Dulce vapor silencioso
y apenas audible
en el brillo pálido de piel.
Húmedo susurro despacioso
y quizás tocable
si pudiese admirarse la zozobra.
Barco estrecho, tan óseo y tan terreno,
abridor en un mar diminuto.
Nave adormecida en el canto
delgado del sueño ardoroso.
Vestigio de tiempo y labor
destinado a evanescer en la luz opaca.
Cuerpo único y certero
fustigado por la fatiga y la caldera.
Estatura sumergida
y dispuesta a errar
la númerica sombra del vacío.
Campanadas del desespero
indagando las causas
atrapando los términos;
soluciones audaces y vertiginosas,
un arrebato de calma ahogada
y el saludo preciso en el resplandor
de la mirada.
La cubierta exigua con su mástil desplomado,
un rumor de risa lenta
y la gratitud sin bordes
abrazando la silueta rescatadora.
Un aliento oscuro huye
del escenario borroso,
la caricatura de la muerte
burlada por la veleta
repentina en su giro.
El escape, de nuevo.
La fuga, qué prodigio.
Ya no es.
Atrás.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario