La partida de uno de los buenos
Cae como patada al estómago la muerte del actor pereirano, Luis Fernando Ardila, en espantosos hechos acaecidos en Bogotá este miércoles pasado. El prolífico actor se había dado a conocer a inicios de los ochenta formando parte de ese divertido combo de Pequeños Gigantes, incursionando en el canto con sus propias composiciones con un estilo muy de canción social y protagonizando una novela de singular desarrollo, Flor de fango, basada en la novela homónima de José María Vargas Vila, cuando la narrativa nacional pescaba historias en la tradición literaria haciendo excelentes adaptaciones, la mayoría de las veces, que capturaban la sintonía.
La carrera de Luis Fernando se movió siempre en el terreno de los coprotagónicos y más específicamente de los antagónicos, conservando siempre un estilo impecable, aguerrido y de peso. Cierto que no llegó a coronar un personaje arquetípico pero a veces puede más la consistencia que la efervescencia. Y esa era la señal motriz del trabajo del actor. Es de recordar el rol complejo y malévolo que se jugó en La madre, al lado de ese pequeño duende rojo que es Nicolás Montero. Y más recientemente, formó parte de ese frustrado proyecto de Carolina Sabino y Juan Pablo Posada, Me amarás bajo la lluvia, compartiendo escena con la versátil Florina Lemaitre.
EO lamenta profundamente la desaparición de este serio y profesional actor, quien fue vilmente asesinado al salir del teatro La Baranda, donde actuaba al lado de Luis Fernando Roldán en la obra ‘Las canciones más lindas del mundo’.
La otra mirada
Interesante la lectura crítica que de la realidad de los medios noticiosos televisivos plantea el periodista de Noticias UNO, Ignacio Gómez, en reciente entrevista en el conversatorio regional de Abre Palabra, en Telecafé. Gómez califica el papel de los noticieros de los canales privados, RCN y Caracol, como visiones uniformes de igual contenido y enfoque en las que sólo cambian los presentadores y los cabezotes (presentaciones de identificación). Así las cosas, el trabajo del periodismo independiente que se viene desarrollando en el moribundo Canal Uno, se convierte no en una tercera opción sino en la segunda.
Insiste Gómez, quien se ha especializado en el campo investigativo en una contemporánea línea de periodismo cruza – fronteras, en recuperar para el análisis el sentido real que puedan tener para el público televidente, las nucleares secciones de farándula, cuando al ofrecerse la posibilidad de otros contenidos como en el caso de Noticias Uno que creó el espacio ‘¿Qué tal esto?’, se está recibiendo una respuesta muy favorable. Además se pone en tela de juicio, o al menos, se cuestiona, la responsabilidad que pueda tener la Comisión Nacional de Televisión en la identificación de las fallas en la señal de los canales públicos nacionales que se deteriora, sin causa justificada, día a día.
EO ya había advertido sobre los inconvenientes que tienen muchos colombianos para disfrutar de la televisión nacional cuando no se cuenta con la posibilidad de afiliarse a un servicio de cable o satélite. Sin perder de vista, los problemas de comercialización que encuentran los programadores pequeños al repartirse toda la torta publicitaria entre los canales privados y sus empresas.
Opiniones juiciosas y comprometidas como las de Ignacio Gómez son importantes en la medida en que muestran las otras miradas sobre una problemática compleja que jamás se agotará en el ejercicio televisivo de los canales privados.
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