jueves, agosto 18, 2022

Miranda de Perfil: Kristen Stewart



Lista la Miranda de Perfil: Kristen Stewart. Desde su primer significativo saludo al encuadre en Panic Room, David Fincher, 2002, la angelina nacida en 1990 en un hogar de cine y televisión (sus padres John y Jules son los responsables) ha estado en el centro del escrutinio público por su estatus de celebridad, antes que por sus cualidades como actriz. Injusta pifia.

Hay mucho más que unas largas y torneadas piernas, un tórrido romance de celuloide y tabloide con su coestrella -el también despreciado- Robert Pattinson, el escándalo de su enredo de princesa con el director de Blancanieves y el Cazador, y su sobreexpuesta bisexualidad, Kristen Stewart es una sorprendente y fuerte actriz. Acá le haremos un miranda de perfil a dos de sus más recientes pelis: Spencer, Pablo Larraín, 2021 y Seberg, Benedict Andrews, 2019. Dos biopics singulares, distanciados y a la vez, curiosamente próximos por dentro y por fuera.


Las historias de dos mujeres famosas y controvertidas que sufrieron el acoso por el hecho de captar la atención con su belleza, acciones y declaraciones, en mundos y tiempos apartes y sin embargo, conectados por las realidades de la mujer de la segunda mitad del s20. Jean Seberg enamoró a medio planeta, y más, con Patricia, la joven apasionada vendedora del Herald Tribune en el París de Godard y Jean Paul Belmondo, retratado para la eternidad en el clásico de la Nueva Ola Francesa, Sin Aliento, 1960. Por su parte, Diana, la trágica princesa del pueblo, representó con su aparente fragilidad y vehemencia imparable la presencia de una mujer moderna encasillada en un mundo arcaico y tradicionalista.


Ambas mujeres atormentadas por el poder de versátil disfraz: la ilegal vigilancia por las oscuras razones de seguridad nacional o la normalización de la vigilancia infame perpetrada por la prensa sensacionalista, en esa versión turbia de los paparazzi. Y además de librar esa desigual batalla, tanto Jean como Diana, debieron luchar contra sus propios demonios internos que con cierta malévola sevicia las persiguieron sin piedad. Estas dualidades son exploradas atentamente en las dos películas. 


La manera en que Kristen Stewart asume la encarnación detallada de sus dos personajes es el reflejo de un profundo respeto por su profesión. La claridad y sobriedad de su interpretación permiten al espectador sumergirse en el universo íntimo y confuso de Jean y Diana, con todas sus complejidades y turbulencias. Una discreta calma que cada tanto se ve sacudida por la voracidad de ciertos momentos, definitivos en el corto y visceral recorrido que hacemos de sus vidas. 


Acá se percibe uno de los rasgos más personales de Stewart a lo largo de su carrera. La plasticidad elegante de sus performancias. Hay una densidad extraña, inasible, sustancial que impregna su presencia en el cuadro. Es así en su Joan Jett de The Runaways, Floria Sigismondi, 2010. Con otras texturas en Em Lewin de Adventureland, Greg Mottola, 2009. Y tocando nuevos cielos como Valentine en Las Nubes de Sils María, Olivier Assayas, 2014, al lado de la insuperable Juliette Binoche, y por la que recibió el César de la Academia Francesa a Mejor Actriz de Reparto, siendo así la primera actriz norteamericana en obtener tal reconocimiento.  


Sucede tanto en Seberg como en Spencer, que la obsesión narrativa de ambas películas se focaliza en una introspección actoral y fílmica necesaria para ahondar en las subjetividades de las protagonistas. Hasta ahí la única conexión conceptual porque en su devenir cada director establece sus movimientos de modo particular y diferente. El asunto es que esas miradas subjetivas exigen un compromiso actoral de elevada competencia: sostener y llevar el peso de lo que sucede en el interior de cada protagonista en recurrentes primeros planos, sin vías de escape ni artificios. Pasa o no. Se siente o no. Se vive o no. 


El primer plano es un tipo de encuadre que vemos muy seguido en el cine cuando se necesita narrar lo que piensa y siente el personaje. Lo que no es tan frecuente es ver a actrices y actores que logren ir más allá de lo evidente y obvio del cuadro. Bueno, Kristen Stewart es una de las que lo hace posible. Es lo que comparte con otras y otros grandes de la pantalla. 


Se trata de algo más que la caracterización a través del peinado, el maquillaje y el vestuario, o la voz con sus diversos acentos y alcances. Es un sello natural que poseen algunos y con el que logran traspasar la cámara de modo duradero.


Dejo para el final un tópico que seguro no me permitirán los lectores evadir. El caso Crepúsculo. Voy rápido. Como tantas actrices y actores de su generación, Stewart no ha conseguido escapar a las mieles amargas del Hollywood de crispetazo dorado. Y vaya que sí ha luchado por hacerlo. Su mediático papel como Bella Swan que muchos critican y señalan como plano, pálido y aburrido, se lo adjudico -luego de haber sufrido esas pelis (por aquella necesidad ética de no hablar de lo que no he visto)- no a la actriz, sino al personaje en sí mismo. Nada más patético que ese par de enamorados. ¡Y ahora que me abrasen las llamas! 


Trivia: Hace rato deseaba escribir sobre el trabajo de la infravalorada actriz, cuando vi Spencer (que le dio su primera nominación al Oscar como Mejor Actriz) y Seberg sentí que era el momento. Y por esas cosas que solo la diosa conoce, Kristen Stewart hace un papel sin crédito en la Irma Vep de Assayas que reseñé la semana pasada. KStew es una de las musas del atrevido director francés. Las pelis conversan entre sí.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario