Lista La Miranda Temática. La Guerra. El espejo colector de relatos no ha dejado de narrar la pesadilla más oscura que creamos los seres humanos desde siempre. El cine en sus albores cubrió de manera sublime, e interesada a la vez, ese panorama estéril donde todo pierde sentido y la Muerte se hace única.
El Acorazado Potemkin, 1925, del maestro Serguei Eisenstein, con los sucesos infames de las escalinatas de Odessa en la Rusia de 1905 como presagio de la revolución definitiva del s20: la instauración del primer estado comunista del mundo. Y del lado de acá, El Nacimiento de Una Nación, 1915, del también maestro David W. Griffith (de quien por cierto, Eisenstein desaprendió tanto), gigante ominoso que pone en la misma esfera dramática el asesinato de Lincoln y la creación del Ku Klux Klan, marca indeleble del racismo y la intolerancia de corte supremacista que pervive.
Al tiempo que ambas se elevan como emblemas cinematográficos de indudable y controversial importancia, dan cuenta del sino del s20: la lucha entre el capitalismo y el comunismo. Pugna que va a ser narrada por el cine en sus distintos escenarios y tiempos, con acerado interés desde el documental o bajo la mirada ficcional, hasta su aparatosa disolución a finales de los 90 con la caída de la Cortina de Hierro.
Pasa que en los 30 surge en Europa una corriente política que asciende veloz e imparablemente. El nazismo, tras su irónico disfraz de nacional-socialismo, encontrará en el cine -al igual que otros- un medio sustancial para esparcir sus hedores, en aroma de patriotismo, en la conciencia de los alemanes y de una Europa que atontada no logra descifrar de qué va todo esto.
Y justo un día como hoy, 1 de septiembre de 1939, hace ya 83 años, el ejército alemán invade Polonia dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, que en sus seis años de voracidad salvaje se lleva más de 50 millones de almas, sin dejar por fuera crímenes de lesa humanidad como el sistemático exterminio judío o el bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki.
La IIGM es el punto de quiebre de un siglo, en el que la humanidad entera se transformó y tocó los límites de su existencia en el planeta que carga con su magnífica y terrible presencia. Guerras fueron, guerras son, guerras serán. Y en todo ese desesperanzador encuadre, la guerra del 39-45, se recorta con singular importancia para permitirnos tratar de comprender el porqué. O al menos, que nos demos por enterados, más cuando en el mundo de hoy es posible encontrar narrativas negacionistas que pretenden que todo aquello no pasó en realidad.
Acá en LLM dejo las que por hoy considero 5 películas claves y necesarias para penetrar ese gran relato doloroso y de no repetible llamado. Aclaro que, como siempre, las listas son solo eso, listas de opciones puestas desde la propia experiencia y filtradas con el peso de la historia del cine. Sin duda, son muchas más pelis, así que invito a que en los comentarios dejen sus cinco indispensables.
Roma, Ciudad Abierta [Roma Città Aperta], Roberto Rosellini, 1945. Lanzado a las calles para contar la historia de la resistencia italiana, este relato bélico de suspenso y drama, es una de las semillas del Neorrealismo Italiano que beberá en el torrente del inconformismo (artístico, político, intelectual, existencial) para ser parte de un momento mayor con las vanguardias de la segunda mitad del siglo. A los italianos, les seguirán los franceses con su Nueva Ola Francesa, se sumarán los alemanes con el Nuevo Cine Alemán, y en sus devenires, algo de todo eso tocará otras cinematografías, incluidas las latinoamericanas.
El Cementerio de las Luciérnagas [Hotaru no haka], Isao Takahata, 1988. Setsuko y Seita, dos hermanos intentan sobrevivir en el Japón de 1945 bajo el bombardeo de los aliados. Esta peli de los Studios Ghibli no está firmada por el maestro Hayao Miyazaki, figura más reconocida del enérgico y maravilloso anime japonés, sino por su colega y cómplice Takahata, tardíamente rescatado en su exacta dimensión. Con su propia historia de vicisitudes fuera de cuadro, esta peli nos permite observar el horror de la guerra bajo la mirada de otros protagonistas, aquellos que cierta historia dio en llamar enemigos.
Dunkerque [Dunkirk], Christopher Nolan, 2017. Tratando uno de las inflexiones más significativas de la IIGM, la operación que permitió sacar a las tropas aliadas del asedio mortal de los alemanes en playas francesas, Nolan logra a través de un elaborado y genial manejo del tiempo (su eterna obsesión) narrar las historias de estos soldados en tierra, aire y agua. La fuerza de los hechos, la implacabilidad de las horas, la incertidumbre del después, el agobio espacial que quita la respiración. Una pieza maestra.
La Lista de Schindler [Schindler's List], Steven Spielberg, 1993. La infame historia del holocausto judío a manos del nazismo ha sido objeto de innumerables relatos en el cine. Ese inhumano cuadro ha sido fotografiado de diversas maneras y miradas. Esa lista, es otra lista. La película de Spielberg es considerada su obra mayor, aquella que cerró la discusión sobre el talento autoral del mago del crispetazo estilo Holly. Sin necesidad de caer en el moralismo del mea culpa occidental, cualquier cinéfilo debe ver esta cinta porque más allá de su discurso reivindicativo y heroicista, es un complejo, vasto y singular retrato de un momento salvaje e impensable logrado por el acertado conocimiento del lenguaje y poder del cine.
Trivia de cierre: Nuestro cine colombiano no ha dejado fuera de cuadro el horror de la guerra. Dejo acá también tres títulos que invito a visitar, si es acaso no los han vivido ya, cada uno en su propia clave de reto: Soñar no cuesta nada, Rodrigo Triana, 2006; El Páramo, Jaime Osorio Márquez, 2011; y la que considero una de las mejores de nuestra cosecha pos-ley de cine: Monos, Alejandro Landes, 2019. Esa peli vale todo por ver su plano final.






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