martes, abril 30, 2013

Roa Sierra, ¿chivo expiatorio o héroe trágico?

RAYOAZUL se complace en contar con la presencia de un invitado especial, colega docente y destacado crítico de cine, quien nos brinda una aguda reseña crítica sobre la película colombiana Roa, actualmente en cartelera.

(Advertencia: esta reseña contiene espóileres). 


Por Alejandro Hernández Pulido

Ante el estreno de ROA, Andi Baiz (2013) sobre el presunto asesino de Jorge Eliécer Gaitán, dedicaremos algunas líneas a este espinoso tema, que aún hoy como ayer, produce fuertes escozores políticos e ideológicos.


Hace 65 años, el 9 de Abril de 1948, en plena carrera séptima de Bogotá, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, candidato a la presidencia por el partido liberal. El llamado caudillo del pueblo, quien se encumbró como el líder máximo de una población empobrecida y sin mayores esperanzas políticas y sociales, encabezó todo el descontento popular hacia una clase política corrupta, representada en los partidos liberal y conservador respectivamente.

Hoy, 65 años después, el cine colombiano retoma aquel luctuoso acontecimiento, con una novedad presente en el género cinematográfico de la reconstrucción histórica o de historias con trasfondo histórico, caracterizado por cierto rigor de carácter histórico y biográfico.

La cinta que hoy nos ocupa está protagonizada por un antihéroe, personaje antagónico que en este caso lo encarna el supuesto asesino del político liberal, Juan Roa Sierra, a quien la historia oficial ha signado de ignominia y deshonra. Roa Sierra, cubierto de infamia por las versiones oficiales del in-suceso, ha cargado hasta hoy, en solitario, con la culpa de un magnicidio. Y como suele suceder en estos casos, son más las sombras, las dudas y las sospechas, que la claridad, la transparencia y la verdad, en lo que a todas luces parece más un crimen de estado o una conspiración de aquellos poderes ocultos, lo que hoy, eufemísticamente se denominan como fuerzas oscuras. 



ROA es el tercer largometraje del director caleño Andi Baiz, y está protagonizada por Mauricio Puentes en el rol de Roa Sierra, Catalina Sandino como María, su esposa y Santiago Rodríguez como Jorge Eliécer Gaitán. La cinta está basada en el libro de Miguel Torres, EL CRIMEN DEL SIGLO, el cual ha sido adaptado para la pantalla cinematográfica por el propio Andi Baiz y por la actriz y libretista Patricia Castañeda.

Con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, ese 9 de abril de 1948 en la capital colombiana, se recrudeció la violencia política en Colombia, proceso de incertidumbre e intolerancia política en el país, el cual no había sufrido respiro alguno desde las guerras civiles del siglo XIX. La Guerra de los Mil días marca la transición entre dos centurias y se proyecta desde el cavernario fin del siglo XIX y expande su larga y nefasta sombra sobre la primera mitad del siglo XX.

Hoy, después de 65 años, los colombianos podrán acercarse, masivamente, a otra versión de la historia; una ficción basada en hechos reales. La historia presentada por Andi Baiz, acontece en Bogotá durante los días previos al 9 de abril de 1948 y nos presenta a un Roa Sierra en su ambiente familiar, su esposa, su hija, su hermano y su madre. Roa busca trabajo, está desempleado. Es un hombre ingenuo, rencoroso y supersticioso; un idealista sin oficio estable pero con una familia que alimentar. 

Cansado de buscar trabajo y convencido de que ha nacido para grandes cosas visita a su ídolo Gaitán para pedirle trabajo. Sus esperanzas se derrumban cuando éste lo trata con cierto desdén. Y de aquí surge la endeble historia de un enemigo famélico y pobre de espíritu, que despechado, arma un ingenuo plan de venganza, situación aprovechada por unos agentes oportunistas que ven la ocasión de utilizar su dolor. La cinta presenta un argumento muy débil, que no soporta un análisis o una confrontación seria. La ausencia de una posición ideológica coherente la lleva a no tomar partido; el análisis está ausente y carece de la pasión o la reflexión política que la distancia histórica le permite.

La contextualización social y política en el plano nacional con asuntos graves e importantes, apenas merece un comentario de soslayo. De esa época datan el proceso de Gaitán para esclarecer el turbio asunto de la United Fruit Company en la Masacre de las Bananeras (Ciénaga, 1928); el debate en el Congreso en relación con los negocios petroleros de la Haendel; los escabrosos sucesos relacionados con el asesinato de Mamatoco y la familia López; la defensa de los trabajadores petroleros de la Unión Sindical Obrera USO de Barrancabermeja en lucha sindical contra la Tropical Oil Company y otra serie de denuncias interpuestas por Gaitán, le hacen blanco fácil de querellas, rencores y venganzas.


La guerra fría como telón de fondo

En el panorama internacional sucede otro tanto. En la coyuntura de la Guerra Fría, la Revolución China y la Guerra de Corea tienen con los pelos de punta a los países más poderosos del planeta. La IX Conferencia Panamericana, reunida en Bogotá bajo la Carta de la Organización de Estados Americanos y en la cual se crea la OEA, es la carta que se juega Occidente para contener el avance del comunismo en América Latina; el Congreso Latinoamericano de Estudiantes, de inspiración peronista y visto con malos ojos por Estados Unidos, están apenas insinuados en ROA, carente de rigor, su mención es superficial y anecdótica.

Podría decirse que el objeto principal de ROA es el personaje y su contexto familiar. Pero precisamente tal cruce coyuntural es fundamental para entender, no tanto el asesinato de un personaje como Gaitán, sino las fuerzas políticas, sociales y económicas que estaban en juego y en el cual entra Roa Sierra como peón de brega. En ese contexto histórico tan embrollado, resulta indispensable conocer las fuerzas e intereses en juego, para entender el vórtice de intereses en pugna en los cuales se vio arrastrado un personaje tan anodino como Roa Sierra.

Si algo sobresale, es la dirección de arte, pues la ambientación de la Bogotá de 1948, está muy bien lograda, enfatizando en los detalles de la utilería, la decoración, el vestuario, los escenarios y su impecable iluminación. En la puesta en escena por el contrario, desconocemos a unos actores que como Mauricio Puentes, Catalina Sandino o Santiago Rodríguez, o los casos de Héctor Ulloa, Rebeca López o John Alex Toro a quienes hemos visto en otros contextos y en otras ocasiones, en espléndidos trabajos interpretativos, aquí se ven deslucidos y carentes de interés dramático.


Del legado histórico audiovisual


Fotografìa Manuel H.

Rememorando las imágenes que conocemos sobre EL BOGOTAZO, encontramos en primer momento un amplio archivo fotográfico de personajes que como Luis Alberto Gaitán (Lunga), Sady González y Manuel H. Rodríguez, dieron cuenta del acontecimiento y brindaron para la posteridad su invaluable legado histórico.

En el plano documental es considerable el número de reportajes y especiales que, especialmente para la televisión, han sido producidos, abarcando un amplísimo espectro de calidad analítica, que van desde el reportaje apologético que conmemora, hasta los esguinces propios de la corte de un Poncio Pilatos.

El cine que no ha sido ajeno al tema, recogió imágenes documentales tomadas por Grancolombiana Films, la empresa de Marco Tulio Lizarazo la cual fue encomendada para filmar la IV Conferencia Panamericana que se realizaría en Abril de 1948. El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán sorprendió a Lizarazo y su equipo filmando aspectos de la Conferencia. Una vez enterado de los luctuosos acontecimientos, se trasladaron al centro de la ciudad aún enfrentando los peligros que suponía desafiar las balas de los francotiradores, los saqueos y los incendios. Para cumplir con su encargo y dar cuenta plenamente de los sucesos, Lizarazo adquirió, además, una copia del documental elaborado por los visitantes cubanos quienes, interesados en cubrir la Conferencia Panamericana, documentaron El Bogotazo.

Por su parte, la Promotora Cinematográfica Nacional, PROCINAL, del periodista antioqueño Camilo Correa, realizaba por entonces el llamado Noticiero Colombia. A Camilo Correa y Charles Riou -su camarógrafo-, les correspondió cubrir los hechos de ese 9 de Abril. Correa estuvo en el centro de Bogotá filmando todo lo que veía: incendios, muertos, gente cargada con lo que habían robado en los almacenes, los tranvías volcados, los muertos, El Capitolio en llamas. Riou, con otra cámara, filmaba desde El Capitolio, aspectos de la reunión panamericana internacional, y al saber del movimiento, se dirigió hacia la Avenida Jiménez. Riou afirma haber filmado en catorce rollos, la turbamulta, las calles del centro, la Clínica Bogotá, el palacio presidencial y el cementerio.

Para la televisión nacional, en 1982, se produjo la miniserie "Revivamos nuestra historia: El Bogotazo", producida por Daniel Lemaitre y con libretos de Carlos José Reyes, uno de los primeros escarceos visuales de profundizar y dar cuenta de los históricos acontecimientos. Esta obra, de casi cuatro horas de duración, recrea los acontecimientos más importantes de ese 9 de abril desde la óptica de su personaje central (interpretado de manera magistral e imperecedera por Edgardo Román), y retoma la institucionalidad política del estado y la situación de los partidos tradicionales y sus principales líderes.


Entre la timidez y la osadía

De 1978 a 1981, el chileno radicado en Colombia Dunav Kuzmanich, filmó Canaguaro, cinta que recrea la Violencia en los Llanos y el surgimiento de las guerrillas tras el asesinato de Gaitán. En un segundo filme Francisco Norden dirige Cóndores no entierran todos los días, en 1984, en el cual recrea las circunstancias y consecuencias del Bogotazo, desde una Tulúa origen de los sicarios al servicio de los terratenientes del Valle y más conocidos bajo el mote de "los pájaros".

En 1990 Jaime Osorio dirigió Confesión a Laura, un drama intimista que tiene como detonador y trasfondo al Bogotazo. Esta película recrea una historia entre dos personajes que viven en apartamentos diferentes pero en la misma calle, frente a frente. Contextualizada por el orden público de la ciudad luego de los disturbios del 9 de abril, y ante los peligros de la calle por los francotiradores ubicados en los tejados, Santiago se resguarda en la casa de Laura, su vecina.

Para el 2008 Caracol Televisión y The History Channel realizaron un documental llamado Bogotazo: historia de una ilusión, recuento de los hechos en la cual se lanzan algunas teorías alrededor del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y sus consecuencias. María Valencia Gaitán, nieta del caudillo, realiza en 1998 Gaitán sí, recopilación biográfica que rescata los momentos más trascendentales en la vida de su padre, el líder Jorge Eliécer Gaitán.

Las imágenes filmadas de El Bogotazo hacen parte de la memoria histórica de nuestro país, las cuales, convertidas en patrimonio, son usadas continuamente en trabajos documentales como material de apoyo. Estas imágenes siempre tendrán como eje central la figura de Jorge Eliecer Gaitán; el saqueo y la destrucción del centro de la ciudad; así como el pueblo enardecido y levantado en armas, tanto en sus momentos más trascendentales, como en los más trágicos y dolorosos. 

Según el blog Historias en cine-y-filo, la fotografía, las películas documentales o de ficción, la música, las memorias literarias, las investigaciones realizadas con orden académico, suman a un tema que hoy se ha convertido en género de análisis que involucra nuestra historia política nacional.


De la tragedia a la farsa

Regresando a ROA encontramos que su personaje principal, Juan Roa Sierra, el presunto asesino de Jorge Eliécer Gaitán está tan poco estructurado que no permite ningún tipo de empatía o antipatía por parte del espectador. Es un personaje completamente anodino, tan pobre de espíritu, que ni siquiera es capaz de asumir un rol de protagonista, mucho menos de antagonista. Su personificación como antihéroe no alcanza a generar credibilidad y tampoco consigue encarnar el papel de malo secundario.



Históricamente podría pensarse que Roa es un héroe trágico a la usanza de los protagonistas de las tragedias griegas. Pero el Roa Sierra de Andi Baiz carece de la voluntad consciente propia de los héroes trágicos. Ese temple de carácter que les permite luchar con denuedo en contra del capricho de los dioses, en contra de su destino, de la mala suerte o del azar. El héroe trágico, a sabiendas que su destino es ineluctable y en rebeldía contra el capricho de los hados, le otorga sentido a su existencia en una lucha que sabe de antemano infructuosa. Tampoco encaja en los héroes trágicos shakespereanos, quienes deben luchar contra las determinantes sociales y políticas y superar las paradojas a que tal situación les enfrenta. Lejos está Roa de los conflictos políticos y burocráticos de un José K, frente a un poder judicial imposible de desbrozar y que lo arrasa todo a su paso. Tampoco está frente a los conflictos existenciales, nihilistas o de incomunicación que destruyen al hombre contemporáneo.

Roa tampoco es el antagonista de carácter en quien descargamos todas nuestras furias, antipatías y rencores, pero que respetamos en su condición de rival de calidad, a la altura del protagonista. Tampoco es aquel arquetipo de antihéroe, quien en su anárquico e individualista desprecio y desidia por los valores sociales y políticos hegemónicos, hallamos motivos de solidaridad y simpatía.


