jueves, enero 13, 2005

Los 15 minutos

1. La actriz / Carolina Gómez. Una fuerza en perspectiva.


2. El actor / Diego Cadavid. Un hombre de riesgo con estela para rato.


3. La telenovela / La saga: negocio de familia. Un melodrama oscuro y envolvente.


4. Dirección de Arte y Fotografía / Dora la Celadora. Una propuesta visual arriesgada y cuestionadora, con esos encuadres bajos de mucho aire arriba de los actores, el uso del gran angular (en otro valor al usado por Villamizar en esa delicia llamada ‘Pecados Capitales’), el manejo del espacio y la escenografía rica y amplia.


5. La banda sonora / La saga. Por su riqueza evocativa.


6. El reparto / La saga. Por la visceralidad con que los actores y actrices, en cada una de las generaciones, han asumido la representación del mundo de la delincuencia común con un nivel estético limpio pese a la crudeza del tema.


7. La edición / La viuda de la mafia. Por su versatilidad, ritmo y adecuado secuenciamiento.


8. El director / Pepe Sánchez / Todos quieren con Marilyn. Nada que hacer. El maestro sigue dando ejemplo de exacto y completo dominio de la narración televisiva contemporánea en nuestro país. Trepado en esa caravana imposible de dos mundos confrontados por la fuerza del melodrama, bien delineado por la mano cuidadosa de Juan Carlos Pérez quien cada vez se perfila como uno de los buenos libretistas, Pepe ha sabido balancear provocativamente la historia haciendo que no solo brillen los protagonistas.


9. El libretista / Dago García / La saga. En un territorio extraño a sus exitosas y amenas historias, García construyó un relato complejo por sus derivaciones de sentido al dar vida a La saga con sus personajes definitivamente turbios que se enfrentan a la sinrazón inquietante de sus destinos.


10. La pareja de reparto / Marcela Gardeazábal y Nicolás Montero. Ella en su fenomenal rol de Brigitte en Todos quieren con Marilyn es sin duda alguna, la Máx. Él bajo la capa de un abogado con escrúpulos de algodón, esconde a un bufón asustadizo y temerario. Dos colosos en batalla interior: un reto personal, divertido por demás.


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