viernes, junio 07, 2013

A las puertas del infierno

Por Ángela David Bustamante

Hoy, hace un año conocimos la entrada al infierno. Este se ha descrito de tantas maneras, desde las diferentes mitologías pero ninguna de esas descripciones se acomoda a lo que nos han obligado a vivir desde el 7 de junio del año 2012. 

A las 11:30 de la mañana Wilmar me llamó y dijo “no se preocupe, me están deteniendo, dizque por la muerte de Álex, pero cuando lleguemos a Pereira eso se va a aclarar”. Un avión de la policía lo trasladó hasta esa ciudad y pasó en el comando de policía su primera noche como reo y esa era solo una de las tantas que ha tenido que dormir entre rejas.

Teníamos que estar en el país del sagrado corazón, para que la palabra de un vil sicario, tenga más valor que la de un honesto hombre de familia y amante de la academia.

Lo primero que escuchas  del abogado defensor es: "¿por qué te están deteniendo?" y luego el gran consejo “hermano declárese culpable y en dos o tres años está afuera”.  Sí, es verdad. Si lo haces, el código penal  colombiano se arrodilla ante vos  para ofrecerte todas las prebendas que en él existen y las que no también. De lo contrario tienes que batirte en un desigual duelo para tratar de hacer uso del tan cacareado derecho a la legítima defensa.

Inocente hasta que se demuestre lo contrario
Si es que te permiten demostrarlo. Si es que tienes los 500 millones de pesos que con toda tranquilidad te pide un abogado para ponerse al frente de tu caso. Si es que tienes amigos en la política o eres uno de ellos; si cada fiscal que nombran no se enferma justo cuatro horas antes de las audiencias o te cambian de fiscal cada dos meses para poder decir que necesitan tiempo para ponerse al corriente del caso, o que su agenda está copada. El proceso ha tenido 4 fiscales en menos de un año, los contantes cambios han impedido que avance y pueda llegar a la etapa de juicio. De modo que Wilmar lleva un año detenido sin acceder todavía a la primera audiencia de juicio, todo lo que se ha hecho son preparatorias. Además, como una manera de reafirmar su inocencia, Wilmar, a través de su abogado, renunció al vencimiento de términos, triquiñuela legal que empelan muchos para lograr la libertad, pero no la inocencia.

De acuerdo con las leyes hay un tiempo estipulado para el desarrolla de estos procesos, pero en la realidad eso es solo palabrería en el papel. Los constantes aplazamientos de las audiencias con las mismas tontas excusas de siempre, se imponen por encima de los derechos que se supone tenemos como ciudadanos. Cómo se supone que Wilmar se va a defender si lo tienen tras las rejas; nunca lo han interrogado, nunca le han dado la palabra más que para solicitarle que se declare culpable, derecho sobre el cual si se insiste en cada audiencia.

Primero lo castigamos y luego por el camino iremos mirando si es merecedor o no del castigo injusto que sufren personas como Wilmar y por ende de su familia a quienes esta situación también nos ha arruinado los días. El día del padre, su cumpleaños y el de nosotros, la  navidad, los conciertos de su hija, los abrazos de la familia y hasta el simple acto de sentarnos a compartir una comida caliente, hacen parte de lo que en este año no hemos podido disfrutar. A cambio, largas noches de insomnio, pensar en cómo sobrevivir a cada día,  la lucha en la que se convierte cada visita a la cárcel pues, entre otras razones, los 262 Kilómetros que nos separan de su sitio de reclusión hace que estas sean cada vez más espaciadas entre sí. Y por supuesto, lidiar con la ignorancia, el mal genio y arrogancia de los agentes del INPEC, que en su mayoría, tratan a los visitantes como si todos tuviéramos en contra órdenes de captura; eso sí, unos cuantos billetes, la botella de wisky o una chica en minifalda hacen maravillas en sus fruncidos ceños.

Hechos
La U.C.P.R (Universidad Católica Popular del Risaralda, hoy Universidad Católica de Pereira) le dio a Wilmar la oportunidad de desempeñase como docente, oficio con el cual él tiene una especial conexión. Allí confirmó que su vocación como periodista, se concatenaba perfectamente con su afición por los libros, su habilidad para contar historias y su don de gentes.

Los que escogimos la docencia por vocación, no la ejercemos convencidos de que otros aprenderán de nosotros, por el contrario, nos alienta el deseo de aquello que podemos aprender de esos otros.  Por eso Wilmar Vera ha sido un excelente profesor.   

Nuestros amigos y allegados, alumnos y compañeros de Wilmar, pueden dar fe del gran enamoramiento que llegó a sentir por esa institución pero siempre hubo un amor mayor, su familia. La lejanía de su madre quien siempre le recordaba la inmensa falta que le hacía y cuánto lo necesitaba a su lado; su padre hermanos y por otro lado nuestra hija reclamando la presencia de sus abuelos tíos y primos, nos hacían pensar todo el tiempo en la necesidad de regresar a casa.

En el año 2008, el señor Álex Morales, le propuso a mi esposo un negocio que le ayudaría a cumplir varios sueños que acariciaba desde hacía tiempo y que este joven conocía bien ya que de ser su alumno, pasó a ser un amigo. Al principio Wilmar no aceptó el ofrecimiento ya que no es un hombre de negocios y como se trataba de transportar carbón en una mina ubicada en el Cesar, sonaba aún más lejano a sus conocimientos e intereses. Pero entraron en escena dos personajes, supuestamente expertos en estos temas, quienes con habilidad mostraron al profe, la veracidad, legalidad, conveniencia y la facilidad de invertir en ese negocio e insistieron hasta que él accedió.

Excusas como el cambio en la reglamentación para el otorgamiento de licencias para la explotación minera, sonaron creíbles por unos pocos meses, pero ante los reiterados incumplimientos y el trato displicente por parte del dueño de este proyecto, Wilmar prefirió mantener cierta distancia. Luego de varios meses de espera se evidenció el equívoco que había sido atender esa invitación, pues la actividad en la supuesta mina, nunca inició y la promesa de regresar lo invertido tampoco se cumplió.   

Tanto Wilmar como Alexander regresaron a sus ciudades natales e iniciaron nuevos proyectos laborales.

A la fecha solo hay pérdidas
El 18 de marzo de 2011 la mano asesina de Carlos Andrés Villada, daría al traste con esos nuevos caminos que ambos emprendieron; tomando la vida de Álex y un año después, señalando “al profe“ como determinador de este inaceptable hecho.

365 días con sus noches de un hombre inocente, quien ha tenido que soportar un castigo que no se ganó; mientras el  declarado sicario que segó la vida de este joven, disfruta de los placeres que le otorga la Fiscalía por su supuesta “colaboración”. 

Y si a esto le sumamos los padres, hermanos, esposas e hijos destrozados por esta tragedia, las pérdidas son infinitas para contabilizar.

Si hay un autor intelectual, estará feliz de que el sistema judicial con la mediocridad de sus investigaciones y el afán por mostrar resultados se preste para que él logre su cometido. Que el asesinato de Alexander Morales quede impune y que otros paguen por sus culpas, mientras él disfruta de la libertad que no merece.

Soy inocente
Soy inocente, es la verdad que Wilmar se ha negado a callar. A pesar de las amenazas del sicario hacia nuestra familia, un año sufriendo las inclemencias del encierro tras las rejas y la incertidumbre que da un juicio sin garantías para el respeto del debido proceso.

La seguridad en su inocencia no la tengo por el hecho de ser su esposa, no, ésta  la obtuve tras 21 años de conocerlo y ser compañeros de estudio y de trabajo, de una larga amistad y los años que tenemos compartiendo nuestros sueños juntos. 

Solo queda soñar con ese futuro próximo en el que podamos demostrar que sí existe la justicia. Continuar añorando los paseos de los fines de semana, las cenas familiares, sus chistes flojos, pero sobre todo ver en la mirada y la sonrisa de mi hija, esa luz que solo tenemos cuando somos niños y que desde hace un año ya no veo más.   

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