La historia como esperpento

Por supuesto que ROA no es un documental, pero tampoco es un drama; no es cine fantástico ni un biopic (biografía novelada). No es cine de ficción ni un ensayo cinematográfico que tenga una apuesta política o ideológica. No es un drama ni una tragedia. No es una comedia ni un thriller político. No es ni siquiera un buen crispetazo, un filme de entretenimiento que nos brinde una hora y media de sano esparcimiento.

El sinsabor que nos deja una película como ROA, es que nuestra historia nacional está aún por ser contada en todo un amplísimo abanico de vertientes políticas, ideológicas y metodológicas. Este sinsabor se convierte, paradójicamente, en todo un reto y en una profunda deuda histórica que deberán asumir y subsanar, tanto los políticos, la academia y los investigadores, como los artistas e intelectuales. Declaramos un no rotundo al perdón y al olvido y le corresponderá, tanto a la investigación histórica como a la academia, tanto al documental como a la ficción, a la cultura y el arte, a la política y la justicia, enfrentar su historia. 


Algunas referencias literarias sobre el Bogotazo

No Ficción
Así fue la revolución: del 9 de abril al 27 de noviembre, Joaquín Estrada Monsalve.
Antecedentes y secretos del 9 de abril, Alberto H. Niño.
La noche roja en Bogotá: páginas de un diario, Humberto Plaza
La insurrección desplomada, Luis Vidales.
El Bogotazo, Arturo Alape.

Ficción
El 9 de abril, Pedro Gómez Corena.
El día del odio, José Antonio Osorio Lizarazo.
Viernes 9, Ignacio Gómez Dávila.
El cadáver insepulto, Arturo Alape.
El crimen del siglo y El incendio de abril, Miguel Torres.


Acerca del autor
Alejandro Hernández Pulido

Nacido en Bogotá. Comunicador Social - Periodista y Magister en Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana. 
Director y realizador del programa La mirada opulenta en Radio UN 98.5 FM, desde su creación en 2004 hasta la fecha.

2 comentarios:

  1. Mi abuelo me cuenta con orgullo aquella vez que Gaitán visitó Armenia: "no dejamos que tocara el piso, lo llevamos en hombros hasta la plaza". Brillan sus ojos inundados de nostalgia al hablar de aquel personaje; realmente se percibe que algo murió en él esa tarde del 9 de abril de 1948.
    Después de ver la película, y contrastarla con las charlas con mi abuelo, sentí insatisfacción. Se nota en la película, como pasa en la televisión, que no se asume la responsabilidad que implica el hecho de construir nuestra memoria. La perspectiva histórica nos permite ver el complejo panorama político de la época, y sin embargo 65 años después no nos permite reconocer a los verdaderos asesinos de quien se auto-proclamaba la voz del pueblo.
    A todos les convenía que quien invitaba a la "chusma" a la política muriera; A conservadores, liberales e incluso a los comunistas -esto se entiende desde el punto de vista electoral, pues Gaitán se había apoderado de las bases populares- sin dejar de lado al gobierno americano, que llevaba con recelo un expediente sobre Gaitán, a quien entrevistaron en su embajada en Bogotá, cuestionando su postura frente al comunismo que se alzaba como amenaza. También las multinacionales, que veían en el político, a un enemigo de sus intereses. Desafortunado que la película decida obviar todos estos hechos, y base su especulación en un personaje que pretende generar simpatía y lastima, sin lograrlo. Se intenta redimir al asesino de uno de los políticos mas importantes de nuestra historia, pues "fue la primera voz que el pueblo tuvo en Colombia". Ese intento de redención basado en un personaje inestable e inseguro, que comparto con la crítica, no resiste análisis...
    Sin duda es una necesidad seguir apostándole a la construcción de la historia, especialmente en casos como este, donde la contingencia propia de la vida de un sujeto ha afectado el devenir de todo un pueblo, así lo ve William Ospina al escribir que "quien tenga alguna conciencia de los asuntos públicos y alguna noción de la historia debe sentir allí [en el asesinato de Gaitán] que algo muy oscuro se cierne sobre el país".
    No fue de mas lo que diría Gaitán antes de su muerte: "a mí no me matan, porque si me matan aquí no queda piedra sobre piedra", lo mataron y efectivamente, no quedo piedra sobre piedra.

    ResponderBorrar
  2. Anónimo1:08 p.m.

    Gracias a dios roa mato a gaitan, aunque no era un comunista puro si ganaba las elecciones nos podríamos enfrentar a una invasion como la de Bahia de cochinos

    ResponderBorrar