jueves, enero 27, 2005

LA MANÍA DE UNA PASIÓN

La celebración del Campeonato Suramericano de Fútbol Sub – 20 en el Eje Cafetero ha servido entre otras cosas para mostrar, de manera muy evidente y reiterada, las escasas diferencias en los formatos que los canales manejan para este tipo de eventos. Apoyándose en la coordinación general de dos expertos y reconocidos profesionales de la crítica deportiva, un equipo de colaboradores de mayor o menor experiencia pero de cualquier manera adecuada preparación y una tecnología de cubrimiento de alcance continental (la señal se emite vía satélite para toda América y Europa), pareciera que ya está resuelta la tarea de llevar al público un evento de las características del Juventud de América.


Sin embargo, un análisis más detallado puede revelar las limitaciones y carencias de ambos estilos. Obviando eso sí la presencia dominante, a ratos sofocante, que tiene el fútbol en todas las secciones deportivas de los noticieros de la cual nos encargaremos en otro momento. Por lo pronto, miremos con cuidado las propuestas al aire. RCN Televisión con su Futbolmanía que hace parte del formato de Eventos Especiales, de la batuta de Carlos Antonio Vélez, con la narración aguerrida y patriotera de José Eliécer Torres, y los comentarios de Ricardo Henao Calderón, Liliana Salazar y otros periodistas deportivos de la región, desarrolla un estilo más bien sobrio y explícito. Es curioso como llega a ser tan poderosa (y discreta, a la vez) la influencia de una determinada manera de comentar y analizar el fútbol. Pareciera por momentos que quien habla es siempre Carlos Antonio… porque sus colegas, de forma consciente o no, terminan por imitar sus giros, acentos y particulares expresiones.


El seguimiento a las acciones desde la pista atlética sería interesante sí se mostrase más. La idea está limitada a las entrevistas que se puedan o no hacer al intermedio o al final de los partidos. El concepto visual de una sola transmisión no debe ser obstáculo para contar con una cámara adicional que haga otro tipo de cubrimiento, atendiendo a una intención particular. Lo mismo podría decirse de las imágenes que mostrasen al público asistente a los estadios. Hasta la fecha, en las transmisiones se ha omitido este recurso. Cierto que la asistencia no ha sido destacada, aunque sí se han presentado interesantes aforos cuando juega la selección local. De cualquier manera, tratándose de un certamen surcontinental la participación de los seguidores es definitiva para acentuar las emociones que despierta el fútbol.


Esto es válido también para el equipo de el Gol Caracol con la coordinación de Javier Hernández Bonett, el acompañamiento de César Augusto Londoño (periodista de amplia trayectoria y quien tiene un estilo muy propio e identificable), Ricardo Orrego, el narrador Javier Fernández y la narración bulliciosa y protagónica de William Vinasco Ch.. En el caso de Caracol, hay que destacar el carácter fuerte y preciso con que se ha venido identificando el formato que nació paralelo al renacimiento del fútbol nacional, por allá a inicios de los noventas precisamente con el Suramericano Sub – 20 de Armenia y Pereira en el que Colombia se coronó campeón. Gusta el cabezote actual diseñado con imágenes tratadas y una canción pegajosa al estilo de las barras, con texto sobreimpuesto que refuerza la letra y destaca las ideas que dominan la propuesta: gol, pasión, emoción, cancha…


Sobre los estilos narrativos ya se ha hablado bastante desde el momento en que se hizo popular seguir las incidencias de los partidos a través de la televisión. Durante un tiempo se criticó el modo radial de las transmisiones, basadas en el inmenso afecto que sienten los fanáticos por las narraciones radiofónicas, por considerar – acertadamente – que la televisión requería otras formas de dar cuenta de cuanto sucedía en la cancha entre los 25 hombres uniformados (incluyendo a los tres árbitros que en ocasiones tienen más afán protagónico que los mismos jugadores). Con el transcurrir de las temporadas fue haciéndose cada vez más notoria la realidad impuesta. Los narradores televisivos no hallaron mejor forma de competir con los colegas de la radio que reproduciendo hasta la saciedad sus estilos. Un poco en el sentido de si no puedes con ellos, úneteles.


Hoy en día da lo mismo escuchar las transmisiones por radio que por televisión, no importa que esta muestre con lujo de detalles cada jugada. La manera apabullante como es narrado el fútbol (o es comentado el tenis, por ejemplo, donde lo que cuenta es poder escuchar el golpe de la pelota contra la raqueta y los gritos reforzadores de los contendores y no las clases de técnica que intentan pesadamente dar los periodistas), termina por ser inevitable. No es que el público se haya acostumbrado o que le encuentre el gusto; no, lo que sucede es que se cansó de quejarse. Porque en definitiva lo que realmente cuenta es la imagen, y otro poco, los comentarios esclarecedores que la mayoría de las veces hacen los críticos.


Y en este sentido cabe destacar un hecho bien importante. En la radio colombiana se volvió costumbre que los periodistas deportivos se casen con uno u otro equipo, jugador o técnico, tanto para defenderlos como para atacarlos. Y cuando eso sucede, los excesos no se hacen esperar, con las preocupantes consecuencias de incentivar la intolerancia, estimular indirectamente la violencia en los estadios y aumentar los niveles de ignorancia deportiva de la fanaticada.


En la televisión esta tendencia cada día tiende de manera progresiva y alentadora a desaparecer. Quizás por el carácter inmediato y masivo de la televisión, o por estrictas directivas gerenciales o por el simple e importante hecho de que los periodistas se han tomado el trabajo de hacerse responsables de las implicaciones de su oficio, las transmisiones se constituyen en interesantes laboratorios de objetividad profesional, al punto que cuando se presentan juicios desacertados por parte de los árbitros a favor de la selección nacional en detrimento de los intereses de un contrario, son los periodistas los primeros en hacerlo notar.


El contrapeso valioso de este cambio de acentos es el análisis juicioso y complejo al que se ha logrado llegar, permitiendo a los espectadores comprender las diferentes estrategias y sistemas de ataque y defensa que los técnicos implementan.


Y en este punto resalta la mayor limitación de las transmisiones. Si bien es cierto que el cubrimiento de cámaras es preciso y permite apreciar las jugadas más importantes desde distintos ángulos y distancias, es un hecho que el lenguaje televisivo está siendo sub-explotado. Hoy en día, con los recursos informáticos a disposición, ya va siendo hora de que el fútbol (y en general los otros deportes televisados) de el salto a la información múltiple.


Cuando se menciona a determinado jugador no basta con que el comentarista nos diga que pertenece a tal club, que anotó tantos goles en la temporada anterior, o que nació en una determinada comarca de sur del continente. Lo que se precisa es no sólo ver la imagen del deportista sino un cuadro informativo que a manera de rápido resumen muestre los datos y números más singnificativos de su carrera. Así mismo, cuando se reproduce una jugada ya es posible hacer gráficos de interpretación que complementen el análisis del comentarista. De esta manera se facilita la comprensión, y por qué no, el aprendizaje del espectador.


En ese mismo sentido la idea de las cámaras que siguen las miradas de los asistentes a los estadios contribuye al carácter de espéctaculo que tienen estos eventos televisivos. La posibilidad de identificar a los jugadores no sólo por el número en sus dorsales, cabe en la presentación de las alineaciones. Esto por supuesto implica más trabajo para los canales pero, ¿será esa la razón para que no se haga? Nos resistimos a creerlo. Tal vez no se trate de imitar las producciones tipo Espn en las que la tradición estadística es más que notable, quizás encontremos un punto de equilibrio en el que la amenidad, la rapidez y la calidad se sumen para brindar un verdadero banquete al mejor estilo de la buena televisión contemporánea.


Sin embargo, y en aras del sano debate, invitamos a los lectores de EO a manifestarnos sus opiniones al respecto porque esa es una forma de enviar un mensaje claro a los productores que siempre alegan a su favor, un supuesto gusto masivo por sus estrategias comunicativas, gusto que por lo general de manera curiosa siempre va en contravía de las críticas incisivas.

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