Esta reseña contiene ‘claves de trama’ (espóileres) lo cual puede resultar incómodo para ciertos lectores que no hayan visto la película... lo cual en este caso podría ser casi imposible, pero no sobra la advertencia.
Lamentará el lector la ausencia de la fuente del título (playbill) que originalmente tenía esta reseña, haciendo alusión ya de entrada al “lejano oeste”, y este cuidado fue tenido precisamente por los afectos que la película generan en quien escribe este texto, pues como en el mismo libro Del bisonte a la realidad virtual de Roman Gubern se afirma, no en sus palabras por eso la ausencia de comillas, la percepción se hace más aguda mientras mayor sea la implicación emotiva del espectador.

Es así como ahora, en primera persona, hablaré en detalle de la secuencia de Volver al futuro 3 (Robert ZEMECKIS, 1990), comprendida desde la escena en la que el “doc” Emmett Brown visita a Clara y le confiesa que viene del futuro, hasta la escena final en donde la nueva máquina construida por el Doc, después de visitar a Marty McFly regresa al siglo XX.
Hablemos de los sentidos primero…
Realmente fue conmovedor. Y es ahí cuando uno ve, entre muchas otras razones, las cosas que diferencian una buena, de una mala película. Estoy hablando de las escenas en las que el Doc confiesa a Clara que es un visitante del futuro y que tiene que volver allí. Después de ver al científico siempre concentrado en sus quehaceres, resulta realmente emotivo y tierno descubrir su aspecto sensible, aspecto tratado cuidadosamente en la elaboración del personaje que ya de por sí, de alguna manera reclamaba la exaltación de este tipo de aspectos de su personalidad. La coherencia es evidente: sigue siendo el Doc de siempre, con los pequeños disparates típicos de quien se enamora, pero al fin de cuentas, como ya dije, no deja de ser el Doc.
Así como en toda la película, en estas escenas predominan los planos medios, destacando de alguna forma el lugar y los atuendos, (detalle importantísimo de esta tercera entrega en particular), además de poner en evidencia (complementando los gestos del rostro), el sentir de los personajes (ira y sorpresa en Clara e impotencia en el Doc Brown). La música incidental además juega un importante papel, de esta manera cambia de un suave tono de ligero suspenso a uno más enérgico en el momento en que Clara no da crédito a las explicaciones –para ella falsas y absurdas- del Doctor. Cabe resaltar, una vez más a favor de la cinta, que a pesar de su dolor y enojo, en los diálogos Clara, por ejemplo, nunca se pierde la delicadeza propia del personaje.
Pasemos ahora a las escenas del día siguiente: el día del duelo con Buford Tannen. En escenas simultáneas puede verse primero a Marty despertando en un terreno a la intemperie, donde los sonidos de aves que parecen ser cuervos, vienen para reforzar el ambiente “Far West” de la producción, todo ello en un Gran Plano General y luego, un Plano General que muestra al Doc despechado hablando en la cantina, ante un público burlón e incrédulo, de cómo va a ser el futuro. En un nuevo Plano General, Marty busca al Doc, y lo encuentra en dicha cantina en el lamentable estado que ya mencioné. En simultáneo, y en un Gran Plano General, Buford y su banda ya se encaminan al duelo. Resaltando su importancia, y significativa, necesaria, ingeniosa y constante aparición a través de toda la película, en un primer plano se puede ver en manos de Marty la fotografía de su propia lápida, (claro, con el rimbombante nombre de Clint Eastwood). Las escenas en la cantina transcurren entre Planos Medios y Generales, que dan la correcta sensación de estar en un lugar lleno de gente.
