muy marcadas, no es exactamente un producto que le llegue y le interese a todos los televidentes. Y esto no es un defecto, es apenas una característica. Característica que sirve para poner de relieve dos elementos. Por una parte, Yo, José Gabriel es un excelente ejemplo de que hay público para todo, contrario al argumento fácil de que no hay sino un tipo de televidente. Y por otra, revela una de las virtudes de la televisión espectáculo: su carácter efímero e intrascendental en el que los temas no importan tanto como el momento en que se ventilan.
Recientemente, RCN Televisión sacudió el horario del medio día con una nueva propuesta esta vez en el clásico formato de auditorio pero agregándole un elemento interesante; la puesta en escena de los temas a través de dramatizados. Conducido por Viena Ruiz y Julio Sánchez Goccaro, pareja que aún no sabemos cómo van, el programa Los ojos de mi calle, introduce temas cotidianos que forman parte de la vida de los colombianos sin distinciones sociales o económicas. El programa es de emisión diaria y hasta el momento la pareja de presentadores sale con decoro.
Sin embargo, no podemos dejar de señalar varios aspectos que consideramos reducen sensiblemente el impacto social que el espacio pretende, en hora buena, alentar y lograr. En primer lugar, los dramatizados contribuyen no sólo a ilustrar modélicamente las situaciones posibles dentro del tema propuesto, sino que hacen a los espectadores (en estudio y por vía telefónica) remitirse a situaciones similares o al menos pertinentes. Lamentablemente su desarrollo, dada la corta duración del espacio, termina por opacar la profundidad esperable en el tratamiento del tema. Los panelistas dicen una o dos frases que apenas tocan el conflicto y las soluciones quedan en suspenso. Y las intervenciones del público derivan en meramente anecdóticas cuando podrían ser más ejemplarizantes y formativas.
En cuanto a las intervenciones de los presentadores en ocasiones son inoportunas porque en su afán de hacer agradable el programa, desvirtúan la seriedad pretendida del mismo. Es claro que los realizadores no aspiran a convertir el espacio en una especie de consultorio jurídico – sentimental – médico y demás. Sin embargo, la propuesta formal del diseño sí implica un mayor esfuerzo en el sentido de brindar un verdadero apoyo social a la teleaudiencia. Esto no riñe para nada con la amenidad y el entretenimiento.
Por último, llama la atención la poca convocatoria que este tipo de programas provocan en la gente que no acude a los estudios masivamente, sin entenderse muy bien el por qué. Por ahora, tenemos que conformarnos con esos auditorios reducidos, poco representativos y que reniegan, además porque todo lo decimos, de su carácter de espectáculo. Quizás no se deba sólo a un criterio de producción sino a las particulares condiciones de nuestro país, y un punto de contraste es el de los programas españoles o italianos donde la presencia del público en el estudio es para calibrar a los presentadores, además por lo general van en vivo y en directo.
Un excelente ejemplo de los alcances reales de un espacio talk show en función social es el de CityTV con su Mujeres en línea, conducido con destreza, dominio y talento indiscutible por Gloria Cecilia Gómez, el nombre no discrimina, enfoca. El programa es ágil, con variadas secciones, notas en directo (o pregrabadas) desde zonas diversas de la ciudad, invitados con temas de toda índole, público participativo e inquieto. Este espacio que casi estamos seguros nació con el canal, es uno de los más vistos por los colombianos, ya que por la gracia esquiva de las empresas de cable puede ser visto en otros sitios del país además de la capital que es su reducto original.
En el programa de Gloria Cecilia se dan cita las realidades acuciantes de la capital con su heterogeneidad, compleja trama y singulares facetas. Allí confluyen los bogotanos, que son ciudadanos de todo el país, para dar su opinión abierta y generosamente. Este espacio no se contenta con ir en directo, cada día tiene su propia temática: a la mesa, psicología, salud y familia, mujeres en casa y de moda sin que se pierda variedad, sino que suele hacer seguimiento a los temas que trata permitiendo a sus fieles televidentes, comprender mejor las problemáticas que los afectan y emprender con decisión estrategias de solución por la vía del acuerdo y el diálogo.
Quisimos reseñar en último lugar este programa que nos parece el primero por su estilo y riesgo, para dejar la puerta abierta a la discusión, una vez más, sobre los compromisos ineludibles de la televisión como servicio público.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario