jueves, marzo 03, 2005

Sobrenotas

Los misterios se aclaran
Hemos tenido oportunidad de seguir con cierta frecuencia, los desarrollos de la serie Séptima Puerta (Canal Caracol), que se adentra en el género del thriller de misterio en la onda impuesta por Chris Carter, creador y productor de Archivos X y Millenium, entre otras, al igual que James Cameron con su experimento fallido pero interesante de Dark Angel, con la preciosa Jessica Alba. En un comienzo la serie patinaba en un estilo impreciso e inverosímil. Bastantes agujeros en la estructura básica. Personajes principales sin fuerza. Ahora no es que el asunto haya cambiado notoriamente pero es innegable que hay cambios positivos.

El más importante de todos se está dando en el plano visual, sin duda alguna parte del secreto de una serie de este tipo. Manejo de angulaciones en clave de caracterización y tensión dramática. Tratamiento de la imagen en cortinillas para introducir escenas. Acortamiento del espacio y el tiempo por efectos de edición (fasmo — de fast motion — cámara rápida). Un mayor cuidado en la iluminación. Aunque hace falta ir más allá. La luz también narra y es evidente que en una serie de misterio no puede ser igual su manejo, que en una telenovela o en un reality.

Se está sugiriendo ya un lazo más emocional y afectivo entre los protagonistas (en la perspectiva de Mulder y Scully, o Max y Michael [Sólo Ojos] ), lo cual es un buen gancho si se maneja con estilo y profundidad. Sin embargo, en ese sentido los libretos aun no reflejan un estilo narrativo que selle la historia y le de identidad. Los diálogos no tienen la fuerza suficiente. Así como se están corriendo riesgos en el montaje (y en el plano musical con una banda sonora más ajustada y personal), hay que asumirlos en el sub – relato de las líneas de los personajes y en la misma puesta en escena porque por momentos no hay peso dramático verosímil. Acá se trata obviamente de capturar la atención de cierta audiencia a la que si le cuentan bien la historia, no extraña que no sea ni en cine ni en inglés. La asume como propia. Y funciona. Baste recordar Caso Juzgado en los años setenta, Suspenso 7:30 en los ochenta o La otra mitad del sol en los noventa, para saber que sí se pueden hacer series de culto.

¿Qué está cocinando D’artagnan?
Revuelo del bueno, de ese que sólo él sabe levantar, provocó el anuncio de un nuevo espacio en el Canal Uno: con el pretexto del gusto por la buena comida, Roberto Posada (el siempre polémico columnista de El Tiempo) entrevista a figuras del corrillo nacional de la política y temas conexos.

Y lo que sorprende y llama la atención, al menos para quienes nos resistimos a esas veleidades del zoológico político nacional [para no insistir en la visión crítica que nos asalta al reflexionar sobre los destinos del país, asunto que de todos modos no es el de EO y que por respeto a nuestros lectores no enunciamos], es la factura técnica del programa: buena fotografía, adecuado y agradable diseño escenográfico, clara y visible presentación tanto de los ingredientes como de su preparación en momentos precisos y sin afectar el discurso narrativo fundamental que es la entrevista.

Por supuesto, es de esperar que Posada atine a conversar no sólo con personalidades que acoliten su discurso, sino con todos aquellos, incluso los opositores, que con sus trayectorias e idearios políticos luchan por propiciar un debate constructivo que no rehuya el conflicto, para abrir espacios de reflexión a ver si nos entendemos, al menos en parte y por partes.

Hay que celebrar la llegada de esta nueva alternativa que atiende a audiencias necesitadas de variedad. Así que por tarde que sea la cena… a disfrutar buena cocina con buena lengua – la de entrevistado y anfitrión, por algo para ciertos gustos no hay disgustos.

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