Los diálogos además vienen a reforzar (sin redundar, sólo sugiriendo) la acción; es así como en el momento en que el Doc se va a tomar su primer trago, sólo se escucha un grito: “¡Emmett, No!”, denotando inequívocamente lo que vendría: el colapso del Doc por no estar acostumbrado al licor. Otro ejemplo de -como lo he querido llamar- diálogo de sugerencia, que aparece en estas escenas también, (en el que a propósito se podría resumir la gran paradoja que representa la película), es cuando Seamus McFly (el bisabuelo de Marty, interpretado obviamente por Michael J. Fox), entrando en el lugar (cantina) responde con su característica voz gangosa ante la sorpresa de alguien que no pensaba verlo por esos lugares: “algo dentro de mí me dijo que debería estar aquí, como si mi futuro tuviese que ver con ello”. Y para seguir hablando de ese juego de complementos entre imagen y parlamento quisiera destacar los momentos siguientes al desmayo del Doc: en un Plano Medio, con una toma hecha en picada, Marty se abalanza al Doc, sorprendiéndose de que por una sola copa se haya desmayado; en ese momento el cantinero pone a fabricar el “levanta muertos” (cuyas botellas se pueden ver en un Plano Corto), que dejará al Doc en diez minutos como “predicador en domingo” (o algo así), a lo que Marty en un magnífico Plano Medio, con el cantinero enfrente, y el reloj de la torre (ese representativo, e infaltable reloj gigante de la Corte del que en la primera película se colgó el Doc para enviar de regreso a Marty a 1985) apenas en construcción, de fondo, en medio de ambos, indicando las ocho menos diez, pregunta si los efectos del bebedizo no pueden ocurrir un poco antes (necesitan escapar antes de las 8:00 am, pues ésta es la hora fijada para el duelo con Tannen).
Entretanto, y volviendo a traer a colación la simultaneidad de escenas, Clara, triste y despechada por el supuesto engaño de Emmett, compra en la estación del tren “un boleto de ida” para San francisco, (frase que pone en evidencia que ella no volverá). Así, en un plano medio que permite ver a Clara ya ocupando el vagón, (siendo afianzada la sensación de viaje por los sonidos característicos del tren) con dos ancianos sentados en las sillas de atrás, aparece un diálogo que deja ver la presencia de elipsis en los manejos del tiempo, y en la voz de uno de los ancianos caballeros, así se escuchó: “sí señor, ese pobre hombre de anoche tenía el peor caso de corazón roto que haya visto. Y cuando dijo que no sabía cómo viviría el resto de su vida sabiendo cuánto lo había herido esa señorita, bueno, en realidad me sentí mal por él, aquí, aquí (Dándose golpecitos en el pecho)."
Siguiendo con lo del duelo, (y si aún me hago entender), llegan entonces Buford y su banda, mientras Marty apareciendo en Plano General, y dentro aún de la cantina, se da por vencido. Buford que está afuera (pueden verse sus secuaces y el pueblo, en una gran toma panorámica), deja ver en todo su esplendor su característica idiotez preguntando qué es darse por vencido y al comprenderlo, utiliza su ya conocido lenguaje coloquial, para referirse a Marty en términos de “gallina”, sin "saber sabiendo" que esto enfurece a su contendor. Pero esta vez, nuestro protagonista no se deja amedrentar y escapa por una puerta trasera con el Doc. Es allí donde los sonidos incidentales de clichezudas balaceras incrementan la sensación de lejano oeste, para beneficio de nuestra imaginación. En una nueva escena, Marty encuentra, en medio de la huída un cuadrado y pesado artefacto de metal, (este aparece en primer plano). Está escondido, pero ve que Buford ha atrapado al Doc y que lo matará si él no sale al duelo. A pesar de la súplicas del Doc para que no salga (todo esto puede apreciarse en un Plano General, en el que se ve a Marty desde su escondite mirando por una ventana cómo Buford amenaza con dispararle a Brown), de pronto, y en un acertado y brillante Plano Americano (las siguientes escenas serán hechas con planos bastante “cliché”, pero no por ello incorrectos, de las propias escenas de Clint Eastwood), las piernas del vaquero Marty McFly, o de “Clint Eastwood”, aparecen rudas y valientes diciéndole a todo el pueblo, y a Tannen más que a nadie que sí habría duelo.
Las siguientes tomas, alimentadas por la música de suspenso, muestran en Primer Plano, la sudorosa cara de un nervioso Marty que acerca su mano (tal como lo ha visto en las películas), al arma que le regalaron (también en Primer Plano). La siguiente toma, en Plano Americano hace que la película dé un giro inesperado cuando Marty se quita el cinturón con la pistola haciendo gala de su supuesta valentía. Buford dispara burlándose de él, y en un Gran Plano General con una toma hecha desde las piernas del “fallecido” Marty se ve a todo el pueblo silenciado, con Buford Tannen acercándose triunfante, mientras se escucha al reloj dar ocho campanadas. Y entonces, como el verdadero Clint Eastwood, Marty se levanta, asestándole un formidable golpe a Buford con el cuadrado de metal que se había encontrado cuando huyó de él, y que ahora le había servido de “chaleco-antibalas”. La música cambia del suspenso a un fragmento de la conocida banda sonora, dando a entender que una vez más los buenos han ganado. Como Biff en las dos instalaciones previas, Buford termina clavado en una carreta de estiércol. Finalmente, Marty regala la pistola a Seamus, su bisabuelo, quien, con su respuesta deja entrever la sólida construcción de los personajes: “La cambiaré por otro sombrero, ¿qué tal?” (Sus sombreros son algo ridículos, admitámoslo). Y así, habiendo vencido al enemigo, el Doc y Marty se pueden ir a buscar al tren y al Delorian, para volver al futuro.
