Desde hace unas ediciones EO viene hablando del tema del cine en la pantalla menor. Y ha llegado el momento de explorar con más detenimiento el tema que por su importancia artística así lo exige, ya que los canales a veces parecieran olvidar que el séptimo arte es además de una industria una poderosa arma de expresión artística.
Con todo respeto la referencia inicial es de Federico Fellini quien decía que el cine en televisión era un adefesio insoportable con tanto corte a comerciales, el recorte que se hace del encuadre para ajustarse al aspecto casi cuadrado de la tele y las infaltables mutilaciones por gracia de la censura. El afamado y respetado cinesta italiano abogaba por una televisión en la que la emisión de películas fuese lo más parecido posible al cine.
Por supuesto, en cada tema humano, todo extremo es cuestionable por principio. Y en el caso de la televisión hay que aceptar de entrada que su naturaleza efímera y veloz implica que los productos difundidos pasen por cierto proceso de digamos, ‘naturalización’. Es el caso del fútbol que en los setentas se veía a pedazos porque los comerciales sobreimpuestos no existían. Luego cuando la tecnología lo hizo posible, la comercialización de los partidos terminó por convertirse en uno de los más poderosos bastiones de los departamentos del ramo en los canales. Así las cosas hoy en día ver un partido de fútbol es estar dispuesto a un 50/50, mitad deporte, mitad mercadeo y sin posibilidad de llamar a un amigo a ver si lo invita a uno a preferencial numerada.
En cuanto al cine hay varios elementos. En primer lugar, como última ventana de exhibición, la televisión abierta sólo puede emitir películas que hace dos o tres años pasaron por la primera ventana que son los teatros, además la mayoría de estas películas son de producción norteamericana por lo cual la oferta audiovisual es muy restringida en términos de mostrar cine de todo el mundo.
Este problema de la distribución no es por supuesto exclusivo de la televisión colombiana: es un mal universal. Y decimos mal porque no hay otra forma de denominar al monopolio cultural que el cine norteamericano pretende, y logra, ejercer sobre las industrias culturales del resto de los países. Por si fuera poco, la calidad del cine estadounidense, analizado por su misma crítica, está en una profunda crisis de carácter decadente. De allí la fuerza que ha tomado en los últimos años, el llamado cine independiente que en el caso particular de Estados Unidos ha movido a las celebridades hollywoodense a mover sus fichas respaldando proyectos de realizadores anónimos e interioristas que buscan contar sus historias.
El cine independiente se ha aliado con una corriente de resistencia mundial (de otra forma no puede denominarse este esfuerzo quijotesco y noble) liderada por los cine clubes y los cinéfilos defensores de esa figura extraña del ‘cine arte’. Por esa vía, el Canal Caracol creó bajo la dirección de Bernardo Hoyos y Diana Rico, el espacio Cine Arte, que se emite allá en la frontera de la noche de viernes y sábados y que a fuerza de terquedad de sus realizadores y un pequeño pero fiel teleaudiencia sobrevive en la novelada parrilla de programación del canal.
El acierto de Cine Arte está más que nada en la persistencia de un formato que en sus inicios recibió muchas críticas y que ahora termina por ser el mejor camino para promover la formación, incompleta en su riesgo a veces, de público. Y es que a veces se nota demasiado esa cultura general que autoriza al comentarista a no preparar el material complementario y confiar en su sola buena memoria. Ocurre entonces que se den informaciones inexactas, se creen expectativas que nunca se satisfacen, y en general, se le de gusto a ese sector de la crítica que apalea a los presentadores por lucir ‘muy sobraditos’.
Otro acierto del espacio es que si bien se insiste mucho en el contenido, también se alude a los vericuetos formales que son justamente la contraparte del proceso creativo del cine. Además el hecho de haber presentado cintas tan extremas como la anómala y perniciosa ‘Audición’, la deliciosa ‘Amelié’, la turbia ‘Felicidad’ pasando por otras más taquilleras y comerciales sin perder ese tono independentista, que más que una cualidad es una excusa para distinguirlo del puro hecho hollywoodense, habla bien de la alternativa que representa para los televidentes esta propuesta.
El lado flaco del asunto que ha venido en las últimas emisiones mostrando una franca remisión es el de las autopromociones. Después de muchas quejas por parte del público, Cine Arte emite las películas sin sobreimposiciones. Un atributo para el reconocimiento. Habrá que confiar en que se conserve.
Por los lados de RCN Televisión el tema ha sido enfocado con esfuerzos dispersos. Durante una breve temporada, los días sábado el canal creó un espacio de ‘Cine Independiente’ que arrancó muy bien y terminó pasando un ciclo de cine gore y luego una serie alemana que de cine poco. Más televisión. Se abona el que fuese un material de naturaleza diferente al producto convencional al que nos tiene acostumbrados los norteamericanos, pero no se cumplió el propósito.
De cuando en cuando RCN emite películas que pueden calificarse de no comerciales pero lo hace sin publicitarlas, en diferentes días y horarios y sin continuidad. Recientemente, y de manera muy acertada, el canal estuvo emitiendo un ciclo de películas francesas e italianas con subtítulos y sin autopautas. Desafortunadamente, estos esfuerzos se pierden al estar descontextualizados de una política clara de formación. Es decir, es claro que los canales privados se ven obligados por el mercado a emitir en sus horarios privilegiados las películas comerciales acostumbradas. Lo hacen además de manera repetitiva como se usa en los canales especializados. Sin embargo, es importante que se estimule y propicie el desarrollo de espacios y franjas en las que se pueda apreciar otros tipos de cinematografías.
Como producto audiovisual de compleja elaboración técnica y artística, el cine requiere un tratamiento diferencial. Una de las maneras en que la televisión podría contribuir al desarrollo del cine nacional es justamente favoreciendo la emisión del cine que supera las expectativas meramente comerciales, sin olvidar esa necesidad, y que permite asomarse a universos expresivos diversos, ricos y amenos. Quizás no sea posible compensar, además no es una tarea que competa a la televisión, la desbalanceada oferta que se encuentra en las salas de cine, pero en la medida en que la tecnología del video ha empezado a transformar la del cine posibilitando que nuevos realizadores exploren el lenguaje, de manera que la televisión entre a jugar como pantalla alternativa de exhibición cuando la distribución les cierra las puertas.
Por lo pronto, es indispensable que los programadores evalúen los resultados de emitir ciertas películas violentas en horarios familiares, sobretodo teniendo en cuenta que en ese mismo mercado internacional hay películas no sólo con contenidos más propositivos sino igual o más comerciales. No es posible sostener como válida la emisión de una cinta tan violenta como ‘Duro de matar 3: la venganza’ un festivo en horas de la tarde y en la noche al filo de las nueve, ‘ET: el extraterrestre’. Hay algo que no encaja y la teleaudiencia espera respuestas concretas y positivas.
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