Por Ángela David Bustamante
Hoy, hace un año conocimos la
entrada al infierno. Este se ha descrito de tantas maneras, desde las
diferentes mitologías pero ninguna de esas descripciones se acomoda a lo que
nos han obligado a vivir desde el 7 de
junio del año 2012.
A las 11:30 de la mañana Wilmar
me llamó y dijo “no se preocupe, me están deteniendo, dizque por la muerte de Álex,
pero cuando lleguemos a Pereira eso se va a aclarar”. Un avión de la policía lo
trasladó hasta esa ciudad y pasó en el comando de policía su primera noche como
reo y esa era solo una de las tantas que ha tenido que dormir entre rejas.
Teníamos que estar en el país del
sagrado corazón, para que la palabra de un vil sicario, tenga más valor que la
de un honesto hombre de familia y amante de la academia.
Lo primero que escuchas del abogado defensor es: "¿por qué te están deteniendo?" y luego el gran
consejo “hermano declárese culpable y en dos o tres años está afuera”. Sí, es verdad. Si lo haces, el código penal colombiano se arrodilla ante vos para ofrecerte todas las prebendas que en él
existen y las que no también. De lo contrario tienes que batirte en un desigual
duelo para tratar de hacer uso del tan cacareado derecho a la legítima defensa.
Inocente hasta que se demuestre lo contrario
Si es que te permiten demostrarlo. Si es que tienes los 500 millones de pesos que con toda tranquilidad te pide un abogado para ponerse al frente de tu caso. Si es que tienes amigos en la política o eres uno de ellos; si cada fiscal que nombran no se enferma justo cuatro horas antes de las audiencias o te cambian de fiscal cada dos meses para poder decir que necesitan tiempo para ponerse al corriente del caso, o que su agenda está copada. El proceso ha tenido 4 fiscales en menos de un año, los contantes cambios han impedido que avance y pueda llegar a la etapa de juicio. De
modo que Wilmar lleva un año detenido sin acceder todavía a la primera
audiencia de juicio, todo lo que se ha hecho son preparatorias. Además, como
una manera de reafirmar su inocencia, Wilmar, a través de su abogado, renunció
al vencimiento de términos, triquiñuela legal que empelan muchos para lograr la
libertad, pero no la inocencia.
De acuerdo con las leyes hay un
tiempo estipulado para el desarrolla de estos procesos, pero en la realidad eso
es solo palabrería en el papel. Los constantes aplazamientos de las audiencias
con las mismas tontas excusas de siempre, se imponen por encima de los derechos
que se supone tenemos como ciudadanos. Cómo se supone que Wilmar se va a
defender si lo tienen tras las rejas; nunca lo han interrogado, nunca le han
dado la palabra más que para solicitarle que se declare culpable, derecho sobre
el cual si se insiste en cada audiencia.
Primero lo castigamos y luego por
el camino iremos mirando si es merecedor o no del castigo injusto que sufren
personas como Wilmar y por ende de su familia a quienes esta situación también
nos ha arruinado los días. El día del
padre, su cumpleaños y el de nosotros, la navidad, los conciertos de su hija, los abrazos
de la familia y hasta el simple acto de sentarnos a compartir una comida
caliente, hacen parte de lo que en este año no hemos podido disfrutar. A
cambio, largas noches de insomnio, pensar en cómo sobrevivir
a cada día, la lucha en la que se
convierte cada visita a la cárcel pues,
entre otras razones, los 262 Kilómetros
que nos separan de su sitio de reclusión hace que estas sean cada vez más
espaciadas entre sí. Y por supuesto, lidiar con la ignorancia, el mal genio y
arrogancia de los agentes del INPEC, que en su mayoría, tratan a los visitantes
como si todos tuviéramos en contra órdenes de captura; eso sí, unos cuantos
billetes, la botella de wisky o una chica en minifalda hacen maravillas en sus
fruncidos ceños.
Hechos
La U.C.P.R (Universidad Católica Popular del
Risaralda, hoy Universidad Católica de Pereira) le dio a Wilmar la oportunidad
de desempeñase como docente, oficio con el cual él tiene una especial conexión.
Allí confirmó que su vocación como periodista, se concatenaba perfectamente con
su afición por los libros, su habilidad para contar historias y su don de
gentes.
Los que escogimos la docencia por
vocación, no la ejercemos convencidos de que otros aprenderán de nosotros, por
el contrario, nos alienta el deseo de aquello que podemos aprender de esos
otros. Por eso Wilmar Vera ha sido un
excelente profesor.
Nuestros amigos y allegados,
alumnos y compañeros de Wilmar, pueden dar fe del gran enamoramiento que llegó a sentir por
esa institución pero siempre hubo un amor mayor, su familia. La lejanía de su
madre quien siempre le recordaba la
inmensa falta que le hacía y cuánto lo necesitaba a su lado; su padre hermanos
y por otro lado nuestra hija reclamando la presencia de sus abuelos tíos y
primos, nos hacían pensar todo el tiempo en la necesidad de regresar a casa.
En el año 2008, el señor Álex Morales,
le propuso a mi esposo un negocio que le ayudaría a cumplir varios sueños que
acariciaba desde hacía tiempo y que este joven conocía bien ya que de ser su alumno,
pasó a ser un amigo. Al principio Wilmar no aceptó el
ofrecimiento ya que no es un hombre de negocios y como se trataba de
transportar carbón en una mina ubicada en el Cesar, sonaba aún más lejano
a sus conocimientos e intereses. Pero
entraron en escena dos personajes, supuestamente expertos en estos temas,
quienes con habilidad mostraron al profe, la veracidad, legalidad, conveniencia
y la facilidad de invertir en ese negocio e insistieron hasta que él accedió.
Excusas como el cambio en la
reglamentación para el otorgamiento de licencias para la explotación minera,
sonaron creíbles por unos pocos meses, pero ante los reiterados incumplimientos
y el trato displicente por parte del dueño de este proyecto, Wilmar prefirió
mantener cierta distancia. Luego de varios meses de espera se evidenció el
equívoco que había sido atender esa
invitación, pues la actividad en la supuesta mina, nunca inició y la promesa de
regresar lo invertido tampoco se cumplió.
Tanto Wilmar como Alexander
regresaron a sus ciudades natales e iniciaron nuevos proyectos laborales.
A la fecha solo hay pérdidas
El 18 de marzo de 2011 la mano
asesina de Carlos Andrés Villada, daría al traste con esos nuevos caminos que
ambos emprendieron; tomando la vida de Álex y un año después, señalando “al
profe“ como determinador de este inaceptable hecho.
365 días con sus noches de un
hombre inocente, quien ha tenido que soportar un castigo que no se ganó;
mientras el declarado sicario que segó
la vida de este joven, disfruta de los placeres que le otorga la Fiscalía por
su supuesta “colaboración”.
Y si a esto le sumamos los
padres, hermanos, esposas e hijos destrozados por esta tragedia, las pérdidas
son infinitas para contabilizar.
Si hay un autor intelectual,
estará feliz de que el sistema judicial con la mediocridad de sus
investigaciones y el afán por mostrar resultados se preste para que él logre su
cometido. Que el asesinato de Alexander Morales quede
impune y que otros paguen por sus culpas, mientras él disfruta de la libertad
que no merece.
Soy inocente
Soy inocente, es la verdad que
Wilmar se ha negado a callar. A pesar de las amenazas del sicario hacia nuestra
familia, un año sufriendo las inclemencias del encierro tras las rejas y la
incertidumbre que da un juicio sin
garantías para el respeto del debido proceso.
La seguridad en su inocencia no
la tengo por el hecho de ser su esposa, no, ésta la obtuve tras 21 años de conocerlo y ser compañeros de estudio y de
trabajo, de una larga amistad y los años que tenemos compartiendo nuestros
sueños juntos.
Solo queda soñar con ese futuro
próximo en el que podamos demostrar que sí existe la justicia. Continuar
añorando los paseos de los fines de semana, las cenas familiares, sus chistes
flojos, pero sobre todo ver en la mirada y la sonrisa de mi hija, esa luz que
solo tenemos cuando somos niños y que desde hace un año ya no veo más.
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