Volviendo a la escena de Clara partiendo, después de haber escuchado al anciano y de haber descubierto que ese “pobre hombre con el corazón roto” era Emmett, en un magnífico Plano General, hala del freno de emergencia del tren (supongo que así se llama), baja del tren, y entre Planos Medios y Generales llega en caballo hasta el taller del Doc en donde descubre la maqueta de la máquina del tiempo dándose cuenta de que él le había dicho la verdad.
Paralelamente a esto, comienzan las fabulosas escenas de Marty y el Doc en el tren, alimentadas en todo momento por una azarosa música incidental que evoluciona conforme al suspenso: En un Plano General, cabalgando, el Doc logra subirse al tren, para luego ayudar a Marty, quien, apareciendo en un Plano Entero, en su caballo, en una toma contracenital, también sube, siguiendo entonces una toma hecha desde un Plano Corto que muestra las cabezas de ambos con sombrero, tirados en el vagón. Allí comienzan a avanzar corriendo por el tren, dando testimonio de ello, un Gran Plano General, cuya toma desde el punto cenital, permite ver el tren en toda su extensión con los protagonistas avanzando hacia su locomotora. Al llegar a ella, y disfrazados como bandidos, el Doc haciendo gala de su carácter científico, da una respuesta que sólo él hubiese podido dar cuando le preguntaron que si iba a asaltar el tren: “Es un experimento científico”. De esta manera roban la locomotora, y en un Plano General, se ve al Doc haciendo sonar alegremente la máquina.
Es por ello que en una nueva escena, Clara, en una toma hecha desde un Plano Corto, ve el tren, escucha la locomotora y se da cuenta hacia dónde están Marty y el Doc. En esos momentos, Marty ya está en el Delorian y el Doc en la caldera del tren presto a alimentarla con sus leños de colores (los cuales aparecen en un Plano Corto mientras el Doc los echa a la caldera), que le permitirán alcanzar las 88millas/h, para que empujando al Delorian, les permita volver al futuro.
Así emprenden la marcha, mientras que Clara los alcanza, (como se aprecia en un Plano General), sube al tren y comienza a avanzar por el único vagón que queda, mientras que intenta llamar a Emmett, con resultados vanos, ya que el ruido de la locomotora es ensordecedor. En un plano italiano, con toma cenital, se ven los pies del Doc que está a punto de cruzar –aterrado, eso sí- del tren al Delorian, cuando, en ese instante, Clara, que ha logrado llegar a la locomotora, la hace sonar, llamando la atención del Doc quien la escucha emocionada decir: "¡Emmett, te amo!”. Y aquí comienza un fabuloso festival de Planos italianos que enfatizan las dificultades que entre las explosiones de los leños y el consecuente aumento de la velocidad de la locomotora empujando al Delorian, viven Emmett y Clara, festival que finaliza con broche de oro en el momento en que Clara no pudiendo sostenerse más, es salvada por el Doc que ha logrado atrapar con sus pies justamente la supertabla que Marty le lanzó (escena también inmortalizada por un Plano Italiano que evoluciona a un Gran Plano General). Aquí nuevamente la música incidental evoluciona del suspenso a su banda sonora, recalcando una vez más la victoria y permitiendo deducir el inmediato regreso de Marty (sin el Doc), al futuro. Testimonio de ello es la espectacular toma en GPG del tren cayendo solo por el precipicio.
Así que Marty nuevamente está en 1985: con una toma en GPG se ve cómo ahora recorre las vías del tren, y cómo también, está a punto de ser arrollado por un tren que finalmente destruye al Delorian, cumpliendo así el sueño del Doc por destruir “esa máquina infernal”, como lo atestigua lo dicho por el mismo Marty: “bueno Doc, ya está destruída, así como quería”. Busca entonces a Jennifer, después de comprobar que el futuro está en orden, que Biff es sólo un mecánico, que no será despedido en el futuro, pues la hoja que así lo decía, apareciendo en Primer Plano, queda en blanco ante los atónitos ojos de su novia, además de prevenir el accidente automovilístico que le lesionaría de por vida.
