jueves, enero 13, 2005

Los 10 crispetazos

1. Las fallas técnicas de la señal de los canales públicos y las limitaciones en la cobertura y la liquidación de Inravisión y Audiovisuales por representar una seria y creciente amenaza al futuro de la televisión pública en Colombia sin que al parecer a nadie le duela y le importe.


2. Los finales de novelas. Con las insoportables campañas publicitarias que anuncian ‘los últimos capítulos’ y los vericuetos que se inventan los libretistas para estirar lo acortable, estos experimentos de reenganche solo han contribuido a aumentar el irrespeto y la falta de credibilidad de los Canales.


3. La contaminación visual provocada por la estrategia de autopautas de los canales en todos los espacios, particularmente durante la emisión de películas, y que se extiende a la saturación de mensajes en cuanto programa hay para vender los espacios. Cierto que el mercado internacional marca esa tendencia, pero hay maneras de maneras para hacerlo, con elegancia y sutileza, respetando al espectador y a los programas portadores de este engorroso virus.


4. Los programas matutinos por el exceso de farandulismo y trivialidad. ¿Habrá que agregar algo más?


5. Las secciones de farándula de los noticieros que arrancaron tímidas y ya se tomaron confianza… y dominan las emisiones. Insistimos una vez más en que este tema del periodismo de farándula es importante pero requiere sus propios espacios. Es imperativo que el periodismo de televisión recupere su estilo análitico, investigativo, crítico, profundo que en generaciones anteriores lo hacía uno de los más importantes de Latinoamérica. Ha llegado el momento de que el periodismo de farándula a su vez de un salto y no sólo posea su propia franja sino que vaya más allá de la simple (y necesaria, aceptamos) promoción de los productos del canal de turno. Ya hay por ahí una posible alternativa, Estilo RCN, que analizaremos en detalle en otro momento.


6. Los programas infantiles y la ausencia de programas juveniles, los primeros por sus contenidos cuestionables y por el apego a fórmulas que ya exigen renovación y los segundos por no existir. Es increíble que en un país mayoritariamente juvenil la televisión no tenga opciones de comunicación audiovisual adecuadas a sus necesidades, expectativas y posibilidades. Y eso no se puede solucionar con esa peste, interesante como espectáculo televisivo y ya, de los realities.


7. Protagonistas de Novela y El mejor partido, el primero por su capacidad enfermiza para exacerbar la intolerancia de los colombianos, recurriendo al reforzamiento visual de conductas y situaciones anómalas, sin dejar de mencionar la pobreza en la realización técnica y narrativa de las pruebas actorales. Cierto que se buscaban actores pero… ¿no es el set con todo lo que implica, el espacio de mostración del intérprete? Eso de las cámaras a mano encuadrando la nada, los fuera de foco, las fallas en la iluminación, los errores de continuidad, es simplemente: imperdonable. Y en cuanto a El mejor partido sólo se le puede abonar el ejemplo que nos dio de todo lo que no se debe hacer, no sólo en un reality sino en cualquier espacio televisivo de altos presupuestos. Un fiasco insufrible.


8. Pasión de gavilanes por mostrar una vez más lo mal que nos va cuando nos ponemos a contar lo que no es nuestro. Sin dejar de lado el aspecto preocupante por ese estilo eugenésico que está cogiendo fuerza, en el que la novedad es la hipertrofia del cuerpo de mujeres y hombres. Ahora lo que cuenta es el nivel de gimnasio que posea alguien que se autoproclama actriz o actor. Y en este culebrón, crispetazo mayor, sí que se llegó a los excesos. Por supuesto, en el plano dramatúrgico no hay ninguna propuesta novedosa y más bien se apeló a viejos y caducos esquemas maniqueos con personajes insulsos e insípidos. Este producto sólo tiene dos índices y no tienen nada que ver con el esfuerzo narrativo: el pelo de Juan Reyes y las caderas sinuosas de Zharick León; para vender estas imágenes no se necesita producir una telenovela. A nadie le importa ni le importará qué pasa allá adentro en la historia, por la sencilla razón de que no hay tal.


9. Me amarás bajo la lluvia es otro ejemplo de que aún contando con un buen reparto y un idóneo equipo técnico, si no tienes qué contar (y además no sabes cómo contarlo) no hay quién te salve. Y eso es exactamente lo que le pasó al director cubano Lilo Vilaplana en este aparatoso experimento fallido. Un constante descuido en las líneas de verosimilitud, carencia de humor sincero, construcción visual sin relieves son algunas de las debilidades que aunadas impidieron que la telenovela funcionara y eso es una lástima por el equipo humano involucrado, pero sirve para demostrar que hay que dosificar las cargas de producción de los canales privados.


10. El exceso de dramatizados tipo telenovela, porque independientemente de quien los produzca, sean nacionales o extranjeros, buenos, regulares o malos, conforman una maraña intransitable que cierra el camino a otras opciones y a otros géneros, incluso en la línea misma de los dramatizados, sin dejar de lado que están esparcidos por toda la parrilla.


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