jueves, marzo 07, 2013

Lo indescifrable en la palabra 'Jibeuro'

[Aclaración: Esta reseña puede contener espóileres].



Por Gustavo Vargas


Jibeuro es una película de Corea del Sur que podría situarse en cualquier espacio rural latinoamericano. Tanto su historia, como el desarrollo de los personajes y sus características nos dan un ejemplo sobre estados del ser humano, contextos sociales y estilos de vida influenciados por la ciudad y el campo en una u otra región, sin importar las manifestaciones culturales particulares de cada país.

La película, nombrada en español como Todos los caminos llevan a casa, dibuja una serie de condiciones paternales y protectoras por parte del personaje de la Abuela hacia su Nieto (personajes principales del largometraje), que enternecen al espectador y lo acercan desde sus recuerdos al proponer cierta visión sobre la soledad de la Abuela y su intento desmesurado por demostrarle al nieto el querer profesado. Supongo que no es amor por sentirse alejada, es, quiero pensar, innato, un ejemplo de dar hasta lo imposible por el otro.

Jibeuro tiene una carga fuerte de caracterización en lo referente a La Abuela, interpretada por Eul-boon Kim, una mujer de más de 80 años que, según entrevistas, nunca había visto una película hasta que interpretó a La Abuela. Puede suponerse que aquella señora de rasgos suaves y ojos aún inocentes es una actriz sin formación, quizá destinada solo para esta historia si creemos en la diosa del cine porque tendría que ser mujer. La directora Jeong-hyang Lee la encontró por azar, como muchas ideas entretejidas y materializadas de tanto pensarlas (y no es inspiración) en un camino de algún pueblo de Corea del Sur en el cual, dice, ha vivido su vida desde la infancia.

Lo importante de su representación es la manera como lleva a la vida a un personaje que no puede hablar. Poco sé de teatro, pero supongo que hay cierta preparación del cuerpo, de ciertos movimientos de las manos y una carga central del mensaje en los ojos para este fin actoral. Aún así, sin algún estudio académico o experiencia en las tablas, Eul-boon Kim hace este trabajo interesante: su mirada es tranquila, llena de soledad, pero con ello representa la voluntad, la fuerza y pertenencia con las montañas. Su cuerpo es trabajo: su cabello largo y blanco, recogido con una peineta especial, puede decirnos de un secreto, de una alegría jovial y meditaciones asombrosas.


Hay un interés por parte de la directora de mostrar tanto a la Abuela como al Nieto durmiendo, principalmente cuando uno de los dos está despierto y observa al otro en tal estado. También en tener planos medios del Nieto recibiendo objetos o comida de la abuela y de la cual sólo se ven sus manos extendidas hacia el niño.

Pero lo que más llama la atención es su sensación de ánime. Para muchos, esta clase de animación japonesa se proyecta en referentes como Dragon Ball, Centella, Saylor Moon, Saint Seiya o Captain Subasa, mejor conocido como Súper campeones -y ni cómo negar la avidez de ver cada serie nombrada. Aunque con la llegada de las películas de Hayao Miyazaki a nuestros pequeños cines de casa, como El viaje del Chihiro, algunos reconocimos muy tarde que el ánime tenía más argumentos además de la morbosidad del maestro Roshi o la leyenda épica del guerrero elegido para salvar al mundo en batallas fenomenales. 

Aquí entra Jibeuro, su historia pareciera ser dibujada con esos trazos orientales, y me refiero a una relación literal, a mi gusto, con el ánime; tanto en algunos movimientos del Nieto, sus amigos y su Abuela, en la manera de presentar los espacios como en los diálogos.

Jibeuro es una película sin complicaciones, con una historia sencilla que recordaremos como se recuerda un pequeño libro de cuentos o una canción en un viaje.

Jibeuro
Jeong-hyang Lee
Corea del Sur
2002

Acerca del Autor: Gustavo Vargas es un joven periodista y escritor colombiano, residente en Ciudad de México. Es además de cinéfilo, lector envenenado sin redención posible, roquero de cierto buen gusto y amante de las buenas historias cocinadas al borde de una acera en una noche oscura y pasada por cervezas indoloras.

Pueden seguir sus desvaríos en su blog: 
Raíz de menos uno

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