Vuelve con Jennifer a ver los restos del Delorian, cuando una inesperada explosión los lanza al suelo, exhibiéndolos en un Plano Entero sobre el verde prado. Y entonces, en un Plano General, contra cenital, ahí, está aparatosa y extraña, una locomotora que vuela, de la que emerge el Doc, con Clara y sus muchachos: “Julio” y “Verne”. Traen un regalo para Marty: la fotografía que se tomaron en el viejo oeste, (destruida poco antes en el Delorian) en la construcción del gigante reloj del ayuntamiento, tan cargado de simbolismo y emotividad para ellos dos. Ahora, del final no se podía esperar menos: Marty pregunta que si volverán al futuro, a lo que el Doc contesta inconfundiblemente: “No, Marty, ya hemos estado allí”, y entonces ahí sí: En un Gran Plano General la nueva máquina del tiempo que funciona a vapor despega de nuevo hacia el viejo y lejano oeste.
Sigamos con los conceptos…
…siempre en problemas.
En realidad, y a pesar de Buford, el antagonista, los problemas del Doc y de Marty, siempre se basan en el hecho de que tienen que volver al futuro, después de resolver los líos en los que ellos mismos se han metido. Mi problema, es que como con cualquier buena película, no puedo quedarme ahí, no más viendo qué sucede sin generar en mi misma vínculos emocionales con la historia. Es por ello que aunque uno finalmente sabe qué va a pasar lo que uno quiere que pase (que Marty vuelva a su época), siempre sufre porque los problemas tan bien concebidos en la historia así hacen que uno reaccione. Aunque, he de confesar que en lo único que fallé, y supongo que todos los que vieron la película también lo hicieron, fue en el querer que el Doc se quedara con Clara en 1985, no en 1885. Pero bueno, atendiendo al engaño gustosamente aceptado de esa realidad que no existe, así fue mejor. (je, je).
De Marty y el Doc…
Dos personajes magníficamente concebidos para encantar cada uno en su propia personalidad. Son los dos pilares fundamentales de una historia que con otro Marty u otro Doc, no creo que hubiese podido ser igual (aquí el crédito es para los actores y quienes les escogieron). En el transcurso de esta versión en especial, podemos ver cómo Marty se transforma en audaz vaquero, cómo aprende a vivir en el lejano oeste e inclusive, cómo se enfrenta victorioso, en dramático y peligroso duelo; todo esto ocurre al mismo tiempo en el que el Doc, a su vez, va abriendo espacio en su vida no sólo para la ciencia, sino para el amor también. Ellos no necesitaron palabras para convencer… Bastaba con ver los ojos desorbitados del Doc, sus labios apretados y hasta su mismísima nariz incapaz por anatomía de ningún gesto, para saber lo que ocurría; igual que con Marty: a ratos no eran propiamente sus líneas lo que lo definían, sino su forma acelerada e inconfundible de pronunciarlas, además de esos ademanes que adoptó para sí de Eastwood, que en el contexto de “Volver al Futuro 3”, lo distinguieron claramente como valiente vaquero.
Con ellos encontramos dos ejemplos excelentes de reinvención de prototipos: el Doc es el típico científico loco, pero más humano, en él, a diferencia de muchos otros, un alma se asoma, se deja ver un ser humano bastante singular, pero al fin de cuentas, humano después de todo. Marty, es el típico adolescente norteamericano: sólo que en esta ocasión no es tan tonto, y su historia no gira alrededor de una secundaria en donde quiere conquistar a “la chica más popular” (que como cosa rara es una porrista), y que encima de todo, lo considera un perfecto “loser”, en el caso de que por lo menos se haya enterado de su existencia.
Dando cepillo…
Pero es que es la verdad. Es una fascinante película para mí, y es de las pocas que me hace añorar estar ahí dentro. A pesar de los movimientos, gestos, parlamentos –bastante afectados a mi parecer- la sensación de estar ante algo real no se ve para nada afectada, por el contrario: todas estas acciones, cuidadosa y meticulosamente elaboradas para cada instante de la cinta, incrementan todos esos vínculos que uno empieza a entrelazar con ella. Deja realmente de importar el hecho de que Michael J. Fox nunca haya sido Marty McFly, o Seamus, o que Christopher LLoyd no sea el Doc, yo gustosa me dejo llevar por el artificio, aunque a Platón no le guste.
