jueves, agosto 04, 2022

La Hija Oscura, Maggie GYLLENHAAL

Lista la Mirada La Hija Oscura (The Lost Daughter), Maggie Gyllenhaal, 2021. Es cierto que no tiene más que tres nominaciones y que ha ganado algunos premios. Es cierto que difícilmente la veremos en una sala de cine. Es cierto que es lenta, contemplativa, solitaria, agobiante, incluso. Es cierto que no es tendencia. Todo eso es cierto y seguramente hay más prevenidos que no atajo. ¿Por qué hablar de ella entonces?
 
La respuesta es simple: es una peli debida, necesaria, urgente, me atrevo a soltar. Es una peli que vale la pena dejar entrar en la vida.
 
No por nada esas tres nominaciones a los premios Oscar son para su guionista (a la vez, directora), su protagonista y su actriz de reparto. Y es que su narrativa, interpretación y coherencia dramática son poderosas, firmes, implacables.

La fuente originaria es la novela del mismo nombre de Elena Ferrante, autora italiana de la que poco se sabe, mucho se lee y otro tanto más se especula. Debo hacer un guiño reco a la serie de HBO Italia, Mi Brillante Amiga, que pronto estrena su tercera temporada. Si pueden, cometan la aventura de vivirla. Y si además, pueden leer a Ferrante, mejor todavía.

El tema de La Hija Oscura es tabú, se puede evocar sin darle cuerda al espóiler: la maternidad no es un atributo indispensable o absoluto para muchas mujeres. No es precisamente un asunto del determinismo biológico, o de designio divino o de la función social que se le dé en cada sociedad. Acá se podría trazar una línea de esas de tiza y decir entonces que esta es una peli feminista. El feminismo tiene tantas formas de presentarse que sin duda, esta podría ser una de esas. No como pancarta de alguna idea, sino como declaración de un pendiente temático que nos alude a todos, pero que es puramente de las mujeres. Solo ellas pueden comprender las dimensiones profundas y retadoras que suscita la maternidad o su ausencia.

Quizás eso explique el porqué Ferrante aprobaba la adaptación si quien la dirigiera fuese una mujer. Así llega Gyllenhaal no solo para asumir la dirección, sino también para escribir el guion. La novel directora es conocida entre los moviegoers por su papel de reemplazo de Katie Holmes como Rachel Dawes en El Caballero de la Noche (2008). O por ser la hermana de Jake Gyllenhaal, con quien ha trabajado en varias pelis. Lo que pocos saben es de su formación profesional en Literatura Inglesa de la Universidad de Columbia. Y que sus padres son ambos cineastas por lo que creció en la atmosfera de la cámara y la pantalla. En su primer largo el asunto va a más porque Gyllenhaal no solo contará con sus dos actrices principales como cocreadoras de ese universo estrecho con el océano de testigo.

El trabajo preciso e interesado de la directora en la cuidadosa construcción de su personaje central, Leda Caruso, se halla respaldado de modo sólido por la cercana visión de su cinematografista, Hélène Louvart [La Vida Invisible, 2019] con más de 128 pelis bajo su mirada. La composición se establece en modo observacional que permite contemplar al detalle (valga el doble juego) la contemplación de Leda sobre todo lo que la rodea. Tomando nota de cada movimiento y acción de los otros, esos ajenos que no le interesan mucho. ¿Habrá una mirada espejo? Hay que estar con ella para descubrirlo. Es la relación con el otro algo que interesa profundamente a Gyllenhaal, quien en alguna parte expresó su gusto por esta posibilidad del lenguaje cinematográfico, más que por la misma narración.

Esta Leda Caruso es encarnada por Olivia Colman conocida por su estupenda interpretación de la reina Isabel II en la exitosa serie The Crown. Y además, por haber ganado un Oscar a nombre de Anne, otra reina, en La Favorita (2018). Y seguro, algunos la recuerdan por su insoportable y espléndido paso por Fleabag (otro guiño reco). Es complejo y difícil estar en la piel de un personaje que no necesariamente despierte la simpatía del espectador. El caso es que Colman conoce bien sus capacidades y recursos para lograrlo. Y la ayuda mucho el que Leda se encuentre en un escenario donde es una extraña.

Y acá viene un rasgo genuinamente importante en la peli: podemos conocer a Leda en su génesis existencial asumida hasta la raíz por Jessie Buckley. La actriz resulta familiar para quienes sufrieron en carne propia ese golpe brutal que es Chernobyl, Craig Mazin, 2019. La irlandesa es toda ella una inmensa artista que se destaca no solo por su talento actoral, sino por ser una cantante de peso y vuelo e intérprete de piano, clarinete y arpa. Déjanos algo, Jess, por fa. Leda Caruso se nos hace más tangible y enigmática en la visceral y diáfana interpretación de Buckley quien no se guarda nada.

Vale mencionar la juiciosa labor de la diseñadora de producción, Inbal Weinberg, culpable de casos delicados como Suspiria, 2018, Tres Anuncios por un Crimen, 2017 y La Importancia de Ser Invisible, 2012, entre otras fechorías encantadoras. No se trata de que el paisaje ayude, esa sería una forma muy recortada de verlo… es cómo lo aprovecha en beneficio del relato y su densidad a ratos sofocante. El acople con la directora de arte, Monica Sallustio, nos deja una experiencia repleta de detalles concretos y auténticos que sostienen ineludiblemente la atmosfera.

Unidas al aire que todas ellas respiran van la música suave, discreta y a la vez, envolvente, de Dickon Hinchliffe [Peaky Blinders, Winter’s Bone] y la ajustada y naturalista edición de Affonso Gonçalves [Carol, Paterson, True Detective, Only Lovers Left Alive].

Sí, faltó tirar otra pita: Dakota Johnson (Nina)… deshilvanen ustedes, no se decepcionarán.





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