Desde hace unos tres años, la oferta televisiva nacional privada ha venido explorando con relativo éxito el campo de los reality – show que son la auténtica epidemia de la televisión mundial y como tal, una verdadera enfermedad que ya cobra sus víctimas en los ‘indefensos’ televidentes. Y decimos relativo porque aparte de dos o tres, las experiencias son más bien desastrosas y cuestionables.
Los canales privados se casaron cada uno con su propuesta: RCN con Protagonistas de Novela y Caracol con Expedición Robinson (la versión criolla del original Survivor), aunque esta última al perder la franquicia debió, en afortunada hora, inventarse el Desafío 20 - 04. Parelalemente han probado con otras posibilidades: RCN con su exitosa Isla de los Famos.o.s. (el premio en la rebatiña por la citada franquicia) y Caracol, más arriesgado y por tanto, sin necesariamente relación causa – efecto, con los mayores equívocos en el balance parcial, con Popstar (una versión del formato inglés que con sobrado dominio realiza Estados Unidos con American Idol, España con su exitosa y espectacular Operación Triunfo y que México ha apenas tocado con ambiguos resultados con La academia), Gran Hermano (versión del original holandés), El mejor partido (franquica de Fox Television), y más recientemente, con La Granja Tolima (formato extranjero también y que en España se lanza por estos días).
Para el caso de Popstar la realidad nacional no da cabida para tantas propuestas, o mejor, para ciertas propuestas: es evidente que el mercado musical colombiano pese a los éxitos de Juanes, Shakira, Carlos Vives, Cabas, etc, no tiene escenario para artistas juveniles. Los que se destacan terminan por emigrar a Miami o Los Angeles donde no sólo está la meca de los productores sino la araña del mercado latino y anglosajón. La melomanía nacional se la llevan con creces el vallenato y la guasca, y ahí, rezagada, la música tropical vía Joe Arroyo, Checo Acosta, Los Niches, Guayacán, Niche… La música pop nacional adolece de orfandad desde su nacimiento accidental por allá en los inicios de los setentas. Y así permanece. Lastimosamente no hay espacio para una lluvia de talentos como la que cae por España cada invierno cuando salen figuras de la talla de David Bisbal, David Bustamente, Chenoa, Nuria Fergó, Ainhoa, Rosa… y la lista sigue. En el caso colombiano fallan entonces los estudios de mercadeo y audiencia o la variación misma del formato.
Igual pero en un sentido más elusivo es el caso de El mejor partido en el que hay consenso en que se trató del peor juego de todos. Su falla principal: una fábula inventada e inverosímil en la que el público no participaba ni podía involucrarse más allá de asistir a las insulsas entrevistas con las eliminadas y a llamar para ganarse cualquier ‘detalle’. Todo esto apartando el elemento singular de los realities: la implicación del público en el destino del juego, en algún momento del mismo.
En el caso de Gran Hermano separando los aprovechamientos mediáticos cuestionables como el de los presidentes, de la República y de Caracol, llama la atención un detalle que es sintomático de los realities nacionales: el alto nivel de intolerancia, mala saña, acidez y purulencia de los comentarios del público. Y esto obviamente aunque atañe a disciplinas como la sociología, la psiquiatria, la antropología, no es materia ajena, cómo va a serlo, a la comunicación y a la responsabilidad social que le compete a los productores en tanto la televisión es un medio de información, educación y entretenimiento en que las implicaciones socioculturales no son gratuitas ni transferibles.
Es claro que el caso de Gran Hermano reveló con mayor precisión esa pobreza espiritual que cargamos los colombianos debido al conflicto social y a la pululante inversión de valores y que en otros espacios televisivos, como los noticieros (quién lo diría) es evidente.
Por este camino llegamos a la consideración del aporte que los realities le hacen a la formación de una cultura televisiva madura e interactiva. Sin duda alguna, las recientes demostraciones como La isla de los famos.o.s. y Desafío 20 - 04 son un ejemplo interesante e inquietante a la vez, de las posibilidades que tienen los colombianos de construir héroes propios con los cuales se puedan no sólo identificar sino, lo más importante, emular y replicar. Cierto que no es este precisamente uno de los métodos más idóneos o perseguibles para la construcción de una identidad nacional a prueba de modelos fóraneos, pero tampoco es pieza digna de ser ignorada. Los colombianos invertimos gran parte de nuestro limitado y maltrecho tiempo de ocio en ver televisión. Los contenidos televisivos con el paso de los años se han convertido en motivo de las conversaciones sociales a todo nivel. Quién no recuerda la envolvente emisión de Café aroma de mujer que paralizó a todo el país desde la casa de gobierno hasta los tristes rincones de algún lugar de las montañas colombianas.
Las figuras de María Cecilia, Lucas, Iván René, Juan Carlos, Marlon, Isabela, Mónica y Paula Andrea pese a ser figuras bien reconocidas – unas más que otras en verdad – antes de su participación en los realities, terminaron por ser reinventadas por el público televidente que siguió sus peripecias gracias a la calidad técnica de las producciones, el adecuado manejo de las fluctuaciones dramáticas, la combinación de versátiles e impredecibles pruebas con la entrega denodada de los participantes, de manera tal que el interés se correspondía con la mostración de un espectáculo televisivo ameno de sobrada competitividad.
Sin duda, el grado de identificación primario tiene que ver con la naturaleza misma de estos formatos en particular: sobrevivir en condiciones difíciles en las que se pone a prueba la capacidad de inventiva y convivencia. Y en este sentido quizás resultó más impactante desde el punto de vista del rigor, el reality de RCN que el de Caracol. Sin embargo, en este último se dio la azarosa circunstancia de que el ‘libreto’ de los participantes se engranó con el que cualquier productor soñaría construir.
Los realities actualmente en cartelera, Protagonistas de Novela 3 y La Granja Tolima son tan diferentes en sus resultados y posibilidades que se asimilan perfectamente al concepto de productos de la casa.
El reality de RCN destaca por su preciso formato en el que el público sí juega un papel decisivo aunque como ya sabemos no siempre feliz (recordar caso Jaider Villa o el mismo Felipe, en sentidos contrarios, por supuesto), pero que es de indudable importancia. Esa falibilidad del juicio del público se evidencia más desde que el canal en una decisión de alcance recortado, introdujo la presentación de los mensajes de la teleaudiencia, permitiendo que se despliegue ese panorama triste de intolerancia y falta de solidaridad muy consustancial a la idiosincracia colombiana. Y decimos de recortado alcance porque lo interesante sería que los habitantes de la Casa Estudio recibieran esos mensajes y tuviesen incluso posibilidad de responderlos, a ver si se atempera la situación. Queda eso sí en suspenso la duda porque viendo los virulentos e inmaduros Cara a Cara, no sabemos qué tanta civilidad puedan llevar los participantes a este público fanático y ansioso de ver caer al precio que sea a quienes no aprecia, en lugar de estimular proactivamente a quienes son de sus afectos.
Vale citar aquí el caso de Operación Triunfo en España donde al finalizar cada gala (en la que se someten, en directo, al cuádruple juicio de sus maestros, un jurado, el público asistente y el que a través de llamadas vota su permanencia o no en la academia), los participantes reciben y responden en directo mensajes de sus seguidores. Se destaca no sólo la buena energía que envía el público sino la manera como los participantes se interrelacionan en un juego de camaradería, competencia sana y diversión. Por supuesto, hay conflictos, discusiones, encontronazos pero la manera como se afrontan no sólo pasa por el criterio formador de los maestros sino por la misma actitud tolerante de los participantes.
Emotiva e importante la presencia de actores de la talla de Alejandra Borrero, Julio Sánchez Goccaro y ahora, Humberto Dorado, con ellos se convalida el aprendizaje de estos jóvenes dispuestos a exponer el pellejo más allá de cualquier otra consideración. En general, la producción de Protagonistas de Novela 3 es impecable y por esa razón es que merece ser visto, cierto que no siempre es agradable hacerlo pero eso no tiene que ver tanto con el formato como con la personalidad de los participantes.
Al otro extremo, en todo sentido, se halla La Granja Tolima de Caracol. Pese a contar con el expediente repetido de encerrar a personajes conocidos en una finca en el valle tolimense, este reality cautiva ante todo por su escenario poco común y nada más. Lo cierto es que las pruebas hasta el momento no son suficientemente interesantes. Con contadas excepciones, como las de la marcada y la arriada del ganado o la columna de pacas de heno, las pruebas han pecado de sosas y hasta, lo peor para un reality, predecibles. Eso sin contar con las pruebas de los duelos de rivales que ya agotaron su posibilidad de encantamiento por puro desgaste. Y extraña esta actitud creativa del equipo de realities de Caracol que se dio la pela, y con qué nivel, en el Desafío 20 - 04, porque La Granja Tolima les está quedando grande. El asunto empezó a notarse desde los primeros episodios en que el equipo ganador de las pruebas tenía que exponer a uno de sus miembros en el Duelo. La situación fue corregida a tiempo y ahora vemos como los perdedores se eliminan entre ellos como dicta la fórmula. Pero qué pasa con el resto, el inmenso resto, del programa.
Se les abona con todo el esfuerzo ‘pedagógico’ de los realizadores por otorgarle el reconocimiento que se merecen a las gentes del campo, notable en especial en las intervenciones emotivas y tranquilas de Alejandro Martínez que por cierto no desentona para nada con los antecedentes de una Margarita Rosa inatajable y un Víctor Mallarino agudo en la jugada dramática y hasta humorística cuando se precisaba. Quisiéramos decir lo mismo de Paula Jaramillo pero la sentimos distante y demasiado citadina para nuestro gusto que a la final es apenas eso, nuestra opinión respetuosa pero crítica.
Aún tendremos que ver más riesgos tomados por parte de los productores, pero sin duda lo que sí es definitivo es que va siendo hora de que baje esta fiebre ‘realística’ y se exploren otros formatos en los que la Realidad tenga cabida (destacando casos como la reciente emisión del documental sobre los quince años de la trágica desaparición de Luis Carlos Galán S. o del especial Juanes Íntimo, o el Homenaje a los cincuenta años de la televisión). Hay mucho más que dramatizados (incluso en estos se extraña la producción de series en diversos géneros), noticieros y realities. No hay que perder de vista que por más globalizado que esté el mercado, es el sentido de lo propio lo que le ha brindado los mayores éxitos a nuestra televisión a nivel mundial.
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