La misma película me recuerda un poco las clases, en donde aprendí por ejemplo que uno reconoce aquellas cosas para las que está emocionalmente predispuesto, como Clara cuando descubre la máquina del tiempo: el cerebro del personaje ata cabos inmediatamente, porque tiene la esperanza de que quien ama no le haya mentido. Siguiendo con esto de las cosas que descubre uno de su cerebro, me encontré ante aquello de que en la discontinuidad está la diferencia y por tanto la información: como cuando Marty llama la atención por sus raras vestiduras, todos se fijan en él, porque luce diferente. Y así igualitas son las convenciones de cada época, porque, aún hoy, ¿quién se esperaría encontrar con un viajero del tiempo? Nadie cree este tipo de cosas, como Clara tampoco lo hizo. ¿Y qué me dice usted, amable lector de la predisposición de Tannen a la muerte de Clint? La sorpresa fue mayúscula al verlo vivo, pues su percepción no estaba de ningún modo preparada para ello. Así pues, si como dicen “por ahí”, “la imagen es la presencia simbólica de una ausencia”, será por eso, que a pesar de todo, gustosa me dejo engañar (como muchos, aunque digan que no), soñando por un ratico que la fantasía no está ausente de la realidad.
Esta película además de todo, echa mano de las convenciones más "hollywoodenses” del mundo occidental, para, sin disimular (cosa muy acertada), el cliché, lograr un producto con el que cualquiera se puede conectar fácilmente. Así mismo se hace uso del principio de optimización de la información, logrando personajes fácilmente reconocibles en sus roles (científico, vaqueros, etc).
¿Pero, si hablo de tanta convención y cliché, entonces por qué es que me gusta tanto? Porque sólo en esta película del oeste hay un científico medio loco con un audaz muchacho tratando de viajar en el tiempo. Es decir, “trasgresión de pautas” (y otra vez:je, je).
Lo mágico de este relato es que transcurre en siglo XIX, pero dándonos una constante sensación de paralelismo universal, además de verlo siempre en presente, cosa que no pasa con las historias contadas oralmente. Fuera de eso, la imagen ante mis ojos de estos personajes a veces tan teatrales incrementa la información que de ellos tengo, y por tanto el interés que en mi despiertan (como ya anteriormente expliqué). Y además: puede que hayan duelos, peligros, dolor inclusive… Pero el colorido de sus escenarios y de su fotografía, siempre recuerdan sutil, casi subliminalmente que no es ésta una película para angustiarse sino para fantasear (posición muy personal).
Un poco de simbolismo…
Que Marty se haya puesto “Clint Eastwood” y se vistiese como él no es aleatorio: le daba coraje, valentía, lo hacía considerarse como todo un fiero “cowboy”, y a la película le daba esos inconfundibles detalles de unidad y de buen humor; que Clara viera por primera vez la maqueta del tren (sin Delorian), y no sospechara nada, es lógico: ¿qué la hubiera hecho pensar en una máquina del tiempo?; Que el estiércol para todos los que nos hemos visto esta película sea más jocoso de lo normal, es entendible: dos veces entre la boca del ridículo villano vencido cobra cierto simbolismo de justicia, en un mundo en donde los “abusones” vencen más de lo que debieran; Y que el reloj del ayuntamiento conmueva más de lo que un reloj normal puede conmover: claro, es el símbolo de las aventuras de McFly y Emmett Brown juntos.
Y hablando otro poquito sobre lo que aprendí en clase: cada quien decide que es lo que ve, de esta manera, si Marty no hubiese prestado atención a las películas de Clint Eastwood, tal vez al guionista se le hubiera tenido que ocurrir otra forma de salvarle la vida en el duelo.
Marty y los arquetipos…
Víctima frecuente de la famosa cobardía de las gallinas, Marty se enfrentó a su enemigo arquetípicamente amenazante (por aquello de su estatura), para demostrarle que él tenía más valor que el ave de corto vuelo en cuestión. En una ocasión incluso él también le devolvió el cumplido poniéndolo a la altura del reino animal, llamándolo “asno”.
Algo crucial: el tiempo…
Paradójica y equilibradamente se ha manejado el tiempo. Ya que al interior del relato el asunto del tiempo es tan complejo, el lío con las paradojas, los universos paralelos, el “barranco Clayton” etc., el tiempo mismo del desarrollo de la película, es en muy contadas ocasiones elíptico, predominando el tiempo real y la simultaneidad, facilitando bastante la comprensión del filme.
