Estoy aquí a solas en un tiempo inexistente.
He seguido la ruta a golpes de viento.
Tantos pasos dados y ese aroma extraño en mis labios.
La oscuridad se enreda en mis dedos dibujando un soliloquio.
Tres notas en fugaz disonancia escapan por mi ojo.
Las olas regresan sin sal.
Esa antigua marea recita sus bramidos en resol.
Y bajo el cielo violáceo, gaviotas sordas encienden la playa vacía.
Dos figuras cimbreantes emergen al fondo de todo.
Caminan marcando la arena con miles de destellos.
Sombras de agua, latidos de caracola.
Un fuego arde gritando.
Las hojas desnudas de savia alardean su verdor.
Un surtidor de insectos azota la piel del tronco.
En círculo de rocas la falda abierta y el libro susurra.
Ese sendero atraviesa la tarde y llega a Martes.
Tierra oscura y húmeda molida entre los pies.
Un capa de hierba suave reclinada en la colina.
Apenas un secreto es suficiente contienda.
Hay arreboles de lluvia crepitando en las puertas.
En pocos ladridos estallarán tormentas.
Está la noche sin noche.
Espero al día sin día.
Hay rumor de atardeceres en cielos miradores.
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