Algunas inquietudes frecuentes
El público siempre tiene algo que decir acerca de la televisión que vemos. a EO han llegado algunas de esas inquietudes que deseamos poner en conocimiento de nuestros lectores y de las defensorías del televidente de los canales privados.
Con ocasión de los anunciados finales de sus dramatizados, los canales suelen empezar a promocionar el capítulo final con el aperitivo de ‘últimos capítulos’, que por lo general parece prometer un pronto desenlace. Sin embargo, pasan semanas, a veces meses, sin que realmente se produzca el celebrado final. El público se queja entonces del maltrato, del ‘engaño’ a que es sometido, del reforzado estiramiento. Y ponen como ejemplo los finales anunciados y alargados de Un ángel llamado Azul, Amor a la plancha, El auténtico Rodrigo Leal, y más recientemente, Pasión de Gavilanes que con la secuencia ‘perdidos en el pantano’ batió todos los registros posibles. ¡Cuántas veces pasaron por los mismos matorrales! No sólo por lo perdidos que andaban sino porque se necesitaba una semana más al aire.
Por lo general, el argumento de los canales es el siguiente: “son prioridades de comercialización, esto hay que venderlo”, y sí, tienen razón. Al menos una parte de razón. La otra le corresponde al público que por algo se siente estafado, que por algo tras seguir noche a noche las pericipecias de sus personajes preferidos, llega un momento en que se rebela y grita: ‘no más, por favor’. ¿Por qué la gente no apaga el televisor? Dirá el crítico. ¿Y por qué tiene que apagarlo? Decimos nosotros. Si sigue atento es porque le gusta, porque lo necesita, y en últimas porque espera un trato digno por parte de los productores. Por eso permanece y por eso, confía en que a la próxima, no se repita. Ese es su anhelo, ese es su pequeño pero significativo deseo.
Los tire y afloja de las historias con recovecos inverosímiles son otra de las inquietudes recurrentes. ¿Que a quién se le ocurre que exista una isla como la de Joaquín en Las noches de Luciana? ¿Que cómo es posible que a Alejandro en Mesa para tres ahora lo metan a la cárcel, presumiéndose su inocencia, sin hacerle la prueba de absorción atómica para demostrar que no disparó el arma con que Mario asesinó a Pedraza? Cierto que es necesario el suspenso, la expectativa… pero sin meterle la mano en la boca a la gente, dice un ciudadano. ¿Que cómo no pasan los años en La Saga, al punto que Motta sigue igual de joven así hayan pasado treinta años encima de los veinte y algo que tenía a la muerte de Tomás Manrique a inicios de los cuarentas? Y para rematar, a Pedro Manrique le clavan cuarenta años más que al resto, y cambia tanto que es otro… y bueno, claro que Frank Ramírez es un monstruo sagrado, pero es difícil creer que no había actores más jóvenes para asumir el salto. Y sigue la gente, dice una señora: “Y es que en La saga no hay más personajes, son sólo los Manrique, no hay variedad, contraste, es siempre lo mismo’.
La lista sigue y en esta ocasión hemos privilegiado las que tratan el tema de los dramatizados, aunque hay manifestaciones respecto a los noticieros e informativos en general, o los programas infantiles, o la programación de los festivos, pero será en otro momento que los abordaremos. Se dirá en este caso particular, que como siempre son bobadas de la gente, pero en realidad reflejan el alto grado de compenetración de la teleaudiencia con sus telenovelas. muestran eso que los libretistas tanto les niegan: el derecho a saber cuándo les mienten.
Ya en otra ocasión habíamos dicho respecto al tema de los libretos que el autor se debe a su historia, a sus personajes y que no debe desvirtuarlos o forzar las salidas por simple capricho o ajustes de sintonía. Todo exceso es dañino.
Seguiremos atentos a las inquietudes del público amigo que nos escribe y confiamos en que uniendo esfuerzos consigamos un poco de atención, y lo más importante, seguir viendo una televisión constructiva. Gracias a ellos por su interés y gracias a las defensorías del televidente por su labor.
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