A su favor…
Sí señor, que a su favor ha puesto el guionista del filme la cultura del lejano oeste. Si nos fijamos bien, descubrimos cómo todo el problema principal gira en torno a la rudeza y las formas de resolver asuntos, poco civilizadas, del Far West. ¿Qué hubiese sido de la película sin el duelo? (Recordemos que el duelo es producto indirecto de una deuda de 80 dólares del Doc con Buford). Y no sólo en ese caso: toda la producción echa mano del recurso que las costumbres y formas de vida del oeste representan. Es así como los problemas se incrementan por la falta de tecnología; cómo utilizan al mismo Julio Verne para entretejer una historia de amor; cómo Marty aprovecha el desconocimiento de esas gentes en cuanto a juegos de video, para descrestarlos con su habilidad para las pistolas, adquirida precisamente en estos juegos. Y claro, cómo no mencionar la nueva (y última) máquina del tiempo, ingeniosamente construida basándose en los medios técnicos y tecnológicos disponibles a fines del siglo XIX.
Mi conclusión…
Así pues que “Volver al futuro” ha sido una de las mejores ideas que en pantalla he visto (aunque sea en televisor no más). Su acertada combinación de fuerzas opuestas equilibradas perfectamente la dejó “en el punto”. Ciencia, humor, suspenso, aparecen en escenas hechas con planos desde tomas inmejorables que logran transmitir a la perfección la intencionalidad del filme, a lo que se añade la impecabilidad de escenarios y vestuarios. Tal vez alguien pueda sonreír con cierta burla cuando sepa mi hollywoodense elección, en lugar de algo más independiente, más “profundo”, más “artístico”, no puedo menos que pensar en responder que de alguna manera ésta película logra conectarme con esos mundos interiores que todo aquel que se piense tocado por el arte, tiene, y que lo hace definitivamente mejor que muchas otras no tan taquilleras, no tan “coloridas”. Por alguna extraña razón, que relaciono yo con la infancia propia –que es desde mi punto de vista la que tiene muchas de las respuestas en la creación artística- “Volver al Futuro” me lleva precisamente allí, a la fuente misma, al “Oráculo” de mi imaginación.
Entonces, partiendo de lo que el mismo latín define como imagen (Imago: imagen, sombra, alma), a través de ésta película, de sus imágenes, logré vislumbrar esas sombras que a veces huyen, esas sombras que son la propia alma, esas sombras que a veces dejan de serlo para convertirse en la más reveladora de las imágenes, en la más reveladora de las verdades.
Bueno, he hecho este desglose “desaforado” de esta película que me ha fascinado toda la vida, sin importar cansancio, horarios (mi computador está como a 80 cuadras de mi casa), lo que he descubierto ha sido maravilloso: un mundo de nuevos datos, percepciones, de nuevas formas de agilizar la mente y la visión. Me ha hecho introducir aún más en esa fantasía que han constituído en mi desde la primera vez que ví la trilogía, estas películas, me ha hecho recordar el halago –supongo ingenuo- que es para mí el hecho de que el año base sea 1985, precisamente el año en que nací. Considero yo, como mi conclusión a la manera de ver de Gubern, el hecho de que a conciencia yo quiero que el alma se deje engañar por un rato, se deje llevar por esa realidad que por instantes alguien construyó para mí. A veces creo que como uno mismo es el que escoge su realidad, pueda algún día descubrir que esa realidad es más real que ésta en la que vivo. De todas maneras y sea, como sea, a la manera de “Volver al futuro”, en mi mente se han creado una serie de universos paralelos en los que al tiempo, con “simultaneidad”, se pueden identificar planos, escenas, músicas incidentales, bandas sonoras, diálogos, construcciones de personajes, a la vez que el alma divaga tranquila (por decirlo de alguna manera) por las aguas de la “peli” como dice cierto profesor por ahí.
Gracias infinitas...
...a estos sujetos que ni idea tienen de mi existencia, pero mucho que sí la han alegrado:
Michael J. Fox (Marty Mc Fly: Protagonista – Seamus Mc Fly)
Christopher Lloyd (Doctor Emmett Brown: coprotagonista)
Thomas F. Wilson (Buford Tannen “Mad Dog”: antagonista)
Mary Steenburgen (Clara Clayton: reparto)
Lea Thompson: (Maggie Mc Fly: reparto)
Hola paisano...
ResponderBorrarFelicidades por el premio de poesía y por el buen blog que elabora.
Bueno sería nos pudieramos enlazar para tener mayor publicidad de nuestros espacios.
Hasta pronto.