domingo, marzo 20, 2005

El salto generacional convertido en caída… mortal?

Quienes siguen con asuidad la exitosa telenovela de Caracol, La saga: negocio de familia, tienen opiniones encontradas acerca de las bondades del reparto que asumió la semana pasada el último salto generacional en la historia. La única certeza sigue estando en la presencia escénica de Diego Cadavid. Ahí no hay discusión posible: el muchachito terminó dándole sopa y seco a todos, los consagrados y los noveles.

Las dudas renacen cuando la figura protagónica es asumida por Frank Ramírez quien ya ha demostrado con lujo de detalles la brevedad de sus recursos. Continúan con Patricia Ércole quien adolece de males parecidos: siempre la misma interpretación. Se esparcen con una Ana Bolena Meza ajena y extraña a sus cualidades, mostradas con suficiencia en Ángel de la Guarda, mi dulce compañía, tratando de reproducir las ideas de Catalina Aristizábal quien en su corta aparición logró mantener templadas las cuerdas dejadas por Flora Martínez, Katerine Vélez e Isabella Santodomingo. Y terminan por colapsar en esa amalgama de personajes de reparto secundario en la que hasta Fernando Solórzano patina.

El asunto es complejo porque jugándosela toda en su estilo oscuro y turbio, La saga ha logrado poner en la balanza dramática un paisaje de personajes inolvidables, aunque sin eludir desaciertos impasables. Surgen entonces las preguntas: ¿Dónde está Robinson Díaz? ¿Qué tal si los roles de Pedro Manrique, el viejo y Manuel Manrique, el otro viejo, los hubiese interpretado ese gran actor que es Armando Gutiérrez (Teo)? ¿Qué es ese embeleco de la brujería en una historia que tiene su propia lógica narrativa?

Será aguantar y confiar en un desenlace que haga honor al sello natural de la historia, en buen momento, escrita por Dago García y sus Paulas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario