El final aparatoso de La Granja Tolima
Si hay algo que un diseñador de producción no puede dejar pasar, es que la improvisación es un logro, no un accidente. Es decir, que debe planificar cada elemento, contemplar cada variable, ensayar las distintas opciones, definir cada momento… de manera tal que cuando algo falle, pueda improvisar con suficiencia y conocimiento. Y si se trata de emisión en vivo con mayor razón. Lo sucedido en la esperada final del reality de Caracol es imperdonable. O para tomarlo proactivamente, es aleccionador. Insistir en que el primer duelo no fue empate ya no sirve de nada, sólo muestra la vulnerabilidad del formato. Y en cuanto al segundo y definitivo duelo, ni hablar. En el momento en que se rompió la tabla de Alejandro se debió suspender la prueba, y si como al parecer a nadie se le ocurrió que era aconsejable contar con una de repuesto, entonces lo lógico era haber dejado que cada competidor hiciera su ejercicio de cinco minutos por separado en el mismo bastidor. El público en vivo es un monstruo peligroso, eso también lo debe saber, o al menos, presentir, un diseñador de producción. Y Alejandro, qué pena, mano… con lo decente que parecías.
Usted si la embarrastes
Cosa maluca la que está sucediendo con ‘La saga’ que tan buen arranque tuvo pero que en esta nueva etapa está acusando serias inconsistencias formales y narrativas. Porque eso de que los personajes en un mismo diálogo pasen del tratamiento de usted al de tú no se puede soportar. Además si bien no se espera el preciosismo histórico, sí cabe el acierto de respetar un acuerdo verbal que existía en los setentas cuando la gente se trataba con el formal usted así se llevaran 30 años de casados. No se sabe si es problema de libretos (lo dudamos), del director (lo cambiaron y ni idea de por qué) o si son los actores que exigen independencia y terminan por darnos una perspectiva de difícil seguimiento por lo inverosímil y distanciadora.
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