Una vez más asistimos a la entrega de los premios Oscar, gracias — y no tantas —a la transmisión del Canal RCN con la secreta esperanza de que este año por fin sí. No se trata por supuesto de que tuviésemos a Colombia en la paleta de candidatas a una estatuilla. Era bastante obvio que la talentosa Catalina Sandino no debía ganarse tan de madrugada un galardón que genera una alta carga de expectativas cuando apenas se está llegando. Y no porque no tuviese el mérito (eso es algo que el mismo Hollywood se encargó de dejar en claro desde la sola nominación); es que la competencia era de mucho peso. Y aquí sí que vale la metáfora porque Hillary Swank les ganó a todas por la vía rápida del knock out. La que debe estar bien triste es Annette Benning: otra vez, Hilly?
No, no se trata de el Oscar de Catalina. Se trata del Oso de los Sánchez Padre, Hijo y Nieto, la familia Jes, con su hija adoptiva, María Clara Gracia. Y es que ya son 35 años de los que se hace mucho alarde, pero que en el balance pareciera apenas el comienzo. En honor a la verdad, el joven Emilio Sánchez salió casi bien librado, hasta que soltó una perla única al devolver las gracias que María Clara le daba (¿Por qué? ¿Acaso estaba allí por casualidad? Tal vez, sí.): «No de nada, María Clara, es con mucho gusto… cuando se le ofrezca”. Y en cuanto a Don Julio está ya por encima del bien y del mal; a él se le perdona cualquier traspies… que juiciosamente siempre tiene.
Transmitir en vivo y en directo es no equivocarse jamás. Claro, no siempre puede evitarse una falla, un accidente técnico, un auténtico imprevisto. Lo que sí puede y debe a toda costa evitarse es hablar cuando no toca a sabiendas de que los micrófonos están abiertos. No ha habido año en que la transmisión no se vea empañada por esos ripios del oficio. Pareciera ya un detalle de marca. Y también nos parece que no hay excusa. «Es que hay mucha presión». «Dependemos de otros». Eso no es problema del espectador. Es parte del juego enorme de transmitir un evento de esa magnitud. Un dato clarificador: la transmisión de los Oscar es uno de los espectáculos televisivos más vistos en el mundo y uno de los mejor producidos, por algo se toman cinco meses de pre – producción.
Y claro, está el asunto de la comercialización. Es apenas entendible que un programa de este tipo sea sumamente costoso para los niveles de producción nacional. Esto implica vender pauta, lo más que se pueda, para ayudar a cubrir la inversión, obtener beneficios y mantener la franquicia. Además, cualquier anunciante sabe lo importante que es esa vitrina. Y por un breve instante, creímos ingenuamente que por fin este año habían dado con la clave para no entorpecer la narración eje: banners de publicidad sin sonido. Excelente. El tipo de audiencia Oscar se mueve rápido con esta estrategia: la siente suya. La dicha se acabó cuando al inicio del primer tema musical interpretado por la bella Beyonce (Knowles), escuchamos a la carrera, saltando matones diría la abuela, la voz de María Clara asaltando la pista con el anuncio de turno. Patético. Hasta se notaba lo incómoda y encartada que estaba. El problema no es de los presentadores, no siempre. Es el diseño de la producción.
Incluso es posible, dado que es necesario, ubicar las pautas en ciertos momentos, nunca sobre los temas musicales (como cuando hace algunos años, varios bailarines — entre los que estaba Joaquín Cortés — presentaron las cinco bandas sonoras nominadas y otra vez nos tocó soportar no se sabe qué publicidad). Aunque nos parece que la mejor estrategia es la de la publicidad sin texto sonoro. O quizás con una breve frase, impactante y en la línea de ritmo de la misma transmisión.
Se rescata este año, la intención de permitir al espectador escuchar el idioma original y traducir poco. En este sentido, Jaime Sánchez lo hizo mejor que sus compañeros de vuelo. También vale destacar que este año no se incurrió en el vicio de contar los detalles de la películas nominadas, que por lo general no se han estrenado en el país en el momento de la entrega de los premios.
Y aunque no pertenece al referente de producción nacional, sí anotamos algunos datos sobre la transmisión original. Bien por Chris Rock que en su primera vez como anfitrión supo compensar las ausencias estimadas de Billy Crystal, Whoopie Goldberg o Steve Martin. Una vez más, Hollywood equilibrando cargas con la comunidad afroamericana. Excelente el manejo del tiempo. Precisión y eficacia narrativa. Mejor la idea de los sub – escenarios con la entrega de algunas categorías que en años anteriores se muestran como por salir del paso. Interesante lo de los balcones con las familias de algunos premiados porque expandió el foro y permitió apreciar en otro nivel la belleza del Teatro Kodak. Maravillosa Beyonce. Insufrible Toño Banderas, pero se la jugó. Santana en lo suyo. Insuperable Yo-Yo Ma. Bellas las palabras del maestro Sidney Lumet, Y por supuesto, en su punto de cocción, los discursos de aceptación de Morgan Freeman, Hillary Swank, Jamie Foxx (que sacudió las butacas) y ese viejo zorro, Clint Eastwood. Y nada, qué tristeza lo de Martin Scorsese, pese a que El aviador no es una sus mejores obras ya es hora de que la Academia reconozca lo que todo el mundo sabe: Scorsese es uno de los directores de cine más importantes de todos los tiempos.
Lamentable eso sí que casi no le dieran cámara a nuestra Catalina pero era de esperarse, sin embargo en los breves instantes que la vimos, estaba bellísima con esa serenidad de miedo que ostenta. Hermosa Charlize Theron. Buena llave la de Penélope y Salma, las bellas bandidas. Y estupendo los Oscar a Iberoamérica con Mejor Película Extranjera para Mar Adentro de Alejandro Amenábar, el genial director chileno – español, y Mejor Canción Original para Al otro lado del río del uruguayo Jorge Drexler, de la película Diarios de Motocicleta de Walter Salles y protagonizada por ese talento inagotable que es Gael García Bernal.
Esperaremos hasta el año próximo, la entrega 78 de los Oscar a ver si por fin, por fin, celebramos una exitosa transmisión. Les deseamos a los productores la mejor de las suertes y por ahora, no sobra para nada, agradecemos sus esfuerzos por dejarnos ser testigos de ese irrepetible y singular momento en que se vio y escuchó la intrepretación de una joven colombiana que se resiste, sensata ella, a creer lo que le está sucediendo.
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